13 de febrero de 2015

Capítulo doce - Fresa con Chocolate.




Han pasado dos semanas desde esa noche. Dos semanas con cuatro días, para ser exacta. Días en que he estado bastante ocupada, y en que no he tenido que lidiar ningún problema. Drew ha estado yéndose más temprano a la universidad, y para mi suerte, no he visto a Seth tampoco. Lo que es excelente. ¡No tengo palabras! 


Bueno, puede que quizás hayan estado aquí juntos en la casa en alguna ocasión en que yo no estaba o en que me mantenía ocupada, pero no he tenido que presenciarlo ni darme cuenta. He tenido muchos deberes por hacer, cosas que estudiar, que memorizar, y aprender. Mis días han estado tan pesados, que no he tenido tiempo ni para pensar.


El verano está acabando. Mejor dicho, ya acabó.
  A lo que me refiero es que se va notando el cambio de estación, puesto que las mañanas comienzan a volverse un poco mas frías, y las hojas no están tan verdes como antes. 

Pero hoy es la excepción, sin duda alguna. Es martes. He llegado del instituto y siento que voy a morir asada. Amo el pollo asado, pero vamos, ¡Yo no soy un pollo! Y no voy a comerme a mí misma, y menos alguien va a comerme. 


Yo no soy admiradora de las piscinas, pero debo decir que cuando miro por la ventana hacia el patio trasero y me doy cuenta de que está llena de agua, me dan unas inmensas ganas de ir a por ella. Drew la ha terminado de armar hace unos días y ayer en la mañana puso la manguera. Por la noche ya estaba al límite. Y para variar, hoy hace un clima perfecto. 


Estoy sola en casa. Mamá está de compras con Alejandro, papá está en el trabajo, y no sé donde está Drew, pero estoy feliz de que no esté. Así que tomo mi celular que he dejado en un mueble de mi habitación, y marco a Fabiola.


- ¡Hola! –contesta animada.
- ¿Dónde estás?
- En el centro. Compraba un nuevo par de zapatos para el instituto –se echa a reír, y yo lo hago junto con ella. 

Hoy se le ha enganchado el zapato en un clavo fuera del baño justo cuando tocaron el timbre de ingreso a la nueva clase, y sin querer la empujé. El zapato se separó del clavo tan bruscamente que le hizo un enorme desgarrado en la suela. Para variar, pisó un charco de agua que estaba un poco más allá, por lo que quedó mojada. 


- ¿Encontraste de tu talla? –pregunté.

- Sí, ya los he comprado. Me preparaba para ir a la parada del autobús e irme a mi casa.

- ¿No quieres venir?

- ¿A dónde?

- Aquí en donde estoy, ¿Dónde más? Mi casa, claro. A bañarte en la piscina conmigo. 

- ¿La que ha armado tu hermano? –pregunta dudosa- Cristal, tú sabes, no me gusta que nadie me vea en poca ropa. No lo soporto.

- Nadie te verá, lo prometo. Además no hay nadie, estoy solísima. 

- ¿Estás segura? –cuestiona.

- Sí. Admite que hace calor. Sería pasar un buen rato –digo, y espero unos segundos para ver si acepta. No importa si no quiere, yo la entiendo completamente. 

- Está bien –se decide, y no puedo evitar sonreír de la felicidad- Llegaré en veinte.


Escucho los pitidos, dando la señal de que ha cortado. Debo admitir que me ha sorprendido que haya accedido, ¿Pero qué más da? Ya lo hizo, y tendré una linda tarde. ¡Estoy libre! El instituto comienza a relajarse, cosa que no me molesta para nada. No quiero arrugas en mi piel a causa del estrés o sobre esfuerzo. Lo que espero es que se quede así por unos días. A veces, se necesita un descanso. ¡Sobretodo yo! ¡Agh, no creí que éste año sería tan pesado!


Minutos después, Fabiola entra por la puerta y subimos a mi habitación. Le presto un bikini morado, un short y una camiseta de tirantes. Yo me quedo con el bikini color lila y otro short con otra camiseta de tirantes. Ninguna de las dos usa solamente el bikini. Y a nadie tiene que interesarle el por qué. Fin.


- ¿Lista? –le pregunto, entregándole una toalla. Ella la coge, y asiente con la cabeza, sonriente- Llevaré bloqueador por si acaso. Eres tan pálida que no me perdonaría si quedas toda roja por mi culpa. A mí nunca me pasa nada de eso, así qué. 


Soltamos carcajadas, nos vamos de la habitación y corremos escaleras abajo. Cuando está conmigo, no se preocupa en taparse, porque sabe que yo sé todo de ella y que no la juzgaré por nada. Costó para que eso sucediera, pero estoy muy contenta de que con el tiempo yo me haya vuelto alguien tan especial como para que se haya atrevido.


La piscina es grande y redonda, se ve monstruosa y como ambas somos pequeñas con suerte nos quedará la cabeza afuera. No sé cómo hizo Drew para que mamá y papá le permitieran armarla. Para meterse a ella, hay una escalera blanca con azul. 


- ¡Llegaron las mujeres! –grita una cabeza asomándose por la orilla de la piscina. Ambas gritamos del susto, dando un brinco hacia atrás. Nos tapamos con las toallas como unas completas desesperadas, llenas de pánico. Levanto mi vista.

- ¿Drew? –pregunto enojada- ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo llegaste?

- Hace unos diez minutos. ¿Por qué traen toda esa ropa puesta? Existen los bikinis.

- Qué te importa, orangután –respondo, frunciendo el ceño. Me giro hacia Fabiola- Amiga, te juro que yo no lo sabía.

- ¿No sabías qué? –pregunta otra cabeza que se asoma, y Fabiola y yo volvemos a gritar. Seth. Dios, ¿Tenía que estar aquí? Mi corazón comienza a latir con rapidez.

- ¡Fuera de mí piscina, ahora! –exclamo lo más fuerte que puedo.

- Tú estás loca –me dice Drew- Yo la armé, querida hermanita. Tengo autoridad.

- La cosa ésta, es mía así que si yo no te autorizo, no puedes usarla –me cruzo de brazos. 

- Cállate. ¿Van a entrar o no? –pregunta, ignorando lo que le dije.


Me volteo, para volver a mirar a Fabiola. Ella está nerviosa, lo noto porque tiene su mano cerca de su boca y está sujetando la toalla con firmeza. Por un momento me recordó a mí cuando Julián vino a casa y luego pasó lo que pasó con Seth. Pero me quité rápidamente ese pensamiento de la cabeza. Por supuesto yo se lo había contado
  ella, todo fue algo muy raro, ambas nos impresionamos.

- Si, vamos a entrar –responde. Abro los ojos como plato- Pero tienen que voltearse.

- ¿Voltearnos? –le pregunta Drew- ¿Para qué? Si están llenas de ropa.

- Ya escuchaste, Drew –le digo firme. Él me mira, hace rodar los ojos y suelta un bufido. 

- Hagamos caso, hermano –le dice a Seth- Estas mujeres son unas controladoras.


No puedo evitar notar que Seth sonríe de lado, y luego ambos caminan un poco más allá y nos dan la espalda. Le doy el paso a Fabiola, para que entre primero. Ella deja su toalla colgada en el cordel para tender la ropa, y comienza a subir la escalera con cuidado. Yo hago lo mismo. Cuando ella ya ha entrado, comienzo a subir yo. Apenas toco el agua con el dedo del pie, suelto un grito. Seth y Drew se voltean rápidamente y Fabiola está a un lado de ellos, riendo.


- ¡Está helada! –vuelvo a gritar- Oh, Dios, no puede ser peor. Hay un inmenso calor y no ha hecho efecto alguno en la temperatura de ésta cosa. No me pienso meter…


Y no sé cómo sucede, juro que no lo sé. Pero de un momento a otro siento un extraño zumbido en mis oídos, y me doy cuenta de que estoy bajo el agua. Algo roza mi piel, pero me niego a abrir los ojos. La temperatura de mi cuerpo baja rápidamente, y salgo a la superficie, paranoica. Miro a todos, que por cierto están llorando en risas, pero alguien falta. El poco hombre de Seth. ¿Dónde está?


Algo acaricia mi abdomen por encima de mi camiseta. Algo está contra toda mi espalda, y de pronto siento otro calor corporal, pero con humedad que no es proveniente sólo de mí. Mis ojos se abren de la impresión y mi temperatura se eleva. 
Miro hacia abajo y unos brazos me rodean.

- ¡Iugh, déjame en paz! –arranco mi cuerpo de él lo más fuerte que puedo, furiosa como nunca antes lo había estado- ¡Maldito! –me giro y lo enfrento- ¿Qué no te quedó claro todo lo que dije el otro día? ¡Te odio!

- No subas la voz la voz, que no le he dicho a tu hermano ni lo que he visto ni lo que hemos hablado esa vez –me dice, casi en un susurro. Lo miro confundida y a la vez con sorpresa, porque no me esperaba eso. 

- Algo que hagas –lo fulmino con la mirada, y es lo único que me atrevo a decir, aunque en el fondo, muy en el fondo, siento agradecimiento.


Me doy la vuelta y observo a Fabiola. Y no sé por qué razón, pero presiento que ha escuchado lo que él me ha dicho. Sonríe de oreja a oreja. ¡Mi mejor amiga está loca! ¿Por qué sonríe? Agh.


Drew va hacia Seth aún riendo. Ambos comienzan a reír mientras se dan un abrazo bastante brusco, como lo hacen todos los de su tipo, mientras chocan sus palmas en sus espaldas. ¡Par de locos! No entiendo a qué va eso, ni a qué va nada, pero tampoco es que me interese.


Me giro, dispuesta a mirar a Fabiola y a Drew. Ella ya no ríe, sólo muestra una sonrisa. Pero con Drew parece que llora de la gracia. ¡Yo no le encuentro nada gracioso! No se respetó mi decisión. Cuando toqué el agua dejé en claro que no me iba a meter y el inútil del otro me lanzó junto con él al agua. ¡No es justo! ¿Por qué a mí? ¿¡Por qué!?


- ¡Te puedes dejar de reír miserable mal parido! -le grito a Drew, y él deja de reír como por arte de magia, para luego mirarme echando humo por las narices y los oídos.

- Mal parida serás tú, mira cómo saliste de tonta que hasta te tiraron al agua sin que te enteraras -contraataca.

- ¡No me interesa ni un poco! -escupo- Aborto de mono.

- Cristal, ¿Jamás te dije que eres adoptada? -comienza a decir.

- ¿De qué estás hablando? -pregunto, enojada- ¡Eso no es gracioso, Drew!

- ¡Pues es hora de que aceptes la verdad! -me grita- Lo siento, pero tus padres te regalaron por lo fea que eras. Creyeron que eras un tumor cuando naciste -se acerca a mí, y pone sus manos en mis hombros, mirándome con tristeza- Lo lamento tanto.

- Tío, ya, en ocasiones te pasas -nos interrumpe Seth, haciéndose el serio, y yo lo miro con desaprobación. ¡Ni que me fuera a tragar eso!

- ¿Por qué siempre tienes que meterte en todo? -le pregunto- ¡Yo puedo defenderme sola! ¿Crees que mi enojo se me va a pasar sólo porque me defiendes?

- No te estoy defendiendo, sólo no quiero escuchar tus discusiones.

- ¿Mis discusiones? -alzo las cejas, y suelto una risa- Mejor cállate y no me hables, que con el salvaje éste no se puede ni dialogar. 

- ¡Tú me gritaste mal parido primero! -me grita Drew.

- Chicos, lo que yo pienso es que... -habla Fabiola, y yo la miro fijamente para escuchar lo que quiere decir- parecen unos niños de primaria. Cristal no es adoptada y tú Drew te tomaste muy en serio lo de mal parido.


Asiento con la cabeza, reconociendo que tiene razón, mientras hago una mueca. Mi mejor amiga es muy sabia. Drew frunce el ceño y me mira, y luego asiente igual que yo. Por otro lado, cuando noto que Seth sonríe en aprobación a lo que ella dice, me pongo a reír de lo ridículo que se ve. Fabiola se da cuenta.


- ¿Por qué sonríes tanto? -le pregunta ella, alzando una ceja. Seth parece un poco sorprendido porque se dirige a él.

- Porque pensamos lo mismo -sincera.

- Pues no lo hagas. Es aterrador -le pide ella.


Estallo en carcajadas tan fuertes que de pronto me siento un poco tonta, porque nadie a parte de mí está riendo. ¡Pero no pienso perder mi dignidad! Así que sigo riendo, en parte fingida, intentando hacer que alguien se enoje e intente hacerme callar. No pasan muchos segundos hasta que sucede.


