23 de mayo de 2015

Capítulo treinta y dos - Fresa con Chocolate.



Fabiola sujeta mi brazo y me cuenta con todo su entusiasmo lo bien que la pasó nadando con Drew la tarde de ayer. La escucho enternecida, no sólo porque me parece muy dulce que Drew la esté tratando como ella realmente se merece, sino que además ambos se llevan de una manera demasiado buena, que incluso llega a ser impresionante.

- Entonces, Drew me abrazó por la cintura, me acercó a él, comenzó a besar mi cuello, mi boca y yo sentí que...
- Ya, detente -alzo una mano, fingiendo una mueca de asco mientras río- No quiero saber cómo se sentía la lengua de mi hermano en tu boca.
- ¡Cristal, no es eso! -chilla- Me refiero a lo que sentí en mi interior. Tienes un hermano increíble. Si lo intentan, podrían llevarse bien.
- Sí, bueno -ruedo los ojos- ¡Dímelo cuando te tire caca de perro sólo para que sus amigos rían! ¡Agh, un horror!
- Uf, mujer, tienes que superarlo.
- Suenas como mamá -la miro mal- Como sea, fue humillante.

La verdad es que lo superé, ¡Pero eso no quiere decir que ya no me acuerde! La humillación pública que pasé en esa ocasión se volvió un trauma. Aún puedo sentir las risas escalofriantes cual macaco saliendo de las bocas de esos idiotas buenos para nada, junto con las vibras negativas que transmitían.

- ¿Qué harás hoy? -me pregunta, cambiando de tema- Ya salimos de clase, el resto de la tarde la tenemos libre.
- Oh, sobre eso, la verdad es que tengo que ayudar a mamá a hacer unos preparativos. Parte de mi familia vendrá a casa, al parecer. Se quedarán hasta la noche.
- Estarás ocupada, entonces. Una lástima, mientras que yo estaré recostada en mi cama, comiendo algo rico, leyendo un libro o viendo vídeos relajada como nunca -intenta burlarse.
- Que risa, muy graciosa, no puedo dejar de reír -digo con sarcasmo- Tienes un interior cruel.
- Sí, siéntete orgullosa de conocerlo -alza las cejas. Suelto unas carcajadas.
- Créeme, lo estoy.

Llegamos a la parada y veo mi autobús correspondiente. Le aviso a Fabiola que ahí viene, así que me despido de ella con un beso en la mejilla, asegurando que hablaremos luego. Me subo al transporte, pago mi pasaje y me voy a los últimos asientos, que para mi fortuna permanecen vacíos, casi todos.

Nada más al sentarme, abro mi mochila y saco mi celular junto con mis audífonos. Los conecto y en unos segundos estoy escuchando canciones. Lo malo, es que he puesto una triste por elección. Es algo muy difícil de explicar: cuando estoy con personas a mi alrededor es como si no ocurriese nada malo, pero tan pronto como vuelvo a estar sola todo lo que pude hacer para sentirme mejor desaparece y no queda nada más que tristeza con melancolía. Y yo no soporto este último.

Los usuales treinta minutos de viaje llegan a su fin, por lo que me bajo y camino hasta mi casa. Entro, haciendo que lo primero que vea sea a mi familia sentada en la mesa, listos para almorzar. Lanzo mi mochila al sofá y los saludo uno por uno con un beso en la mejilla. Sólo entonces, me siento en mi respectivo lugar. Tomo el tenedor y me dispongo a comer fideos con carne.