- Joder, ¡Ya cállate! -me ordena Drew. Comienzo a bajar el nivel de mi risa- Si Fabiola no tuviera razón, te haría trizas con mis propias manos. Será mejor que te controles.

- ¡Uy, sí, que miedote! -alzo las manos en señal de lo poco que me asusta. 


Drew me fulmina con la mirada y se gira hacia Seth.


- ¡Hermano, no podemos quedarnos aquí! -le reprende- ¡Podríamos estar en una piscina con chicas civilizadas que estén dispuestas a hacer lo que queramos!

- ¿Disculpa? -me meto entre ellos- Nosotras -indico a Fabiola con la mano, y luego me indico a mí-, somos las chicas más civilizadas del planeta.

- Fabiola tal vez, pero tú no -me dice, alzando una ceja. Yo me pongo la mano en el pecho, algo ofendida pero obvio no me lo creo. Luego él se dirige a Fabiola- No me molestaría tener un rato de los buenos contigo, pero estoy seguro de que mi amigo no estará dispuesto a nada con la mojigata de mi hermana.

- Pero yo no quiero nada contigo -le dice Fabiola con desgrado. Vuelvo a reír tan fuerte como puedo y nuevamente nadie se ríe, así que le doy un leve codazo a Fabiola pidiendo que me salve y gracias al cielo ella lo hace. Por lo que empieza a reír conmigo. Luego de unos segundos paramos.

- Pero bueno -dice mi amiga, aclarándose la garganta- Yo quiero tener una linda tarde en la piscina, así que sería mejor que encontremos una forma de, no sé, llevarnos bien.

- Ella tiene razón -admite Seth, incluyéndose en la conversación- No pueden pelear todo el tiempo. Deberíamos estar divirtiéndonos en el agua. 

- Pero bro, en serio, con chicas como éstas no podemos divertirnos -vuelve a decir Drew- ¿No ha quedado claro ya?

- No estoy hablando de esa diversión -le dice Seth con simpatía, dándole palmadas en la espalda- Me refería a no sé, pasar el rato entre nosotros, charlando. Como lo estábamos haciendo antes de que llegaran.

- ¡Oh, claro, así que como llegamos nosotras su diversión se arruinó! -me quejé, fingiendo estar dolida- ¡Ni queríamos estar con ustedes!

- No me refería eso -se excusa Seth.

- ¡No me importa! -le grito en su cara.

- Cristal -me habla Fabiola- Entonces ellos pueden seguir con su diversión. Mujeres ésta mitad, y hombres la otra. A mí no me importaría.

- Bien -acepto. Miro a mi hermano y al otro que no quiero nombrar.


Yo y Fabiola nos vamos a nuestro lado correspondiente, y los dos nos miran con las cejas alzadas. Todo fue muy rápido, ahora resulta que cada uno tiene su terreno, pero bueno. Fabiola sonríe y yo le devuelvo la sonrisa. ¿Y ahora qué? La cosa era que la piscina debía estar para nosotras solas. ¡La mala suerte está de mi lado más de lo normal! Cristal, definitivamente, eres una chica que pasa por cosas catastróficas sin razón alguna. 


♥♥♥

¡Hoooola! Ya es viernes, así que aquí está el capítulo nuevo. No tengo mucho qué decir, salvo que muchas gracias por su apoyo y sus comentarios. También que las quiero mucho y que están en un trocito de mí cada día. 

Oh, sí, ahora que me acuerdo, me han preguntado que si lo de subir los domingos va a ser permanente, o sólo por ésta semana. La respuesta es que será que: sólo por ésta, porque aún no termino de escribir la novela completa. Planeo tenerla ya lista para fin de mes o para principios de Marzo, porque ahí entraré a clases y sinceramente no sé si tendré tiempo para escribir.
Un beso a todas, dulces sueños, ¡Y nos vemos el domingo!
¡No lo olviden!
¡Chao!

10 de febrero de 2015

Capítulo once - Fresa con Chocolate.



Jamás, pero jamás, alguien había presenciado ni una de mis escenas con chicos. Solamente Fabiola lo ha hecho. Pero supongo que ya no puedo decir eso. Seth Maxwell ha escuchado, visto y presenciado toda mi discusión con Julián, y yo no me di cuenta.

No sé de dónde viene mi nerviosismo. ¿Qué es lo que me sucede? Jamás me ha importado. Pero no necesito que alguien vaya con chismes en mi familia. Los demás, allá afuera, pueden decir todo lo que quieran de mí, como lo han hecho desde el principio. Pero en mi familia no quiero nada de eso. Y no dudo que Seth pueda contarle a Drew, y luego Drew le cuente a mis padres, o me haga alguna amenaza para controlarme.

¡Estoy acabada! ¿Desde cuando soy tan distraída? ¿Cómo pudo suceder que no me haya dado cuenta? Estoy en la nube. Algo anda mal conmigo estos días, yo lo sé. Lo he presentido pero no creí que fuera para tanto. ¡En serio!

- Tú, miserable acosador, vuelve por donde viniste o gritaré -amenazo, siendo lo único que se me pudo ocurrir. Aprieto el nudo de mi toalla, sin moverme.
- Eres muy dramática -dice, y hace una sonrisa torcida- Con lo que he visto, ya nada de ti me sorprende, querida Cristal.
- No me llames querida -ordeno, fulminándolo con la mirada- No tienes derecho a decirme tal palabra. No estás al nivel. Que lo sepas.
- Dramática, juzgadora y egocéntrica -comenta, asintiendo con la cabeza- Nada que no haya averiguado y notado antes.
- Gracias -me lo tomo como un cumplido.
- ¿Sabes que no entiendo? -suelta una risa- Lo masoquista que puedes llegar a ser.

Frunzo el ceño. Este tipo, ¿Qué se cree? ¿Yo masoquista? ¿De dónde ha sacado eso? Me sorprende, la verdad. No puedo creer que salga cada cosa de la boca de los hombres. Son todos tan ilusos. No tienen idea de nada de lo que sucede en el mundo.

- ¿Disculpa? -pregunto.
- Vamos a ver -se aclara la garganta- Un pendejo más marica que cualquier marica en el mundo, viene, te pide diversión, te insulta, te grita que eres perra, maricona y todas esas mierdas, mientras que tú solamente te limitas a defender a la idiota que no conozco, en lugar de defenderte a ti. Sin embargo, el cabrón se va y tú estás feliz. ¿Qué coño es eso?

Si antes me sorprendí de lo que me decía, ahora lo estoy más. He quedado impactada. Lo miro fijamente, y él hace lo mismo. Quiero abofetearlo. Es peor que Drew.

- Ordinario -le digo.
- ¿Qué?
- ¡Ordinario! -exclamo- ¿Te das cuenta de cuántas groserías dijiste en la misma oración? Que poca clase, de verdad. Yo no hablo con tu gente -miro hacia otro lado y entrecierro los ojos- Como máxima ayuda, puedo prestarte un diccionario.
- Pasa ese diccionario, Cristal. Con mucho gusto lo recibiré -dice, y yo sonrío satisfecha- Y te aseguro que lo primero que haré será partirlo en dos, para después prenderle fuego.
- ¡Que grosero y malagradecido! -hago una mueca- No me hables.
- ¿Por qué le tienes pánico a los hombres?

Por un momento, creo que he escuchado mal. Pero sé bien que sólo me gustaría que fuera eso. Porque lo ha dicho fuerte y claro. La furia comienza a adentrarse en mí de una manera que desconozco. Que me sorprende. Y solamente me limito a mirarlo con odio. ¿El cambio de tema tenía que ser tan brusco e inesperado?

- Que pregunta más estúpida -respondo- Hazme el favor, y cállate.
- Le tienes pánico a los hombres -afirma, y yo frunzo el ceño, sin poder creerlo.
- ¿Podrías dejar de decir eso, subnormal? -alzo la voz- ¿Qué te crees?
- Mira, si no quieres que saque mis propias conclusiones, entonces responde lo que te he preguntado y problema acabado. No deberías tener impedimentos para negarte. 
- ¡No tengo pánico a los hombres! -exclamo, para que se calle de una vez.
- No te creo.
- Que mal por ti. Yo no tengo que hacer que me creas nada, y mucho menos a ti -me giro y comienzo a caminar a la escalera- Te voy a demandar. Adiós.
- Demuéstralo -exige interrumpiendo mi ida, y me quedo de pie, sin girarme a enfrentarlo- Si lo que dices es cierto, no tendrías que tener problemas para aceptar a lo que te voy a pedir -siento unos pasos viniendo hacia mí, lentamente. Mi cuerpo se estremece- Enróllate conmigo.
- ¡No voy a hacer eso! -grito, pero él ni se sorprende- ¡No quiero estar cerca de ti!

Mi corazón comienza a acelerarse. Quiero ir más allá, pero no me percato del mueble y choco con él, haciendo que mi cuerpo caiga contra la pared. Intento ir otra vez hacia la escalera para correr a mi habitación, pero me voy cuenta de que Seth está demasiado cerca y que no me dejará pasar.

- Aléjate o juro que le diré a mis padres que me haces daño para que nunca más te admitan aquí -amenazo, creyendo que será suficiente, pero vuelve a acercarse más. Está a no más medio metro de mí y no sé qué va a pasar. Yo no quiero nada con él, ni con nadie.

Mi pecho se aprieta y siento que voy a asfixiarme. Mis manos sudan y el terror se apodera de mí de una manera que desconozco. Cierro los ojos con fuerza, intentando prepararme mental y físicamente para lanzar algún golpe cuando llegue a ponerme un dedo encima. Mis ojos se humedecen, presa del pánico y la desesperación.

- ¡Basta, por favor! -ruego, tirando por la borda todo el coraje que pude demostrar. Me acurruco, abrazándome a mí misma, deseando que por favor no haga algo que no logre soportar. Decido intentar por última vez, y agrego en un hilo de voz:- No me toques, no te pido nada más.

Espero al momento, pero pasan los segundos, y no siento nada. Mis ojos duelen de la presión con la que los he cerrado, y todo está en silencio. No hay más pasos. Solamente escucho los latidos desenfrenados de mi corazón, apunto de sufrir un paro. Pero no me atrevo a abrirlos. No me atrevo a moverme, siquiera. Lo único a lo que estoy dispuesta, es a desaparecer. O a que me deje sola.

- No voy a hacerte daño, Cristal -siento que habla, y mi cuerpo se estremece al notar lo ronca que suena. Lo tenebrosa que es- No temas de mí. No ha sido en serio eso de que nos enrolláramos juntos. Sólo quería ver tu reacción.

El miedo comienza a desaparecer poco a poco, y ambos nos quedamos en silencio. Pero no desaparece así porque sí, si no que es porque está siendo reemplazado por enojo, por furia, por el coraje que perdí hace unos segundos. Abro los ojos, levanto la cabeza, armándome de valor lo más que pueda. Él está a no más de menos de medio metro, con las manos en sus bolsillos.

- ¡Maldito! -le grito- ¡Bastardo!
- Cálmate -me pide- Quédate tranquila.
- ¡Te odio! -lo empujo con mis manos, cuidadosa de que la toalla no se me caiga, pero ni se tambalea, no sucede nada con él. Como si estuviese construido de piedra- ¡Quítate! ¡Eres peor que Drew, peor que Julián, que Darío, que todos!

Se hace a un lado, permitiéndome ser libre. Corro hacia las escaleras, queriendo estar lo más lejos posible de él. Pero me volteo antes de subir.

- No tienes idea de lo poco inteligente que es hacer pasar por algo así a una persona. ¡Estás enfermo de la cabeza! ¡Ve a un manicomio! 
- Bien, lo haré -responde, mirándome fijamente. Lo que me enoja aún más.
- ¡No vuelvas a intentar acercarte a mí o les diré a todos que quieres violarme! 
- Sí, soy un violador.
- ¡Agh! ¿¡Qué es lo que pasa contigo!? -pregunto en un grito- ¡Lo que has presenciado ahí afuera no ha sido más que una coincidencia! Que te quede claro que no por eso vas a poder burlarte de mí o hacer cualquier porquería, ¿Entendido?
- Sí.

Tengo unas ganas de darle una bofetada por no decir algo más, pero decido pasarlo por alto, y corro escaleras arriba, queriendo escapar. Drew baja las escaleras mientras yo subo, y está todo polvoriento. Trae una enorme caja que lleva sobre sí, que está llena de telarañas. Reconozco esta cosa, pero sigo mi camino, tratando de tener una mejor compostura para que él no note algo extraño.

- ¿Seth te ha invitado a armar la piscina? –pregunta, con la caja aún al hombro.
- No, y no me interesa –respondo mientras sigo subiendo.
- Bueno, pero si quieres echarnos una mano para armarla, bienvenida seas.

Es obvio que no voy a ayudarlo. No pienso estar cerca de ninguno de los dos. Si ahora mismo se pudre el mundo, no me importaría. ¡Que se alejen de mí!



+++


Aún no puedo creer lo mucho que me he asustado. Lo aterrada que me he sentido. Y todo lo llevó a cabo nada más y nada menos que Seth. Desde que lo he visto por primera vez, jamás creí que él sería una persona así.


Lo veía como nada más que una molestia, pero a la vez como alguien completamente inofensivo, porque en ningún momento intentó atacarme o decirme algo hiriente antes, y eso me mantenía tranquila. Pero ahora, ha hecho algo que ningún amigo de mi hermano había hecho antes, y eso me hace hacerme mil y un preguntas.

En lo que he llevado comportándome de ésta manera, siendo mi nuevo yo, jamás había tenido que lidiar con que alguien me hiciera lo que él me hizo. ¿Por qué él tuvo que hacer eso? ¿Por qué se burló así de mí? ¿Y por qué ha tenido la capacidad de ser tan observador? Nunca una persona me había analizado tanto como para llegar a averiguar algo así de mí, por sus propios medios. ¡Y no se le pudo ocurrir una manera más cruel de llevarlo a cabo!

Odio a Seth. Si antes lo detestaba, y decía que lo odiaba, ahora es muchísimo peor. ¡No lo tolero! Lo quiero lejos de mí, sobretodo ahora. Mis amenazas no han servido de nada, mi comportamiento tampoco. No sé qué sería de mí ahora si él me hubiese puesto un dedo encima. ¿Me habría desmayado? Porque no puedo explicar la manera tan fea en que mi garganta se cerró, ¡No podía respirar! No me había pasado tal cosa en ningún momento de mi vida. Tampoco nadie había actuado de esa forma conmigo desde que tengo mi nuevo yo, pero, no lo entiendo. ¿Era necesario su actuar? ¿No pudo pensar lo que sentiría yo?

Pero ahora se me acaba de ocurrir otra cosa. ¿Qué es lo que me sucede? Yo no soy así. Yo soy fuerte y no dejo que nadie vea que me ha afectado algo. ¡Tengo que dar la cara! Cristal, eres más que esto, por favor. Estoy enojada a más no poder. ¿Seré capaz de estar bien para el Lunes, día de instituto?

- Cristal –me sobresalto en la cama al oír la voz de Drew al otro lado de la puerta de mi habitación- Es hora de tomar té y comer.
- No tengo hambre, coman sin mí –le digo, con voz normal.
- Sabes que mamá y papá odian que no quieras hacerlo.
- ¡No me interesa! –grito, ya harta- ¿Te puedes ir?
- Maldita sea, ¿Qué es lo que te pasa ahora?
- ¡Nada! –grito aún más- ¡Sólo estoy cansada de ser molestada todo el tiempo y de que no me dejen en paz!
- Joder, vete a la mierda.

Y es lo último que me dice, porque se aleja y luego siento que baja las escaleras. Hundo mi cabeza en la almohada. Tengo que idear un plan. ¿Pero cuál? Algo que haga notar que estoy con la cabeza en alto. Que demuestre que me importa un comino lo que ha pasado.

Lo único que se me ocurre, es pasar indiferente, como si lo que hoy sucedió nunca hubiese sucedido. Ignorar puede ser algo muy bueno, después de todo. Quizás funcione. Tengo que llevarlo a cabo y ver que pasa. ¡Estoy decidida! Es lo que se me ocurre ahora, porque lo que más deseo en este preciso momento es adentrarme en un profundo sueño. Hoy ha sido un día muy pesado. Y comienzo a sentirme mejor con mi decisión.

♥♥♥

¡Hooooooola! ¡Tantos días! Una semana, exactamente. Primero que nada, quiero aclarar la razón de por qué no he subido el viernes. No voy a dejar la novela, si es lo que piensan. La cosa es que el jueves por la tarde se cortó la luz en mi casa. Iba, volvía, iba, volvía y así sucesivamente, hasta que terminó haciendo cortocircuito. Vinieron los hombres electricistas, lo arreglaron, pero luego nos dimos cuenta de que no nos servía el internet. Estuve desde esa noche sin nada, así que hoy vinieron a arreglarlo, ¡por lo que tengo internet de nuevo! 

Ahora nos podemos reír de mi desgracia, olvidar por completo mi falta de publicación y hacer como si nada hubiese pasado, ¡JÁ!

¿Es idea mía o este capítulo está mal escrito? No sé, no me ha terminado de convencer. Quizás más tarde lo edite, o haga algún cambio. ¿Qué opinan ustedes? Decirme en los comentarios. Algo me mantiene extraña al leerlo.

Pero les tengo una recompensa. No subí el viernes. Ahora acabo de subir, que es día martes, así que volveré a subir este viernes como siempre lo hago y luego les subiré un capítulo el domingo. ¿Les parece? Porque publicar ambos al mismo tiempo como que no queda. El domingo estaría bien. 

Muchas gracias a todas por sus comentarios, por haberse tomado el tiempo de preguntarme por qué no subía. Eso demuestra que de verdad les gusta lo que escribo. Así que estoy agradecida, varios besitos para ustedes y espero que hayan disfrutado el capítulo.
¡Chaaaaaaoooooo!



3 de febrero de 2015

Capítulo diez - Fresa con Chocolate.


Los minutos pasan, Seth y Drew conversan entre sí y yo aún estoy acostada en los asientos traseros, tal y como me ha dejado Drew. Mi mente divaga en un mundo sin final, pero es como que no estoy pensando nada en realidad. Solamente siento que mis ojos están pesando un poco. Se abren y cierran lentamente, queriendo quedarse cerrados por completo, pero me esfuerzo intentando no permitirlo. 

Es tan agradable. A pesar de que debería estar haciéndolo, no escucho voces, ni autos. Mis sentidos no funcionan. Es como un mundo aparte, y en paz, del que no tengo control alguno ni aunque quiera. Y me encanta que así sea.

Cuando me permito cerrar los ojos, comienzo a entrar en un sueño profundo. Estoy completamente consciente de que yo jamás me hubiera subido aquí por mi propia cuenta, pero ahora puedo admitirme a mí misma que podría ser el vehículo más cómodo y suave que he probado en los años que tengo de vida. De pronto, ya no siento nada.

- Cristal -me sobresalto, no sé por qué siendo que ni siquiera me han gritado- No te duermas.
- Estoy cansada, Drew -me quejo, y vuelvo a acurrucarme en el lugar.
- Estamos por llegar a tu instituto -dice- No querrás entrar adormilada. Lo odias.
- ¿No podemos volver a casa? -pregunto bostezando, sin abrir los ojos- Quiero estar en mi cama.
- No, sabes que mamá se enojaría si faltas.
- Por favor, que ambos me lleven a casa -ruego, sin darme cuenta de cómo estoy actuando.
- ¿Ha dicho por favor? -escucho susurrar a Seth, y eso basta para que comience a entrar en razón.
- Se pone así cuando tiene sueño y la despiertas con buena voz, sin gritar. Como que se pone en un trance -le responde él. Abro los ojos, para justo alcanzar a ver que se voltea hacia mí- ¿Vas a dejar a Fabiola tirada así como así? ¿No que era tu mejor amiga?

Si la voz de Seth diciendo eso ayudó a hacerme entrar en razón respecto a cómo me estaba comportando, ahora estoy completamente repuesta. A duras penas me incorporo. Me había olvidado de mí mejor amiga, por Dios. ¿Qué me pasó? ¿Y por qué, prácticamente, supliqué para que me llevaran de vuelta? ¡Ésta no soy yo! Tengo que castigarme.

- Como sea, ya estoy bien. Y por si no lo saben, aún los odio -digo- ¿Alguien tiene una menta, por casualidad? -espero, pero nadie me responde- ¿No?
- Aliento matutino, ¿eh? -dice Drew, riendo. Lo fulmino con la mirada.
- Drew, en la caja esa, hay mentas -dice Seth, indicándole con un dedo, el índice para especificar- Dale todo el paquete.

Drew comienza a abrir y revisar la caja del vehículo, y yo miro atentamente a Seth. Sé que es sólo un paquete de mentas, digo, son muy baratas. Pero no tiene por qué darme un paquete entero. Sólo pedí una. Por no mencionar que nunca hemos hablado, por lo que no tendría por qué darme algo suyo.

- Toma -me dice Drew, extendiendo su brazo hacia mí. Ni cuenta me di de que ya las tenía- Ojalas te atragantes con una, y te ahogues.

No alcanzo a responder, porque me percato de que estamos estacionados frente a la entrada. Miro el paquete, y está sellado. Nadie lo ha abierto. Así que rasgo una de las esquinas con mi mano, saco una y me la echo en la boca. ¡Genial! Las tengo todas para mí sola. Y para Fabiola, por supuesto. Yo sólo comparto con ella y las otras amigas que nos agradan en la clase.

Siento que quitan el seguro para niños y tomo mi mochila. Me la cuelgo por uno de mis hombros, y la abro. Mis pies tocan el suelo y me pongo de pie, para luego dar un portazo, pero mucho más fuerte de lo que quería, logrando que mi hermano y su amigo se sobresalten.

- Oh, fue sin querer -digo, aguantando una risa. Pero no mentía.
- ¡Cristal! -siento el grito irreconocible. Me volteo y Fabiola viene hacia mí. Me abraza y yo la abrazo a ella, sonriendo.
- ¡Buenos días! -la saludo. El abrazo se deshace y nos quedamos mirando. Se acerca un poco a mi rostro.
- Ese olor es irreconocible -me dice- No seas egoísta, comparte una -extiende una mano hacia mí y espera.
- Claro, sabes que iba a darte -llevo el paquete a su mano y caen tres. Se las echa a la boca de inmediato, haciendo que escuche cómo las muerde.

Alguien se aclara la garganta. Fabiola se gira y se queda pasmada. Eso llama mi atención,por lo que me giro, y el vehículo sigue en el lugar, con los otros dos adentro. Frunzo el ceño de inmediato, no puedo creer que esté haciendo eso.

- ¿Acaso no vas a despedirte y tu amiga no va a saludar? -pregunta Drew, encendiendo el cigarrillo que tiene en sus manos, con un encendedor. Comienzo a enojarme.

Fabiola lo mira fijamente, como pensando algo. Espero para ver si lo saluda. Sé que lo hará, ella no es como yo. Somos muy distintas. Ella siempre se pone en el lugar de la otra persona, y sabe qué es correcto y qué no lo es.

- Hola -termina saludándolo. Drew asiente con la cabeza.
- Deja de fumar -le ordeno. Él me mira asombrado, para luego esbozar una sonrisa satisfactoria.
- No -es lo que se limita a decir- Ahora, si no te vas a despedir, puedes irte.

Con su cigarrillo en la boca, toma una gran bocanada y luego tira todo el humo por la boca. Veo la cara de asco de Fabiola, ella no soporta el olor tal y como yo. Mi enojo crece al punto en que no puedo controlarme. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, nos acercamos juntas a la ventanilla.

- Te he dicho que dejes de fumar -repito.
- Vete a la mierda, Cristal -vuelve a reír, seguido por las risas de Seth. Drew lo mira- ¿Quieres que te encienda uno?
- Vale, hazlo. Me apetece uno -le responde él.

Cuando se lo enciende, estira la mano para entregárselo.

- Tú lo pediste -termino.

Le arranco ambos cigarrillos de sus manos lo más rápido que puedo, se lo entrego a Fabiola y ella, mirando fijamente a Drew, los parte en dos y los tira al suelo para luego hacerlos añicos con su zapato.

- ¿Qué coño les pasa? -pregunta Drew, sacando su cabeza y mirando el cadáver de su putrefacto amigo llamado tabaco- ¡Ambas están locas! Maldita sea, joder -se pasa la mano por el cabello, desesperado- Era el último puto cigarro que me quedaba, ¡El último!
- Te dije que dejaras de fumar y no hiciste caso -me cruzo de brazos.
- ¡Son unas completas zorras! -se vuelve a quejar, ignorando lo que le dije- ¡Me las van a pagar! ¡Están en mi lista negra! No saben en la mierda que se han metido.