- ¿Cómo te fue hoy? -me pregunta mamá, con una sonrisa.
- Bien -ahora sonrío yo, pero miento a medias- Me la he pasado genial.
- ¡Que bueno! ¿Qué nota te sacaste en el examen del otro día? -vuelve a preguntar.
- No me lo han dicho aún.
- Oh, no importa. De todos modos me enteraré cuando haya reunión.
- ¿Te dijo tu hermano ayer por la noche quiénes iban a venir? -ahora me habla papá.
- Sí, antes de dormir me lo dijo.
- ¿Por qué le preguntas si le dije o no? -interviene Drew- Te aseguré que lo haría. ¿No confías en mí?
- Hijo, no es eso -niega- Solamente que eres un poco olvidadizo y retraído.
- Ya, ¿Y piensas que eso es mejor? -Drew frunce el ceño.
- No es para tanto -le dice mamá, mirándolo con desaprobación- La cosa es, que cada uno de ustedes va a ayudarme a hacer los preparativos para lo que resta de las horas del día. Quiero que haya comida suficiente para que sea una buena junta familiar.
- ¡Mamá, yo no puedo! -exclama Alejandro, sobresaltándome. Incluso había olvidado que estaba aquí- ¡Tengo que ver una película que darán en la televisión!
- Tú no, niño. No sabes cocinar ni hacer el aseo siquiera -mamá rueda los ojos- Pero Cristal y Drew pueden ayudarme. Por otro lado, tu padre no puede integrarse a ustedes porque va a salir.
- Mamá, yo tengo cosas que hacer -la voz de Drew vuelve a hacerse escuchar- Soy un hombre ocupado. Tengo vida social.
- No me interesa, te vas a quedar acá y harás lo que yo te pida porque vives bajo nuestro techo, porque quiero y porque puedo obligarte.
- ¡No es justo! -grita- Papá, ¿Cómo le permites que me haga esto?

Papá no le responde, se limita a encogerse de hombros y a reír. Drew bufa y se apoya contra el respaldo de la silla, intentando mantener la calma. Me esfuerzo para no reír, porque realmente la escena me parece muy cómica. Yo no digo nada ya que no me molesta ayudar. Siempre me ha gustado que venga a casa parte de la familia. Todos nos llevamos muy bien desde que tengo memoria.

- ¿A qué hora van a irse? -decido preguntar. Cuando mamá está por responderme, es interrumpida.
- ¿Aún ni llegan y ya te quieres deshacer de ellos? -cuestiona Drew- Linda sobrina que eres.
- No es por eso, idiota. Sólo estaba preguntando -lo fulmino con la mirada.
- No lo sé, pero supongo que será después de media noche, como suele ser -me aclara mamá, logrando que no sigamos discutiendo- Tu padre y tu tío Dino harán un asado para que todos lo disfrutemos.
- Yo también quiero ayudar en eso -o es mi idea o Drew está metiéndose en todo el día de hoy. Parece demasiado hablador.
- Está bien -acepta mamá- Mientras más manos, mejor.

Eso es lo último que se dice, y entonces nos quedamos pendientes de nuestra comida. Hablamos de vez en cuando, pero no tanto, porque está delicioso y nos dedicamos casi a sólo comer. Dicen que cuando se tiene mucha hambre y además está delicioso, nadie habla. ¡Yo pienso que es cierto! A menos que no hables solamente porque no tienes ganas. Es comprensible.

Casi media hora después, cada uno está satisfecho y yo estoy que reviento. Decido comenzar a levantarme, lista para subir a mi habitación y disfrutar un rato haciendo algo que me guste, como leer, quizás ver una película o hacer un poco de ejercicio. Lo que sea para no sentirme deprimida el resto de la tarde. No quisiera llorar o que alguien se de cuenta de que algo me sucede. Aún siento dolor dentro de mí, y no sé cuándo se irá.

- ¿A dónde crees que vas, señorita? -es mamá, pero no me deja responder y agrega:- Ni lo sueñes. Vamos a empezar de inmediato con los preparativos.
- ¡Mamá! -me quejo- ¿No puede ser mas tarde?
- Por supuesto que no. De ser así, no alcanzaríamos a estar listos antes de que lleguen.
- Y Alejandro -dice papá. Alejandro lo mira- Será mejor que te quites toda esa ropa apestosa porque no quiero que los invitados se espanten.
- Pero si yo estoy muy bien -él levanta su brazo y huele su axila, ¡Asco!- Es olor a hombre.
- ¡Tienes siete años! -me burlo de él, fingiendo tener ganas de vomitar.
- ¡Tengo doce! -me corrige- ¡Doce! ¿No puedes entender eso? ¿No sabes contar?
- Familia -exclama Drew, golpeando la mesa- Será mejor que discutamos este asunto con calma, la vida diaria debe contener amor y paz, así se vive bien, no podemos... -le doy una palmada en la cabeza haciéndolo callar. quitando toda su inspiración.
- Anda a predicar a otro lado, tonto -sugiero- Nadie te pesca. No te sale lo de hacerte el bueno, falso.
- Eso es cierto -papá me apoya. Drew lo fulmina con la mirada.