Se enciende el motor del auto y comienzan a salir del lugar. Mi mirada se dirige hacia Seth, que luce evidentemente enojado, quizás tanto como Drew, creo. Debería de estarlo. Aunque lo dudo un poco. ¿Por qué no se queja? Admito que tengo ganas de ver cómo se lamenta y llora por su cigarrillo.

Fabiola y yo nos miramos complacidas. Nos giramos y caminamos hacia la entrada. El timbre que da el inicio de la mañana en el instituto, suena. He llegado a la hora, incluso un poco antes. Seth y Drew deben de haber venido lo suficientemente rápido como para que yo lograra llegar a tiempo. He olvidado dar las gracias por las mentas, pero supongo que podré hacerlo en otra ocasión, si es que me acuerdo.

+++

Los días pasan un poco lentos, cosa que no me agrada en absoluto. Abro la puerta de la casa, cansada como hace mucho no lo había estado. Estoy llena de tierra, con mi traje color café claro, una pala y mi mochila del instituto.

Como estoy estudiando la carrera, la profesora nos ha llevado al cerro para inspeccionar terrenos y buscar cosas interesantes, como algún mineral. No había nada de eso ahí. ¡Era obvio que no habrían minerales! Aunque debo de admitir que era un lugar muy bonito. Estaba lleno de árboles y hasta había un panal de abejas. Increíble experiencia, pero ahora mismo me encuentro muy exhausta.

Mamá y papá están sentados en la mesa, junto con Alejandro y Drew. Me miran de pies a cabeza y comienzan a reír tan alto y de manera tan burlesca que ruedo de los ojos. Los platos de comida están servidos, pero nadie ha tocado nada. Al parecer me han estado esperando.

- Hija, siéntate para almorzar -me dice mamá.
- Iba a ir a ducharme -le digo, dejando mi mochila en el sofá y apoyando la pala al lado de la puerta.
- Puedes hacerlo más tarde, todos estamos muriendo de hambre -recomienda papá.

Me encojo de hombros, y acepto. Si no estuviera tan cansada, me habría negado rotundamente y en este preciso momento estaría ya dentro de la ducha, pero no tengo fuerzas para nada. Así que me acerco al lugar y me siento al lado de Drew. Me lavé las manos antes de salir del instituto, así que tomo el tenedor y como un poco de ensalada de tomate que está en mi plato.

- Apestas -comenta Drew, tapándose la nariz. Lo fulmino con la mirada.
- Sé que no es cierto, no voy a caer -le digo y sigo comiendo- Tú eres el apestoso.
- Yo no me revuelco en la mugre -se excusa- Soy artista. Yo creo, pinto, embellezco...
- Sí, como sea -le interrumpo- Entonces hueles a agua ras y a pinturas secas. Yo que tú me doy un baño porque parece que de hace mucho que no lo haces.
- Lo he hecho esta mañana -frunce el ceño, molestándose- ¡Cochina!
- ¡Púdrete! -escupo.
- Por favor, por una vez en la vida tengamos una comida tranquila -pide papá, mirándonos de manera amenazante, por lo que asentimos y nos concentramos en nuestros platos.

El almuerzo termina y yo reposo cinco minutos sentada en el sofá, para luego ir a mi habitación y buscar ropa limpia. La dejo estirada en la cama para que, al salir de la ducha, la tenga ya lista para ponérmela.

Cuando estoy con las cosas casi listas, papá y mamá golpean la puerta de mi habitación, diciéndome que irán a casa de mi abuela junto con Alejandro a buscar unas cosas que le han prestado. El lugar no queda a más de quince minutos a pie, por lo que no es la gran cosa.

Si tengo que decirlo, jamás me he llevado bien con mi abuela. Digo, sí, hablo con ella y me río cuando una de las dos dice algo gracioso, pero siempre estoy por detrás de todos sus demás nietos. Cuando pequeña me regañaba por todo y hasta en algunas ocasiones era tan brusca conmigo que me hacía llorar. La preferencia, supongo. No es la gran cosa, en casi todas las familias sucede.

Nada más al sentir el agua tibia sobre mí, una sensación de relajación extrema se apodera de mí. La suciedad que pude haber tenido en mi pie comienza a desaparecer a medida que me hago todo el aseo que debo, y en un abrir y cerrar de ojos ya he terminado. Me quedo un momento bajo el agua al terminar, solamente respirando de manera lenta y pausada. En pocas palabras, aprovechando lo bien que se siente y lo mucho que me gusta.

Salgo de la ducha y me envuelvo el cabello con una toalla blanca. Luego comienzo a secarme el cuerpo con otra más, del mismo color, Soy interrumpida por el sonido del timbre, y no hago más que rodar los ojos. Detesto que venga gente a casa cuando no quiero ni ver a alguien.

Salgo del baño aún envuelta, y bajo las escaleras. Abro la puerta, sin importar que me vean en la toalla porque sé que serán mamá y papá, o quizás mi tía, porque aveces viene de visita. Pero me sorprendo cuando noto que no es ninguno de ellos.

- ¿Julián? -pregunto desconcertada. Su mirada me recorre de pies a cabeza. Frunzo el ceño.
- Creí que estarías lista -me dice riendo.

Oh, Dios. ¡Lo he olvidado! ¿Cómo pude hacerlo? Quedé en salir con él la semana pasada y como he estado tan ocupada en mi vida y no tengo espacio en mi agenda mental, se me ha pasado. Ni siquiera me percaté de que era viernes. ¡Si salí temprano y Drew ya estaba aquí en casa! Sólo los viernes pasa eso. Mi cabeza, definitivamente, no está funcionando bien.

- Se me hizo tarde -le digo- Aunque la verdad lo olvidé por completo.
- ¿Lo olvidaste? -pregunta haciendo una mueca.
- Sí -asiento- No es que sea algo muy importante, sabes.
- Es importante -me dice, como si fuese obvio, pero ya no parece muy animado- Aceptaste salir conmigo y quedamos que vendría aquí a esta hora.

Intento no reír, para que no se sienta tan mal, pero cuando creo que ya está bueno de aguantar, comienzo a burlarme en su propia cara. Niego con la cabeza e intento respirar bien. Me pongo en postura defensiva, cargando mi peso en una pierna y con una mano en mi cadera. La otra la tengo ocupada sujetando mi toalla.

- No puedo creer que seas tan inocente -le digo, mirándolo con ternura.
- ¿Qué? -alza una ceja- ¿Quieres ver si soy inocente? -da un paso hacia mí.
- Aléjate de mí, subnormal -exijo algo incómoda, haciéndome para atrás- ¿De verdad creíste que iba a salir contigo? -suelto una risa cínica, a pesar de que las odio- No puedo creerlo, de verdad. Aunque sabía que no eras tan inteligente.
- Cristal, ¿Qué coño sucede contigo? -ahora sube su voz, mostrando su enojo.
- ¿Sabes lo que sucede? Que eres un cabrón. ¡Un cabrón! No eres más que eso. Poco hombre y un inútil. ¡Peor que eso, a decir verdad! Menos mal que Mariza está lejos de ti.
- Cabrona serás tú. ¿Y a quién coño le importa Mariza?
- ¡A mí me importa! ¿Tu crees que puedes ir e insultar a una chica que según tú amaste, en mi cara? ¿No existe el respeto para ti?
- ¿Vas a darme sermones? -pregunta- Porque yo preferiría hacer otras cosas. Para eso he venido a por ti, para nada más.
- Te las tendrás que aguantar porque jamás dejaré que me toques ni un pelo. Créelo.
- Estás enloqueciendo. No parecías así el otro día. Prácticamente te lanzaste a mis brazos cuando te pedí salir. No tienes por qué hacerte la difícil -extiende uno de sus brazos hacia mí, para agarrarme por la cintura, pero me hago a un lado rápidamente.
- Eso fue lo que quise hacerte creer, y vaya que fue fácil. No iba a ser la siguiente.
- Entiendo -comienza a reír, y se cruza de brazos- Te mueres por mí, ¿Verdad? Si estás celosa de Mariza porque estuve con ella, me importa una verdadera mierda.
- No tendría celos ni aunque estuviera perdidamente loca. Pero puedes pensar lo que quieras. No eres lo suficientemente capacitado para recibir la atención de mi parte -lo miro con desprecio.

Su mandíbula se aprieta y una vena de su cuello hace su aparición. Aprieta los puños, pero yo ni me inmuto. Se acerca a mí, pero vuelvo a retroceder. Me percato de que está dentro de la propiedad privada de mi familia.

- ¡Sal de mi casa!
-Si no estabas dispuesta a tener un rato de diversión conmigo, tuviste que habérmelo dicho y asunto arreglado. No estoy para tus gilipolleces, ni para estar gastando mi tiempo en venir aquí para nada.
- Oh, cariño, ¡Ni en un millón de años pasaría un rato contigo! Antes prefiero morir -lo empujo hacia afuera con toda la fuerza que puedo, y logro sacarlo- Jamás me caíste bien, prostituto, espero que te vaya mal. Estoy feliz por Mariza, gracias al cielo ahora está con alguien mejor que tú. Ahora puedes irte y buscar a una fácil allá afuera, porque te aseguro que yo no soy de esas. Pobresillo, tan desesperado que me inventas la gran excusa en el kiosko de que querías verme desde hace tiempo -comienzo a reírme de él otra vez- No soy una tonta.
- ¡Maricona! -me grita, pasándose la mano por el cabello, frustrado- Juro que me las vas a pagar, maldita mojigata. Piérdete. Ni siquiera estás tan buena. Sólo te quería para el rato. Perra.

Comienza a caminar hacia la salida que da hacia la calle y de pronto desaparece. Bueno, no ha sido como esperé. Creí que habría algo más de acción. Que aguantaría a que lo insultara más antes de irse. Pero tendré que conformarme.

Obviamente le inventé la historia de Mariza, eso de que tenía un mejor novio ahora, porque no tengo idea, ni siquiera sé si está viva aún o no, y no me interesa. Solamente defendí la honra de una mujer, porque sé de antemano que la chica no se merece que hablen así de ella, aún cuando ni siquiera lo sabe.

Sujeto bien el nudo de mi toalla y comienzo a cerrar la puerta. Al hacerlo, suelto un suspiro de relajación y me quedo mirando fijamente por el ventanal de al lado. Me siento mejor, pero siento que faltó algo. ¿No le dije algo que debí de haberle dicho, tal vez? ¿Mencioné muy poco a Mariza?

- Vaya, Cristal -siento tal voz, que me sobresalto y choco contra la puerta, de cara. Pero no me duele. Mi pulso se acelera. Su voz ronca hace que cierre los ojos con fuerza. ¡Creí que estaba sola!- Al fin me das algo clave. Algo que estaba tratando de averiguar sobre ti.

Poco a poco, voy girando mi cuerpo. Mis manos, que ahora ambas se aferran al nudo de mi toalla, comienzan a temblar. Miro el piso fijamente, y pego mi espalda contra la puerta. Poco a poco levanto mi mirada, y puedo jurar que de hace mucho que no me sentía tan vulnerable. Seth Maxwell está ahí, apoyado contra la mesa, con sus brazos cruzados y su mirada perforándome.

♥♥♥

Las he dejado con la intriga, a que sí. ¡Yo lo sé! Pero es que quería hacerlo. Estoy muy emocionada, la verdad es que me encantan estos personajes, tanto que me da como un poco de susto. Vale, no. Pero sí me encantan.

Por cierto, lamento si hay alguna falta o redacté mal alguna parte, porque la verdad es que para éste capítulo me calenté la cabeza y pues no sé, ahora lo he releído para editarlo y como no estoy tan de buenas, no he podido hacer gran cosa.

Ya saben, +5 comentarios en el capítulo para que suba el viernes. Muchísimas gracias por los diez comentarios del capítulo anterior. Me han sorprendido, hace ya mucho que nadie comentaba tanto. Bienvenidas a las nuevas lectoras, por cierto. 
¡Adiós! 

30 de enero de 2015

Capítulo nueve - Fresa con Chocolate.



Cristal

El autobús no tarda en desaparecer de mi vista. Me quedo mirando hacia donde se fue, fijamente. Como si haciendo eso pudiera lograr que retrocediera, o volviera de alguna forma u otra. No se puede, sin embargo. Y es tarde.

- No sabía que estuvieses con problemas a la vista -siento la voz de Drew. Por un momento me olvidé por completo que había venido con dos acompañantes indeseados.
- Nunca preguntaste -respondo, comenzando a caminar sola. Siento sus pasos tras de mi, y sé que me están siguiendo.
- Tu amiga es un poco maleducada -comenta, y es suficiente para que me voltee y lo mire desafiante. Me tiene con mis casillas por los cielos.
- ¿Ella es la maleducada? -pregunto sarcásticamente. Levanto mi dedo índice y lo entierro en su pecho, haciendo que se detenga, y su amigo Seth también lo hace- ¡Tú eres el único maleducado, nadie más!
- ¿Por qué yo? -comienza a reír.
- Y encima lo preguntas -ruedo los ojos, y alejo mi mano de él- ¡Ay, mira que es toda mía! -imito su voz de hace un rato- No quiero que vuelvas a decir eso.
- ¿Por qué no? -pregunta, y se encoje de hombros- ¿Vas a impedirlo, o qué?
- Eso mismo voy a hacer -me acerco a él, quedando a pocos centímetros de su rostro, para luego susurrar:- No te metas con mí mejor amiga, Drew. No quiero nada como tú sobre ella. ¿Estás entendiendo? -me acerco aún más- ¿Quieres que golpee tu rostro con una piedra para que lo entiendas?
- Drew, déjala en paz -siento a Seth hablar, lo que me sorprende. Toma a Drew por los hombros y lo aleja de mí- No te metas en problemas.
- Vamos, Seth. Ha sido divertido -le dice Drew, explotando en risas- Admítelo.
- ¡Lo admito! -exclama Seth, soltando risas igual que Drew. Al parecer se la había estado aguantando- Pero estamos en la calle, hay cosas más importantes que perder el tiempo.
- Es Cristal la que se lo toma tan a pecho -le explica Drew- Como ella es la amargada que no pasa ni un buen rato con ningún tipo, quiere que su amiga sea igual.
- De querer pasar buenos ratos con algún ignorante que no tiene idea de nada, lo haría -le digo- Soy totalmente libre de hacer lo que quiera hacer. ¡Si no lo hago es porque no quiero!
- Claro, lo que digas -rueda los ojos, esbozando una sonrisa burlona- Lo que pasa es que nadie te da bola.
- Puedes decir lo que quieras, Drew -le permito- Tú y tu amigo pueden decir y pensar lo que quieran de mí. Pero yo y Fabiola no somos unas fáciles calientes que están dispuestas a intercambiar saliva y sexo con cualquiera que se les cruza. Seguramente ustedes dos están acostumbrados a vulgaridades que dejan bajo a las mujeres ¿Cierto? Me decepcionas -Drew frunce el ceño- Cerdo. No te deseo mal, pero espero que ustedes dos, juntos, contraigan sida, herpes, hepatitis B y todo lo que puedan contraer.
- Simplemente disfrutamos la vida -se excusa.
- Prefiero disfrutar la vida teniendo buenos momentos como una persona que tiene perspectivas valiosas sobre la vida, y no liándome con cualquiera por diversión -lo empujo con fuerza, haciendo que se tambalee, porque no se lo esperaba- Deberían de aprender eso. No te metas en mi vida así como yo ya no me meto en la tuya. ¡Subnormal!

Me giro y comienzo a trotar hacia la casa. No sé si me siguen, no sé si vienen muy atrás de mí o se han quedado a hacer otra cosa. Lo único que sé es que estoy completamente harta de ese par de poco hombres que no tienen nada mejor que hacer que reír de dos chicas menores que ellos, que solamente no quieren ser iguales al resto.

+++

Llego a casa, y subo directo a mi habitación. Mamá, papá y Alejandro deben de estar ya en sus habitaciones, durmiendo o preparándose para dormir. Me quito la ropa, me pongo el pijama e intento no quedarme dormida por un rato. Cuando ya ha pasado media hora, tomo mi celular y llamo a Fabiola.

- ¿Aló? -contesta.
- ¿Ya llegaste? -le pregunto, soltando un bostezo.
- Sí, estoy caminando a casa con mamá -me dice- También ha venido papá -escucho unos balbuceos a través de la línea- Dicen que muchas gracias por ir a dejarme a la parada, y por llamarme para ver si he llegado bien.
- No hay de qué -digo sonriendo, mientras miro el techo- Supongo que hablamos mañana.
- No es necesario que preguntes eso, sabes la respuesta -suelta tiernas carcajadas. Eso me hace sentir un poco mejor- ¿Todo bien?
- Sí, sólo que Drew y yo tuvimos una pequeña discusión que fue interrumpida por el molesto de Seth -le doy a por saber- Pero puedo contarte mañana cuando hablemos. Ya sabes, por tus padres. Por precaución.
- Sí, es mejor -reconoce- Quédate tranquila. Buenas noches, entonces.
- Buenas noches. Te quiero -expreso.
- Y yo te quiero a ti. Muah -lanza un beso y me río.
- Ambas -y es lo último que escucho porque espero a que ella cuelgue, y cuando lo hace, dejo el celular en la mesita de noche.

Apago la lamparita, lista para dormir. No sin antes darme cuenta de que un motor es encendido, seguido de un auto que arranca. Al minuto, escucho cerrarse la puerta de la habitación de Drew. Ha llegado, y Seth se ha ido. Vaya, ha sido un día bastante loco para mí, estas cosas no suelen pasarme. Pero bueno, qué le voy a hacer.

+++

Cuando llega el lunes, hago la misma rutina de todas las mañanas. Apago el despertador antes de que suene, me digo a mí misma que todo está bien, que será un gran día, y me voy al baño a ducharme y a cambiarme a la ropa del instituto.

- Cristal, ¿Cuánto te falta? -me pregunta Drew a través de la puerta, mientras me arreglo la corbata. Suelto un bufido.
- Me falta poco -le digo.
- ¡Vamos! ¿Cuánto es eso? -vuelve a insistir. Miro hacia la puerta con molestia, como si pudiese verme a través de ella.
- ¡Me falta poco! -repito.
- Joder. ¿Por qué a mí? -lo escucho susurrar- ¿Por qué yo? Dios, por favor ten piedad y ayúdame a sobrevivir con esto -alzo una ceja. Él seguro cree que no lo escucho- Si lo haces, te prometo que seré bueno por todo un día.

Termino de arreglar mi corbata y abro la puerta cuidadosamente. La cara de Drew se ilumina. Su cabello está todo desarmado y sólo trae unos pantalones anchos de chandal. Los que suele usar para levantarse todos los días.

- Si vas a ser bueno sólo un día, para eso no hagas nada -le digo, y me encamino hacia las escaleras para luego bajarlas.

Comienzo a buscar mi tazón, mi cuchara, la leche, los cereales. Lo único que desayuno cada mañana, que por cierto, me encanta. No alcanzo ni a poner las cosas en la mesa y siento que tocan la puerta. Me encamino a abrir. Obviamente, es Seth, no tengo ni para qué pensarlo. Es el único que viene todos los días a esta hora. Nada nuevo.

Cuando lo dejo pasar, me vuelvo hacia la cocina y escucho el ruido minúsculo de la puerta al cerrarse. Entra a la cocina cuando yo estoy comenzando a poner mis cereales en el tazón. Luego le echo la leche encima y me siento. Me sorprendo cuando no se sienta en la misma silla de siempre. Esta vez se sienta frente a mí, lo que me hace abrir los ojos como platos. Él se percata de que lo miro de otra forma, pero no dice nada y simplemente me sigue observando. Rompo el contacto visual y comienzo a comer. Mientras lo hago, su mirada me parece tan pesada. No sé, es como si me hiciera tener una sensación rara. El tipo es escalofriante. Cada vez que estoy a solas con él es como si mis sentidos se disparasen y se pusiesen paranoicos. ¿Será un presentimiento malo? ¿Será Seth una mala persona, de esas de las que no hay que fiar? Debe de ser eso, ¡Yo soy muy buena presintiendo cosas!

- ¿Qué haces al lado de la espécimen? -escucho a Drew, entrando en la cocina. Su voz basta para hacerme estremecer, pero a la vez me hace sentir relajada porque me estaba poniendo muy mal con la presencia de Seth.
- Nada, sólo la observaba comer -dice él. ¿Ha dicho eso en realidad? ¿Lo admite?
- Debe de ser interesante ver cómo le chorrea la leche y saltan los pedazos de cereal -comenta divertido, y Seth ríe como si fuese lo más gracioso del mundo. De inmediato me pongo derecha y los miro, segura de mí misma.
- Yo sé comer, no soy como tú -escupo.
- La señorita perfecta ha hablado -alza los brazos- ¿Quieres un poco de sándwich con bistec y queso derretido? Seth y yo siempre llevamos a la universidad -ofrece. Pero no soy una tonta, me ofrece sólo porque sabe mi respuesta.
- ¡Asco! No pienso comer esa bomba putrefacta llena de calorías -le digo mirando el bistec que saca de la nevera para calentarlo- Lleno de aceite y grasa. Iugh.
- Cristal está obsesionada con las calorías -le explica Drew a Seth como si nada- Revisa cada envase de comida, para saber cuántas tiene cada porción. Y si no sale eso, no lo come.
- Ya me he dado cuenta -le dice Seth- El otro día la vi revisando el pote de la nueva margarina que compraron tus padres.
- ¡Pues ahí lo tienes! -exclama.

¿Qué? ¿Enserio? Pero si lo he hecho cuando estaba segura de que nadie estaba viéndome. ¿Lo estará diciendo solo por decir? Es decir, ¡Tuve mucho cuidado de que él no se diera cuenta! Lo último que necesito es que sepa cosas de mí.

No tengo ganas de discutir. Así que me pongo de pie, cojo mi tazón y lo llevo al lavaplatos. Abro la llave para que éste quede lleno de agua, y me voy de la cocina. Mientras subo las escaleras, escucho las horribles risas de los dos subnormales, que suenan como macacos dando a luz. Pero como paso completamente de ellos, ni me molesto en sentirme enojada.

Entro al baño y me cepillo los dientes para luego pintar mis labios. Tomo mi mochila de mi habitación, mi celular y bajo las escaleras. Un instinto malvado comienza a crecer en mí cuando me acerco a la cocina y noto que Drew está comiendo de mí cereal. ¡Mí cereal, de nadie más! ¿No puede entender eso? Odio tener que compartirlo, por el mismísimo Dios.

Sin poder controlarme, me acerco a Drew por atrás y le empujo la cabeza hacia el tazón, que por cierto es el mío ya que él no ha sido capaz de quitar toda la suciedad del suyo. Su cara queda hundida en su desayuno y yo salgo corriendo de ahí, no sin antes notar el ceño fruncido con un toque de impresión. Mala suerte porque él me vio yendo hacia mi hermano y ni se percató de mis intenciones porque no es más que un tonto.

- ¡Aggh, Cristal, eres una zorra! -me grita a lo lejos. Yo ya me encuentro en la puerta y la cierro, para después correr hacia la parada del autobús.

Corro y corro hacia la parada. Bueno, en realidad troto. O camino rápido. Yo no soy admiradora de correr o trotar, así que. Pero la cosa es que llego pronto al lugar para esperar mi autobús e ir al instituto. Decido revisar la hora del celular, porque noto que no hay nadie por los alrededores. Me quedo sorprendida al notar que apenas son las siete y diez. ¿Tan temprano he salido? Si siempre salgo a las siete y viente. ¿Cómo no miré la hora antes de venir? Posiblemente hoy mi cabeza está en otro lado.

Los minutos  van pasando y nadie llega a la parada. Miro a todos lados, y no hay ni un alma. Pero me animo cuando dos chicas vienen acercándose. Que bueno, así no estoy tan sola. He tenido suerte. Aunque fue mi culpa por salir tan temprano.

Mi ánimo se va por el drenaje cuando ellas hacen parar un taxi y se suben a él. Me quedo observando lo felices que se ven, y lo cómodas que se sienten. El taxi arranca y me cruzo de brazos sintiéndome más autista que nunca en lo que ha avanzado este año escolar.

Miro el celular, queriendo saber la hora que ya es, y me sorprendo todavía más cuando noto que son veinte para las ocho. ¿Qué es lo que sucede? ¡Voy a llegar tarde! ¡Que alguien me ilumine! Yo no soporto llegar tarde, no va conmigo. ¿Qué hago? ¡Me lleva treinta minutos de camino o un poco más llegar al instituto en el autobús! Estoy destinada.

Decido aceptar la realidad, por lo que me levanto del asiento de la parada para poder volver a casa. Ni loca llegaría caminando. Preferible no ir, a llegar tarde. Pero al estar de pie, me sorprendo cuando el auto de Seth viene acercándose a donde yo me encuentro, y se detiene. Cualquier persona reconocería tal joya. Incluyéndome. Alguien baja la ventana y Drew saca su cabeza.