Mamá se va hacia la cocina y yo la sigo. Me obliga a preparar guacamole. Pensé que me haría hacer algo más difícil, pero me encanta lo que me ha tocado. Drew se acerca a mí y comienza a reír, ya que me toca picar el ajo y esas cosas que se requieren. Pero la sonrisa se le va cuando mamá le ordena picar cebolla.

- Odio hacer eso -se cruza de brazos- No pienso colaborar.
- ¿El niño va a llorar? -me burlo, rodando los ojos- Parece que no es tan gracioso burlarte de mí ahora.
- Y no es sólo eso, Cristal -dice mamá- Mira que, si no ayuda, estará castigado todo un mes.
- ¿Qué? -Drew, otra vez quejándose- ¿Qué te hace pensar que puedes castigarme?
- Soy tu madre, tengo derecho.
- Sí, pero soy adulto, yo sé lo que hago o no.
- Vuelve a decir eso y estarás castigado por una semana más. Tendrás edad de adulto pero haces drama por todo, hasta por picar una bendita cebolla, hijo.
- Porque me hacen llorar, los ojos arden.
- ¡Já! ¡Lo admitiste! -grito en señal de victoria, apuntándolo con un cuchillo- Llorón.
- A ti también te pasa. Cuando mamá prepara encebollado, siempre acabas llorando y saliendo al patio para que se te vaya el lagrimeo -me recuerda sonriendo con la maldad. Yo frunzo el ceño.
- Te odio.

Finalmente, mamá pone a Drew a preparar pebre. También necesita cebolla, pero mamá le dice que se encargue de todos los demás ingredientes y que ella hará el resto. Los minutos pasan y todo va muy bien. Ambos estamos solos en la cocina. Yo soy buena cocinando, lo suficiente, pero cuando veo a Drew picando ajo me llega a dar una pena enorme.

- Se supone que debes picarlo en pequeños trocitos, idiota -miro con desagrado su tarea- Hasta un pavo se atragantaría con aquel enorme pedazo. Es tan grande como una roca.
- Exageras -rueda los ojos- Lo estoy haciendo muy bien, sólo mira lo que hago -intenta picar con rapidez tal y como lo hacen en los canales televisivos de chefs profesionales, pero el muy ignorante se pasa a llevar un dedo con la cuchilla y suelta un grito- ¡Maldita sea!
- ¡No sirves para nada! -lo hago a un lado, pero una gota de sangre alcanza a caer en los enormes trozos que picó- ¡Que asco! Hay que tirarlo.
- ¿Para qué? -Drew lleva su dedo sangrante a su boca y succiona. Luego, toma una cuchara y comienza a revolver el ajo con sangre que se supone que debo llevar a la basura- Listo. Nadie se dará cuenta. Le da el toque.
- ¡Mugriento! ¡Vagabundo! -le doy un codazo en su duro abdomen, bastante enojada- ¡Mamá, mamá! -ella entra a la cocina, un poco asustada.
- ¿Qué sucede?
- Drew se cortó el dedo, sangre cayó en el ajo y lo ha revuelto para que lo sigamos utilizando. ¡Dile que está mal, que no tiene higiene! -le digo exasperada- Eso no se puede comer.
- No seas sucio, hijo -lo regaña- Mejor lava tus manos y vuelve a hacer lo que debes. Puedes continuar con el cilantro, y Cristal, encárgate de picar otros ajos, por favor.
- Bien -acepto- Será mejor que al menos esto te salga bien, inútil.
- Inútil -me imita, poniendo voz de niña.

Decido ignorarlo y voy a por los ajos que necesito. Drew no puede ser más asqueroso, no sé cómo Fabiola está con él. Bueno, sí sé, pero igual. Aunque si ella viera esto seguro no le da asco, sino risa. De ser una persona que sea muy especial para mí, seguramente no me daría tal sensación. Pero vamos, es Drew. Repito: ¡Es Drew!