- Eres tan ingenua que se te olvidó que hoy había paro de autobuses -dicho eso, comienza a reír tan fuerte que por poco debo taparme los oídos.
- ¿Qué paro? -pregunto confundida.
- El que te dije ayer. Que hoy ningún autobús iba a hacer sus recorridos por la ciudad.
- ¿Cuándo me dijiste eso según tú, Drew? -escupo enojada- ¡Jamás me dijiste nada! ¿Cómo pudiste? Juro que no te voy a perdonar, ¡Estás acabado!
- Vaya, debí haberlo olvidado -se ríe aún más fuerte y luego escucho las risas de Seth tras él. Era obvio que no me lo dio a por saber apropósito- Cómo lo siento. Ups.

Lo fulmino con la mirada y comienzo a correr. No me gusta, pero lo hago sólo para alejarme de ese par. Siento que el vehículo va avanzando luego de que yo estoy unos metros por delante, lo que sólo logra que me enfade más.

- ¿Quieres que te llevemos al instituto? -me pregunta por la ventanilla.
- Púdrete -escupo. Me voy cansando y redujo la velocidad.
- Súbete al auto y ya, Cristal -lo miro y está frunciendo el ceño.
- No quiero.
- ¿Crees que te lo digo porque enserio deseo que te vayas con nosotros? Lo hago sólo porque Seth me dijo que lo hiciera.
- No pienso tragarme eso, lo que pasa es que no puedes vivir sin mí -comienzo a burlarme de él- No tiene nada de malo que no puedas vivir sin tu increíble hermanita.
- Sube o te mato.
- Tendrás que matarme.

El auto se detiene y entonces comienzo a correr otra vez. Siento que una de las puertas del vehículo se cierra de un portazo y escucho pasos rápidos junto con el crujido de la tierra. Intento correr aún más, pero mi intento es en vano porque de un momento a otro estoy en los hombros de mi detestable hermano. ¡Que me deje en paz!

- ¡Bájame! -comienzo a golpear su torso, tan duro como una roca- ¡Auxilio, a alguien!
- Haz lo que quieras, no te voy a soltar. Y nadie va a ayudarte.

Cuando me baja, noto el auto en frente de mí y me empuja dentro de él a los asientos traseros, bruscamente. Caigo recostada y luego tira mi mochila sobre mí. Cierra la puerta, se mete en el lugar del copiloto y de pronto siento el ruido que suena al poner los seguros para niños. Me dispongo a mirar a Seth y tiene la mano en el botón para activarlos. Drew se gira hacia mí, luciendo un poco enojado.

- Para que no te escapes.
- Te odio -me percato de lo que digo de inmediato- No, los odio a ambos. Uno me obliga a hacer lo que no quiero y el otro, con quien jamás he hablado y no me interesa hablar, se burla de mí y de lo que me haces, y encima está de tu lado. ¡Odio mi vida! -golpeo con mis puños el asiento, sin intención de dejar de estar ahí tirada. Mi furia está hasta la coronilla.
- No seas tan dramática, Cristal. No es para tanto. Deberías agradecer a Seth, que se ha ofrecido a llevarte a tu feo instituto por su propia cuenta.

Miro a Seth por el espejo retrovisor, y está mirándome con una ceja alzada. ¿Acaso está esperando que enserio le agradezca? ¡Si he sido metida aquí contra mi voluntad! Por lo que ignoro su mirada y me quedo en la misma posición. Estos serán los posibles peores minutos de toda mi vida.

♥♥♥

Es tarde, las doce y media, pero no quería subir mañana, estaba decidida a hacerlo hoy así que aquí lo tienen. Me han corregido, en el capítulo anterior, al final, dije que subiría el martes y la cosa era viernes, me ha dado mucha risa, ¡gracias a la chica que me lo dijo! De lo contrario, ni cuenta me doy.
¡Adiós, y nos vemos aquí el Martes! Ahora sí es el Martes JAJAJA. Bueno. Buenas noches. Es todo. Tengan dulces sueños.




27 de enero de 2015

Capítulo ocho - Fresa con Chocolate.



Fabiola

Sé que a los padres de Cristal les debe de molestar que sus hijos peleen en frente de nosotros. Digo, lo demuestran y lo dicen, es lo más obvio del mundo. Pero no me molesta. Yo me siento bien enterándome y dándome cuenta de cómo es su vida en su hogar.

Mientras las conversaciones transcurren, Cristal toma un poco de miga de pan y hace pequeñas bolitas, para luego lanzar una por una a Drew. Él la fulmina con la mirada, entonces él mismo mira a su padre, para ver si se da cuenta de lo que ella le hace. Después Cristal lanza una por detrás de mí a Alejandro, llegando en su oído, y él mira para todos lados para ver de dónde ha venido eso. No puedo evitar reír. Le lanza otra y le llega justo en la boca. Esto hace que se atragante y comience a toser.

El poco de té que tenía en su boca comienza a salirse y a caer a su taza, y pone una cara tan horrible y desarmada que podría tomarse como una repentina mutación.

- ¡Mira que horrible se ha puesto! -exclama Cristal, partiéndose de risa, lo que hace que la mía solo crezca aún más. Ambas nos deleitamos viendo lo mal que se pone, lo feo y arrugado- ¡Papá, mamá, mírenlo, por favor!

Todos comienzan a reír, mientras mi mejor amiga no está consciente de eso y sólo se burla de Alejandro, mientras le grita que es un chimpancé que se escapó de un laboratorio lleno de virus.

Mientras intento controlar mi risa, sin querer miro a Drew, y el corazón me da un vuelco cuando me doy cuenta de que está mirándome. Su risa se ha ido y solo queda seriedad en su rostro. Rápidamente, bajo la mirada. Me pone nerviosa que la gente me mire.

Luego de unos segundos decido volver a mirarlo para ver si aún está pendiente de lo que hago. Me arrepiento al instante de hacerlo, porque aún tiene sus ojos fijos en mí. La intensidad con la que me mira parece irreal. ¿Será que ya me he ganado odio por su parte? No me sorprendería, pero no es lo que más quiero en este momento. Definitivamente, no.

- Fabiola, ¿Tienes novio? -siento que me preguntan. Miro hacia mi lado.
- Uhm, no, Alejandro -respondo extrañada- No tengo novio.
- ¡Que suerte! -exclama, alzando los brazos- ¿Qué te parece si eres mi novia?
- ¿Disculpa? -lo miro incrédula.
- ¡Alejandro! -interviene Cristal- Iugh. No puedo creer que le hayas preguntado eso a mi más mejor amiga en todo el mundo. Santo cielo, ¿Fui la única que escuchó eso?
- Oye cabrón, no le preguntes eso a la señorita -le dice Drew. Lo miro más incrédula que como lo había hecho con Alejandro. ¿Ha dicho señorita?- Que sepas que es mía. Me pertenece.

Aguanto mis ganas de querer abrir la boca hasta el piso con la impresión. Miro a Cristal, que está tan impresionada como yo. De un momento a otro Seth y Drew chocan los puños en señal de victoria, mientras se ríen.

- Esa estuvo buena -comenta Seth en voz baja, tratando de no reír.
- Pues claro. Somos los Dioses, compadre -es lo que le dice Drew a eso.
- ¡Nada que Dioses! -vuelve a intervenir mi amiga- No te burles de ella de esa forma. Fabiola no tiene dueño. Por Dios, ¿Sabes qué? Podría ser de cualquiera, pero tuya nunca. ¿No es cierto, amiga? -me pregunta. Yo he permanecido callada porque no sé qué decir. No estoy acostumbrada a este tipo de situaciones, ¡Para nada!- ¿Verdad que ningún idiota en esta casa tiene poder sobre ti?
- Es toda la verdad -respondo firme, sin querer que se note nada de lo que en realidad siento. Cristal sonríe- No tengo interés en nada que tenga que ver sobre chicos.
- Por favor, Drew -se mete el padre de ellos- No seas desubicado. Fabiola es una chica educada y se comporta como una dama. ¿Tan bajo vas a caer molestando a chicas como ella? ¿No deberías tener un poco de uso de razón?
- Oh -suelta Cristal, tapándose la boca y conteniendo su risa- Prácticamente, acaban de decir que estás por debajo de Fabiola. Que no llegas a su altura. Lo que es cierto, jamás nadie podrá ser como ella -la miro sonriendo, agradecida por lo que dice y por cómo habla de mí- Y menos tú. Sólo mírate. ¡Asco!
- No he dicho lo contrario -se defiende Drew- Chicas como ella son inalcanzables. Para qué hablar de ti, ambas son iguales -le dice. Yo solo me callo. ¿Inalcanzable?- En diferentes sentidos. Porque se creen superiores. Y a nosotros dos no nos gustan las chicas así.
- No tienes ni idea de lo que dices -pienso. Y de pronto todos me quedan mirando. Seth, Cristal, y Drew. ¿Lo he dicho en voz alta?

Tomo otra galleta y comienzo a comerla, queriendo que tomen eso como un: Lo siento, estoy ocupada, no puedo hablar más. No he querido decir eso, simplemente se me ha salido. Pero es la verdad, porque no me siento inalcanzable. No me siento superior a los demás. Como he dicho, él no tiene ni idea de lo que está hablando. Sólo se deja guiar por lo que cree.

- Drew -dice Cristal, de repente, sacándome del momento incómodo junto con sus miradas- Tú y yo vamos a hablar más tarde.
- ¿De qué, hermanita? -coge una galleta igual que yo. Comienza a morderla, de forma lenta y pasiva,  teniendo su boca en una media sonrisa, mientras me observa. Siento un vuelco aterrador en el pecho. ¡Suficiente! ¡Está burlándose de mí!
- Cristal, Dios -interrumpo su conversación rápidamente- Olvidé que dejé el frasco con pintura encima de tu cama. ¡Debe de estar abierto con la cama manchada! -ella capta de inmediato y como es buena disimulando y es la reina del drama, ni siquiera se nota que disimula.
- ¡No puede ser, mi cama! -grita en voz alta- Mamá, estaremos arriba. Es una emergencia.

Nos paramos de las sillas y corremos a través de la sala, subiendo las escaleras y terminamos encerrándonos en su habitación. Respiro agitada, apoyada contra la puerta como si corriera el gran riesgo de que alguien de abajo viniera como un salvaje y entrara a atacarme. Estoy aterrada. No sé cuánto tiempo paso en la misma posición.

- Lamento la escena de mi hermanito -dice Cristal. Su voz está tan pasiva, que me extraña. La miro y está sentada por la cabecera de la cama, con un libro entre sus manos, leyéndolo, o simulando hacerlo. Incluso se ha puesto unas gafas sin aumento.
- ¿Lamentarlo? ¿Por qué deberías? -pregunto con cierto tono de sarcasmo- Digo, no ha pasado nada. Solamente se ha burlado de mí, y ha querido, de alguna forma, coquetear. Eso no es nada, ¿O no?

Al terminar de hablar me doy cuenta de que me he pasado un poco. No era necesario decir eso. Capaz ni siquiera intentó coquetear. Quizás es costumbre de él morder la galleta de esa forma, mientras mira a una chica.

Cristal baja un poco sus gafas hacia su nariz. Baja el libro a sus piernas y me observa detenidamente. Parece tan aplicada que incluso luce graciosa.

- ¿Quieres hablar de eso? -me pregunta.
- Sí quiero.
- Bueno, tienes suerte. Tu cajita de secretos llamada Cristal, está libre para guardar en un lugar acogedor todos tus secretos y sentimientos -da palmaditas cerca de donde está ella, sonriendo pasivamente- Puedes empezar cuando quieras.

Camino hacia allá y me lanzo de espaldas en la cama. Miro el techo como una escapatoria de la realidad, de lo que acaba de pasar. Tiene estrellas pequeñas y otras medianas. No se nota que brillan porque la luz de la habitación está encendida. No puedo creer que no las haya quitado, porque se las regaló esa persona que ninguna de las dos está dispuesta a nombrar. Y me siento algo tonta porque, a pesar de que estuve bastante rato mirando este mismo techo por la tarde, no me había dado cuenta de que estaban ahí.

- Yo... -comienzo a hablar, y me aclaro la garganta- No sé si he alucinado o malinterpretado lo que él hizo. Me ha dejado algo nerviosa.
- ¿Te refieres al incidente con la galleta? -pregunta- ¿O a la propuesta de pareja de Alejandro?
- Obviamente a la galleta -la miro como si fuese una broma lo que ha dicho.
- No lo has malinterpretado, ni alucinado. Drew intentó lucir excesivamente sexy para ti. Lástima que no le sale. Digo, es Drew -no la miro pero sé que hace una mueca de asco.
- ¿Me toma como si fuese un títere de payaso, con quien él podrá divertirse?
- Es muy probable. Sus amigos o más bien ex-amigos, también me molestaban así.
- ¿Con la galleta?
- ¡No! -se apresura a exclamar- Bueno, pero lo hacían con piropos molestos que eran tan sarcásticos que dolía -responde.