+++

Son casi las siete de a tarde. Salgo de la cocina, lista. He acabado de preparar todo lo debía, y con placer me lanzo en el sofá boca arriba para descansar con los ojos cerrados. No hice mucho, pero me lo merezco porque hice un buen trabajo, todo ha quedado increíble. Lo hemos hecho todos juntos, claro, pero aún así.

De pronto, siento que algo se lanza sobre mí, quitando automáticamente todo el aire de mis pulmones. Abro los ojos y la furia entra en mí cuando noto quien es. Intento golpearlo, pero no puedo, porque mis brazos están atrapados gracias a su cuerpo.

- ¡Muerte al ogro! -grita lo que está sobre mí. Es Drew.
- ¡Quítate! -le ordeno- ¡Salvaje! ¿No notas que estaba descansando?
- Si yo no descanso tú tampoco -comienza a revolcarse sobre mí como si fuese un perro queriendo ensuciarse con tierra justo después de ser bañado- ¡Suplica piedad!
- ¡Drew, te he dicho que salgas! -los movimientos que hace y la cara de tonto que pone son suficientes para que me ponga a reír en contra de mi voluntad- ¡Basta, me estás haciendo reír! ¡Me aplastas!
- Ni que fuese una bola.
- ¡Pero los huesos pesan! Mamá siempre lo dice -intento quitarlo, pero vuelvo a fracasar.
- ¡Sí! -la voz de Alejandro se hace escuchar- ¡Una montaña de humanos! ¡Yo también quiero!

Alejandro comienza a correr en nuestra dirección como si estuviese viendo la cosa más magnífica en todo el planeta. Me entra el pánico y comienzo a gritar.

- ¡Alejandro, no! ¡Ya es suficiente con Drew! -intento detenerlo- ¡Tú también pesas mu...!

Es tarde, porque de pronto ya lo tengo sobre mí y es como si mis pulmones se reventaran. Si con Drew ya me costaba respirar, ahora siento que moriré asfixiada. Los dos enfermos del cráneo están encima y no puedo hacer nada al respecto.

Alejandro, cual mono, se pone de pie sobre la espalda de Drew y ésto a él le cansa un gran dolor, porque suelta un grito, haciendo un movimiento brusco y esto los hace caer a ambos al suelo. Drew cae mal, y golpea su cabeza contra la esquina de la mesita de centro. Comienzo a reír como una loca.

- Ah, Alejandro, cabro culiao, ten cuidado -se queja, poniendo una de sus manos en la cien. Tiene los ojos cerrados y frunce el ceño- ¡Joder, me duele!
- ¡Eso ha sido muy divertido! -Alejandro parece tener cero interés por ir a ver si Drew se encuentra bien- ¡Hay que repetirlo! ¡Fue genial! Pensé que eran unos aburridos, pero ya veo que no tanto.
- ¡Esto es precioso! -se oye gritar a mamá. Los tres miramos hacia donde se encuentra, parada con papá en la entrada de la cocina. Ni siquiera sabía que él había llegado, porque había salido a no sé dónde- ¡Están jugando juntos!
- Hay que tomar una foto -decide papá. Saca su celular de su bolsillo y comienza a teclear- Uh, cariño, ¿Cómo se toman fotos con esta cosa?
- Oh, cielo, no puedes. Tu celular es de la edad de piedra, no tiene cámara.
- Pero el tuyo tiene.
- Sí, el mío. Pero recuerda que te compré ese porque tú nunca aprenderías a usar uno con pantalla táctil como yo -expresa orgullosa.

Papá luce un poco ofendido. Golpes en la puerta comienzan a sonar. Mamá aplaude entusiasmada y papá se encoge de hombros. Nos pide que nos tranquilicemos. Abren la puerta y de inmediato comienzan a demostrar lo felices que están de tener a nuestros familiares en casa.