Vuelvo a mirar el techo y comienzo a pasarme mil y un películas por la cabeza. Siempre he sido así. Doy demasiadas vueltas a las cosas. Cristal se refiere a eso como: Pensar demasiado. Y admito que es muy molesto. Porque no puedo estar ni un solo momento en paz, sin pensar lo que podría, lo que sucedería, lo que no podrá, lo que no sucederá.

- Tengo miedo de caer bajo en un futuro, por esto -digo. Y siento la rápida mirada de Cristal venir hacia mí como si no pudiera creer lo que he dicho.
- Oh, no -es lo que se limita a decir- ¿Has sentido algo?
- No -digo- No en ese sentido. Solamente me he sorprendido y puesto nerviosa. ¿Pero y si llega un momento en que esto continúa, y se me va de las manos?

Cristal no me responde, y ambas quedamos en silencio. Lo que pasa es, que los chicos solían dañarme fácilmente. Me refiero a que suelo encariñarme demasiado rápido de quien no debería. De quien no lo vale. Obvio no de personas como Drew, con su personalidad. Pero sí de otras. Así que, ¿Qué pasaría si de un momento a otro veo y siento cosas tontas por un chico como él? Porque es la primera persona así con quien me he relacionado. Es algo nuevo para mí.

Siento un ligero suspiro de parte de Cristal, y como si fuese una conexión, suelto otro. Ella deja el libro que tenía en sus manos encima de la mesita, y se recuesta a mi lado, para luego quedar mirando el techo, tal y como yo.

- Piensas demasiado, Fabiola -me dice, y sé que tiene razón- Deja que las cosas pasen, y sólo no pienses. En ocasiones, el pensar así te hace creer, en un futuro, que quieres cosas, pero que en realidad no las quieres. Te confunde el analizarlo todo. Sólo déjalo.

+++

Luego de nuestra pequeña charla sobre lo que yo sentía, me siento un poco mejor. Así que nos pusimos a ver una película que ya terminó. Son exactamente las diez de la noche, y mamá aún no me llama. ¿Porqué no lo hará?

Justo en ese momento, suena mi celular. Cristal lo alcanza de la mesita, y me lo entrega. Sin darme cuenta ya lo tengo en mi oído.

- ¿Aló?
- Hija, ya es hora de que vuelvas a casa -me dice- Es tarde.
- Está bien -le digo de mala gana. El que estuviera esperando su llamada, no quería decir que quisiese irme- Creí que llamarías más temprano.
- Estás en la casa de Cristal, así que no hay problema -me dice- ¿Ella está por ahí? -pregunta, y pongo el altavoz para que mi mejor amiga escuche.
- Sí, está escuchando ahora mismo -le digo.
- ¡Cristal! ¿Cómo has estado? -pregunta.
- Bien, tía -responde Cristal, animada- Muchas gracias por permitir a Fabiola el venir hoy.
- No hay de qué. Pero quería pedirte un favor. ¿Dejarías a Fabiola en el autobús, para que no le vaya a pasar algo? La esperaré en donde se baje.
- ¡Claro! Eso iba a hacer -le dice Cristal- No la dejaré ir sola hasta allá.
- Muchas gracias -agradece mamá- No llegues tarde, hija.
- Bueno -y eso es todo, porque ella corta.

Con Cristal salimos de la habitación, caminamos por el pasillo y bajamos las escaleras. El segundo piso tiene tres habitaciones. La de Cristal está al fondo. Las más cerca de la escalera son la de sus padres, y la otra la comparten Drew y Alejandro, supongo. Pero cuando llegamos abajo, me sorprendo al darme cuenta de que todos siguen muy a gusto conversando en la mesa, y aún comen.

- ¡Papá! -lo llama Cristal. Todos se quedan en silencio tan rápido y sus miradas quedan tan fijas en nosotras, que da un poco de miedo- Iré a dejar a Fabiola a la parada.
- ¿Sola? -pregunta él, mirando su reloj- Es muy tarde. No. No lo permitiré.
- ¡Pero si queda muy cerca! -se queja ella- No va a suceder nada, por Dios.
- Las voy a acompañar -comienza a ponerse de pie.

Cristal mira a su padre con un poco de pena, y me percato de que Drew lo mira de la misma foma. No puedo evitar darme cuenta de que Drew y Seth comienzan a discutir algo en voz baja. Pero no digo nada, solamente espero a ver qué pasa.

A diferencia de mi mejor amiga, yo soy muy observadora. Bastante. Me fijo en todo. Cristal, por su lado, es muy distraída y se da cuenta de casi ninguna cosa que incluya un secreto, o algo interesante que debería de llamarle la atención. Se fija en sólo lo que ella encuentra que es importante, como una vestimenta o algo incorrecto que hace una persona. No digo esto porque me moleste, si no porque son unas de las cosas que la hacen tan especial para mí. Es muy diferente a su manera, y soy la única que conoce todas las facetas de ella.

- Papá, Seth y yo vamos a ir con las chicas -le dice Drew- Tú ve a acostarte no más. Volveremos enseguida, ¿Vale?

La cara del padre de Cristal se ilumina. Se nota que no tenía ganas de ir a dejarnos. El pobre hombre ya se nota un poco cansado. Siempre se duerme temprano, según dice mi amiga, por lo que como hoy no lo ha hecho, debe de estarlo mucho.

Drew parece no tener ganas de hacerlo a pesar de haberse ofrecido, porque frunce el ceño y de mala gana se pone de pie, seguido por Seth. Miro a Cristal y ella está con los brazos cruzados y con su peso apoyado en una sola pierna, moviendo los dedos impaciente, como si se estuvieran demorando mucho. No puedo evitar reír a eso. Ella me mira al percatarse, y a pesar de no saber qué es lo que me hace gracia, sonríe.

Los dos se encaminan hacia nosotras. Y al estar a una distancia considerable, Cristal abre la puerta. Me despido con la mano de sus padres, y ambos me devuelven el gesto con una sonrisa. Alejandro voltea y hace lo mismo, pero pierde el equilibrio. Alcanza a afirmarse, pero su celular cae al piso.

Salimos de ahí, pasamos por debajo del parrón y caminamos hacia la puerta que da hacia la calle. Cristal y yo vamos por delante, y los chicos se quedan atrás, siguiendo nuestro paso. No hace nada de frío, más bien es una noche completamente exquisita y cálida.

Ambas nos vamos por el medio de la calle, porque no viene ningún auto. Habíamos comentado que nos encantaba hacer eso cuando íbamos a algún lado por la noche, y por fin lo estábamos haciendo juntas.

- ¡Cristal, si viene un auto y las atropella no va a ser mi culpa! -siento que grita Drew, unos metros tras nosotras.

Seguimos nuestro rumbo, ignorándolo por completo. Ruedo los ojos. ¡No viene ningún auto, y no hay ni un miserable ruido! Los hombres aveces son unos exagerados.

- La he pasado muy bien hoy -dice Cristal. Yo paso mi brazo por debajo y rodeo el suyo.
- Yo también la he pasado muy bien -le digo- Ha estado perfecto. ¿Cuando vamos a repetirlo? Estoy ansiosa.
- El viernes, si es posible -responde ella, sonriente- Si Drew sale, por supuesto.
- Sí, así sería mejor -suelto- Ya me he dado cuenta de que es un poco molesto.
- Lamento eso, por cierto -se disculpa.
- No importa, supongo que tendré que acostumbrarme -me encojo de hombros.

Llegamos a la parada, y esperamos a que pase mi autobús. Los chicos se sientan en los asientos que hay para esperar cómodos. Somos los únicos en el lugar. Me quedo pendiente de todo lo que anda en la carretera, para saber cuando viene el que me corresponde. Es sólo porque sé que Cristal no lo hará por mí. Su vista para ver cosas lejanas es tan mala que duele.

- ¡Ahí viene mi autobús! -grito, más fuerte de lo que quería. Me tapo la boca. Cristal mira fijamente al transporte que viene no tan lejos. Achina los ojos, e intenta ver bien. Luego, se rodea los ojos con los dedos, como si fuesen un binocular.
- ¿Cómo lo sabes? -me pregunta, aún intentando ver.
- Porque se ve muy bien -le digo riendo- ¿Le has dicho a tu padre sobre tu visión?
- Sí, le dije -deja de rodear sus ojos y me mira fijamente- Dice que me llevará al oculista en cuanto tenga tiempo y el dinero.
- Que bien. Bueno, me voy -aviso. Los chicos se ponen de pie y se acercan, cosa que no me esperé. Bueno, deben de estar impacientes por irse.

Me acerco a Cristal y la abrazo, para luego besar su mejilla. Ella hace lo mismo. Nos separamos después de unos segundos. Siento el autobús estacionar tras de mí. Miro a Drew y a Seth, que me miran fijamente. Sin embargo no me despido, paso de largo, así que sólo subo al autobús. Probablemente un poco descortés, pero bueno.

Pago mi pasaje. Me siento en el último lugar, el del fondo en la ventana. Cristal sonríe y levanta el dedo pulgar en aprobación. Sé que es porque le ha causado gracia que haya pasado de su hermano y su amigo así como si nada. Le digo adiós con la mano, y luego ya no los veo.

♥♥♥


Uy, para qué les cuento, por poco olvido subir. No sé, he estado algo ocupada y pues se me pasa. Pero bueno, ojalas les haya parecido interesante la narración de Fabiola, a mí en lo personal me ha fascinado, me gusta escribir sobre las dos personajes. Ahora un aviso:

He comenzado a subir Fresa con Chocolate a Wattpad, así que si quieren pueden seguirme o leer la novela por ahí, si les parece más cómodo. 

No olviden dejar +5 comentarios para que suba el martes, las adoro, muchas gracias por todo. Yo sé que a varias Cristal ahora les cae peor o les ha dejado de caer bien, pero ya entenderán. Un beso enorme, y buenas noches. Tengan buen día mañana. Chaaao.


23 de enero de 2015

Capítulo siete - Fresa con Chocolate.



Finalmente, estamos en la puerta de la casa. Miro a Fabiola, asegurándome de que aún no se ha arrepentido de entrar. Ella sonríe tímidamente, y me indica con un movimiento de cabeza la cerradura. Suspiro, saco mis llaves de mi bolsillo, para luego introducirla en donde debía. La giro, y esta se abre.

La verdad es que estoy nerviosa porque pienso cada cosa, y eso me hace tener un poco de miedo. No soportaría perder a mi mejor amiga por culpa de mi hermano. O más bien, de los amigos que él tenga. Tal vez el aparente mejor amigo de mi hermano, ese Seth, no la moleste si está solo, porque ni conmigo lo ha hecho. ¿Pero qué pasa si han venido más tipos? En grupo son el problema. Rezo para que este año no sea igual que los anteriores.

Retiro la llave, y me dispongo a abrir la puerta por completo. Nada más al mirar hacia adentro, noto que mamá y papá ya habían llegado, así como predije. Ambos estaban sentados en la mesa. Pero mi sorpresa fue grande, porque conversando con ellos estaban Drew y Seth. Por poco se me cae la cara.

Dejo pasar a Fabiola, pero nadie se ha percatado siquiera de que hemos entrado. Cierro la puerta más fuerte de lo que quería, y todas las cabezas giran en nuestra dirección. Sé que ambas estamos demasiado cohibidas porque permanecemos calladas mirando hacia cualquier lado.

- ¡Cristal! ¡Fabiola! -grita mamá- Llegan a tiempo, estábamos ya listos para tomar el té.
- Sí, hijas -dice papá, refiriéndose a las dos. Siempre llama hija a Fabiola. Mamá igual, aveces. Pero me gusta mucho- ¿A donde habían ido?
- Al parque -respondo cortante, sin haberlo querido.
- ¡Que bueno! Por fin tomando aire libre -comenta con una sonrisa- Siempre estando encerradas y en el internet, ¡Había que hacer algo al respecto!

Todos comienzan a reír como si sus palabras hubieran sido las más chistosas del mundo pero Fabiola y yo permanecimos mirándonos la una a la otra, como si quisiéramos huir. Mamá trae el hervidor y comienza a echar agua en las tazas.

- Oh, por cierto -dice de repente ella- Nuestra visita, Seth, se quedará a tomar el té con nosotros. Desde ahora va a incorporarse más a esta familia.
- Sí -habla papá ahora- No es por nada, pero es la primera amistad de tu hermano con la que estoy completamente de acuerdo, y eso que estoy apenas conociéndolo -lo halaga de tal forma que Seth sonríe ampliamente, y Drew asiente con la cabeza. Mamá vuelve a la cocina sonriente- ¡Pero chicas! ¿Qué hacen ahí paradas? ¡Vamos, a la mesa!
- Uhm, no -me niego- ¿Podemos tomar el té en mi habitación?
- ¡Cristal, claro que no! -me reprende mamá, ahora saliendo de la cocina, sentándose en la mesa- Tenemos dos invitados. No seas maleducada.

Ruedo los ojos, y a duras penas me encamino con mi mejor amiga hacia donde debemos ir. Ambas nos sentamos una al lado de la otra. Alejandro baja las escaleras corriendo como cual animal que huye de un depredador.

Me percato de que quedo justo en frente de Seth. Fabiola queda frente a Drew. Es todo absolutamente incómodo. ¡Me niego a levantar mi cabeza, o a mirarlo! ¿Por qué tuvo que quedarse a tomar el té? ¿Por qué? Podría apostar a que papá lo invitó a quedarse. Él siempre invita a medio mundo a casa, es siempre tan amigable que me dan ganas de vomitar.

- ¡Oigan! -se queja Alejandro, a mi lado- ¿Dónde quedo yo? Están ocupando mi silla -mira a Seth.
- ¡Vaya, hijo! -se percata papá- ¿Estabas en casa?
- Sí -responde Alejandro como si fuese lo más obvio del mundo- En mi habitación.
- Cristal, ¿Te fuiste y lo dejaste solo aquí? -me pregunta cruzándose de brazos.
- En mi defensa, me olvidé por completo de su existencia -me encojo de hombros.
- ¿Cómo pudiste dejarme solo? -me reclama Alejandro, paranoico- ¡Pudo haber un temblor, un terremoto, o un corte de luz! ¿Qué es lo que te pasa?
- ¿Pero qué es lo que alegas? -le pregunto- ¡Si ni cuenta te diste! Te gusta pelear, ¿No?
- ¡Chicos, ya basta! -nos reprende mamá- ¿Qué no ven que tenemos visitas? Fabiola y Seth no deben de sentirse agradecidos por presenciar sus discusiones. Ahora, Alejandro, trae la silla de la cocina y ponte al lado de tu padre.

Él hace lo que le pide y de pronto todos nos quedamos en silencio, echando azúcar al té, o sacando un pan, o comiendo una de las galletas que mamá a puesto para servir. Me siento tan cohibida que no puedo hacer otra cosa que ver fíjamente el líquido café claro de mi taza.

- Vaya, Cristal -me habla Drew, y de pronto todos me observan- ¿Te comieron la lengua los ratones? Es raro verte callada.
- Es cierto, hija. No estás hablando como sueles hacer. ¿Algo anda mal? -pregunta papá, pero él lo pregunta enserio, porque siento su voz sin gracia alguna.
- No, no pasa nada -digo, sin levantar la mirada- Solamente estoy cansada.
- Claro, cansada -dice Drew, riendo- ¿Acaso tienes vergüenza?

Alzo mi cabeza rápidamente y lo miro desafiante. Tiene una sonrisa tan irónica y satisfecha que me hace entrar en rabia.

- Cállate Drew, no tengo nada de vergüenza. Disculpa por ser más moderada que tú con las palabras -le digo- Boca floja, y encima, envidioso.

Me quedo callada, tomo la cuchara y comienzo a revolver mi té. Sin duda tengo un hermano mayor que es un completo abusador y aprovechado. ¡Lo detesto!

Decido que tengo que armarme de valor y hacer como si no sintiera nada. Drew ya está notando que no me siento bien estando aquí en la mesa en este momento, y no puedo permitir que siga a más. Así que alzo mi cabeza y miro a todos, completamente normal. Observo a Fabiola y ella está comiendo una galleta. Me sonríe y le devuelvo el gesto.

- Ya, ya, relájense -mamá pone un alto- Pero bueno, ahora podemos retomar la conversación de antes de que llegaran las chicas -se aclara la garganta- Seth, cariño, ¿Piensas estudiar algo más después de Artes? Nosotros le hemos dicho a Drew que debería hacer eso -suelto una pequeña carcajada sin poder evitarlo, y en un segundo tengo una mirada asesina de parte de Drew. Seth, en cambio, me mira sin mostrar emoción alguna.
- ¿Hay algo tan gracioso? -me pregunta mi hermano.
- Sí. ¿Sabes por qué? -tomo una galleta del plato- Porque con el salario que ganarás haciendo dibujos no te alcanzará para nada, así que, prácticamente, ambos están obligados a hacer algo más útil -comento- Además, quizás ni siquiera serás capaz de estudiar algo más.
- ¿Y tú que sabes? Eres una molestia, Cristal. Nosotros sabemos lo que vamos a hacer -me dice, aún mirándome mal- No te metas.
- No me estoy metiendo. Estoy dando mi opinión -sonrío de lado.
- No los soporto, dejen de tratarse así. Cristal, por favor -me pide papá, con una mirada suplicante. Luego mira a Fabiola.
- Fabiola, hija, ¿Tú qué opinas? ¿Deberían estos jóvenes estudiar algo más? -todos esperamos una respuesta de su parte. Ella traga la galleta que tenía en la boca, y se dispone a hablar.
- La verdad es que sí, estoy de acuerdo con Cristal -dice ella. Yo sonrío aún más- Pero no me refiero a eso porque vayan a ganar un salario bajo, si no porque creo que siempre está bien estudiar más de una cosa. Mi papá dice que si en un futuro no te sale un trabajo con algo, te saldrá con lo otro.
- ¡Eso es cierto! -concuerda papá, con una mirada de admiración hacia mi amiga- Estoy completamente de acuerdo contigo. Yo, de hecho, pienso lo mismo.
- ¿Se imaginan a Drew con cotona blanca, dando clases en una escuela? -pregunto riendo. Fabiola intenta aguantar, pero no lo logra y se ríe, seguido de Alejandro, que también lo hace, sólo lo que él al hacerlo está mostrando toda la comida masticada de su boca- ¿Qué clase de educación les enseñará cuando ni él la tiene?
- Bueno, como iba a decir -se escucha la grave voz de Seth, sorprendiéndome. No esperaba que hablara. Lo fulmino con la mirada como primera reacción, pero no se da cuenta porque no me está observando. Yo intentaba vengarme de Drew, y él acaba impedir que continúe- Yo y Drew sí pensamos estudiar algo después de Artes. No sé, tal vez Música.
- Claro -comento, pero no directamente hacia él, más bien al aire, a quien sea, porque no quiero cruzar palabras con su persona- Artes y Música podrían ser las dos carreras que te permiten ser profesor, que menos horas tienen a la semana.
- Cristal, ya basta, por el amor de Dios -me dice mamá, tocando su cien con sus dedos, mientras tiene sus codos apoyados en la mesa.
- ¿Qué cojones tiene de malo que tengan pocas horas? -se mete Drew- ¡Te pones como profesor en más de una escuela y ya! Joder, ¡Qué alguien la saque de aquí!
- Está bien lo que dice, ¿No? -habla Fabiola, defendiéndome- Ella solo está dando su opinión. Es su punto de vista.

Miro a Fabiola, impactada. No se me pasó por la cabeza que ella podría defenderme en una ocasión por algo que dijera Drew. Menos si es la primera vez que se ven. Después dirijo mi mirada hacia Drew, y la está mirando fijamente. No con odio, o molestia, ni nada de eso. Simplemente la mira. Como analizándola. Se ha quedado callado, y no le ha dicho nada. ¿Qué le pasa? Le han tapado la boca. ¡Se lo merece!

- Lo que dices también  es cierto -concuerda papá con ella. Luego mira a Drew- No lo ha dicho riendo, o burlándose de ti -ahora se vuelve a mirarme a mí- Pero Cristal, hija. Por favor, ten un pongo más de respeto. Seth estaba hablando. Cuando él termine, puedes hacerlo tú.

Me encojo de hombros y comienzo a comer mi galleta. Papá está fascinado con mi mejor amiga. Que bueno que la he traído a casa. Antes, cuando tenía unos catorce años, siempre me reñía porque las amigas que tenía en ese entonces no le agradaban. Y lo entiendo, porque todas ellas fueron unas tacañas miserables que merecen lo peor. Yo nunca le hice caso en ese entonces, y luego me di cuenta.

- Seth, hombre -continúa papá- ¿Así que te gusta la música igual que a Drew? Me sorprende que tengan tanto en común.
- Sí -responde él, apoya sus codos en la mesa y una de sus manos en su mentón-, nos percatamos de que nos parecíamos mucho cuando en la universidad nos hicieron sentar con alguien que no conocíamos para poder socializar -contó. Yo soplo hacia mi taza y doy un sorbo al té- Entonces, nos hicimos preguntas y al darnos cuenta de que nos parecíamos, decidimos que podríamos, ya saben, juntarnos más.
- Ahora no nos despegamos -termina Drew por él, sonriendo felizmente.
- Gays -comenta Alejandro. Fabiola y yo explotamos en carcajadas.
- No somos gays, he tenido a chicas y me gustan mucho -le dice Drew, fulminándolo- ¿Tienes algo en contra de la gente que siente atracción por el sexo opuesto? Ya veo que lo de discriminación viene de familia.

Alejandro lo mira sin entender, y yo comienzo a hervir porque sé que lo ha dicho por mí. Fabiola me mira, también sabiendo a lo que se refería. Quiero saltar a la mesa y tirarle lo que sea encima. Acaba de empezar a sacarme de mis casillas.

- Si vas a decirme algo, dímelo directamente en lugar de estar lanzándome indirectas de porquería -escupo, sin intentar ocultar mi molestia- Cobarde.
- ¿Te ha caído, princesa perfecta? -se pone a reír.
- ¡Sí! -grito- ¡O me tratas como una princesa, porque lo soy -le digo amenazante- o cállate y no estés diciendo cosas en frente de los demás para luego hacerte el inocente!
- ¡Ya, de una vez córtenla! -nos pide papá, queriendo calmarse- ¿Qué es lo que pasa con ustedes dos? Están tirándose cosas entre ambos por cualquier tontería. ¿Han tenido algún problema del que ninguno de nosotros está enterado? Porque quisiera saberlo ya. No sé cómo no les da verguenza, tenemos a gente en la casa y ustedes comportándose como salvajes. ¡Parecen viejos de barrio!

Todos en la mesa permanecen en silencio, y ahora yo me siento un poco culpable. Jamás me ha gustado dejar mal a papá. ¡Pero mi hermano mayor molesto me hace exasperar! ¿Qué es lo que esperan que haga? Solo tengo una opción ahora.

- Lo siento, papá. Pero Drew ha comenzado -le digo, bajando la voz- Yo ya no estaba diciéndole nada. Lo lamento, ya, voy a comportarme -me acomodo en la silla, ya más relajada, y me intento tirar aire con una de mis manos- Lo lamento.

Bajo la mirada, para que sepan que lo digo de verdad. Papá agradece que me haya disculpado, y todo vuelve a la normalidad. Nuevas conversaciones comienzan entre ellos. Parece que a Seth le hacen un completo interrogatorio pero él responde como si nada. Pero no puedo evitar sentir la mirada de él a cada momento. No por largo tiempo, pero cada cierto momento en que habla, dirige su mirada hacia mí. Ni siquiera se molesta en disimularlo.

¿Por qué lo hace? ¿Se estará riendo de mí por dentro? ¿O está tratando de darse cuenta de lo que en realidad pasa, o de lo que ronda por mi cabeza? Seguro lo hace apropósito y eso me hace poner molesta. Últimamente me molesto mucho. ¡No lo soporto! ¡Un poco más y me pondré como una pasita! Eso. No. Puede. Suceder.


♥♥♥

Iba a subir el capítulo anoche a las doce, pero es que tengo una visita y pues lo olvidé porque llegó tarde y me pasé la noche haciendo otras cosas. Quiero agradecer a cada una de las que comentan y me dan sus buenos deseos. Ah y por cierto, Candy, una lectora, me ha preguntado la razón de por qué le he puesto Fresa con Chocolate a la novela. Uy pues eso no lo puedo decir, i'm sorry, pero puedo asegurar que al pasar la novela se enterarán, no falta tanto para eso, y creo que les hará reír. ¡Un beso a todas! +5 comentarios para que suba el martes y voten en reacciones.  ¡Adiós!