- ¡Llegaron! -grita mamá.
- ¡Hooolaaaa! -la tía ana, como siempre llena de vida, comienza a saludar con abrazos emotivos a cada uno de nosotros, no sin antes dar un abrazo a mamá y a papá- ¡Que grandes están! ¿Cómo les ha ido en el colegio? ¡Me han dicho que no muy bien! -da un abrazo a Drew, primero- ¿Es cierto que estás con novia?
- ¿Cómo se enteró? -le pregunta Drew.
- Niño, con Facebook todo se sabe.
- Pero no la tengo agregada.
- ¡Porque me bloqueaste! -la tía Ana le da un puñetazo en el hombro- Tu mamá me dijo.

Pasa sus abrazos a Alejandro, y le dice unas cuantas cosas que no escucho porque me distraigo sin tener intención de hacerlo, mirando un punto fijo. Reacciono cuando noto que avanza hacia mí, y correspondo su enorme abrazo con una sonrisa. Tía Ana no sólo es mi tía, sino que también es mi madrina.

- ¡Cristal, que hermosa estás! -me halaga en mi oído- Como siempre, cada vez más. Te he extrañado. Incluso te he traído un regalo -me suelta y extiende su mano hacia mí, con lo que parece algo cuadrado cubierto de un lindo papel- ¡Felicidades por la carrera que estás estudiando!
- Muchas gracias, tía -le doy un beso en su mejilla, completamente agradecida- Pero no es necesario que se haya molestado.
- ¡Niña, no digas eso! Tú sabes que me encanta hacer estas cosas.

Tía Ana recibe un empujón por parte de su madre, la tía Susana. Voy a aclarar ésto, tía Ana tiene como treinta y cinco años, en realidad es mi prima pero como es mucho más mayor que yo le digo tía desde que aprendí a hablar y se ha quedado así. Tía Susana, ella, sí es mi tía.

- ¡Ay, ésta zorra que está linda! -el vocabulario de ella siempre me ha hecho reír. Me abraza con fuerza- La Ana tiene razón, ¿Segura que no andas con un novio así como Drew? Porque no me extrañaría.
- Para nada -niego con la cabeza, riendo- Estoy soltera.
- ¡Pf! A mi tinca que no, eh. Algo me lo dice. Estás mintiendo, chica -se echa a reír, pero no dice nada más porque luego se va a abrazar a Alejandro. En eso, se acerca mi tío Dino.
- ¡Cristaaaaal! -sus brazos me rodean con entusiasmo- ¡Tan pequeña que sigues! Tú ya no creces, te has quedado así para siempre, estoy seguro -vaya esperanza que me da, pero no puedo evitar reír. Toma a papá por el brazo y lo acerca a nosotros- ¿Y la escopeta? ¿Dónde está? -le pregunta- Tienes que estar preparado, porque cualquier hombre seguro se le viene encima a tu hija.

Mi pecho es golpeado por mi corazón de manera inesperada fuertemente al oír esas palabras, porque lo primero que se me viene a la cabeza es Seth, juntos en su auto, esa noche en que nos besamos de manera frenética y, si no hubiésemos sido interrumpidos por Anita, quién sabe, quizás hubiese ido a más.

- Ni que lo digas, nada de escopeta, aquí lo que tengo es una sierra eléctrica, tipo como la de la película donde sale Jason. ¡Así la sangre vuela!

Ambos chocan las manos y se ponen a conversar como si no se hubiesen visto en toda la vida. Decido dejar de pensar en Seth. Y además, ¿Qué problema tiene la gente con pensar que siempre ando con novio? Casi la mayoría del tiempo, es lo primero que dicen. Es un poco divertido. Sin embargo, están locos.

Me acerco a donde está Drew con Alejandro, saludando a Vicente con Ariela, pero antes dejo mi regalo en la mesita de centro. Ellos dos son menores que nosotros. Vicente tiene quince y Ariela siete años. Los saludo a ambos con un beso en la mejilla y acaricio la mejilla de Ariela. Yo no es que me lleve muy bien con los niños, pero Ariela desde pequeña ha tenido un extraño afecto hacia mí. Cuando yo me hice un flequillo recto hace un par de años, ella lo quería como yo así que por su propia cuenta se cortó el cabello. A tía Ana casi le da un ataque al corazón cuando vio a su hija con el pelo todo destrozado. Incluso quería vestir como yo, y así. Me parece dulce, pero la chica es un demonio en ocasiones y por eso me aburre. ¡Sólo soy sincera!

- Como decía, los dinosaurios no se han extinguido. Están en algún lugar, quizás en el centro de la tierra. Es una teoría que he analizado con el tiempo, y te aseguro que un día demostraré que no me equivoco -asegura Alejandro.
- ¿La analizaste tú? -pregunta Vicente, riendo- Estás jodido de la cabeza. No existen.
- ¡Sí existen!
- Alejandro, esa no es tu teoría, porque sale en la película Viaje al centro de la tierra -le dice Drew- Estás relatando lo que sale allí.
- Hay un libro de eso también -les recuerdo, como si fuese lo más importante del mundo saberlo.
- ¿A quién le importa? -Drew se encoge de hombros- La película es mejor.
- Sin el libro no hubiese existido la película -contraataco.
- Cristal, te diré algo de ésta forma -me habla Vicente. Pone sus dos manos en mis hombros, y me mira como si estuviese a punto de decir algo doloroso- Piensa en  cuántos árboles han sido cortados, mutilados, destrozados para que tú tengas tus libros. Gracias a eso, todos nos estamos muriendo ahora mismo por lo del calentamiento global, la falta de oxígeno, etcétera. Tú fomentas a que la humanidad muera. Siéntete la bestia más cruel del planeta.

Por un segundo consigue que me sienta horrorizada. A mí me encanta la naturaleza, los árboles y animales, pero también me encantan los libros y es como que tengo que debatir a qué lado irme. Pero bueno, seguramente cuando llegue el fin del mundo yo ya estaré muerta, así que es mejor que disfrute los libros mientras pueda y así no será mi culpa en realidad. ¡Problema resuelto!

- Casi, casi te sale -lo apunto con el dedo, riendo- Pero no.
- ¡Demonios! -maldice, soltándome- Un día lo lograré.
- Lo dudo.
- ¡Cristal, cristal! -Ariela me llama con alegría, mirándome con un brillo en sus ojos- ¿Dónde están tus muñecas? Quiero jugar con ellas. Por favor, tienes que prestarlas.
- Yo no tengo muñecas -le digo, haciendo una mueca- Lo siento.
- ¡Sí tienes! -da un salto- La última vez que vine me las prestaste todas. ¡Yo me acuerdo!

Divago entre mis pensamientos, y me doy cuenta de que tiene razón. Cada vez que viene le presto todas mis Bratz. A mí me encantaban las Bratz, papá me compró varias cuando era una niña y para mí eran el mejor regalo que podría existir. Cada navidad pedía, cada cumpleaños, cada día del niño.

- Ya me acordé -sincero- Pero no tengo idea de dónde están.
- ¡Podemos buscarlas! -sugiere, sin quitar su emoción- Yo te ayudaré.
- No lo sé, Ariela. La verdad es que me da pereza y, tendría que revisar muchas bolsas.
- ¡Tenemos tiempo, estaremos aquí hasta la noche!

Me toma de la mano y me arrastra hacia las escaleras. No tengo ganas de ser pesada con ella, así que decido que me lleve. Ambas subimos cada peldaño, hasta que llegamos a mi habitación. Abre mi puerta con seguridad, y en un segundo nos encontramos dentro.

- ¿Dónde crees que estén? -pregunta, ilusionada. Ver la cara de fascinación y esperanza que tiene por jugar con mis muñecas, me hace ablandarme un poco. Suspiro, derrotada y decido sonreír.
- Seguramente están en la caja que está bajo mi cama -le digo, acercándome al lugar, mientras me hinco de rodillas en el piso- Bueno, en alguna de ellas.
- ¡Genial! -aplaude, y se hinca por el otro lado- Sacaré y revisaré contigo.
- Cuidado, pueden haber arañas -advierto.
- Oh, sí. No me gustan las arañas. Papá dice que pican fuerte, y que las de rincón son las más peligrosas.
- Sí, y te diré que en ésta casa las de rincón son una plaga, así que mantente al margen -ella abre los ojos como plato y me río por la cara de miedo que pone, pero no digo nada para tranquilizarla porque lo que he dicho es verdad.

Nos pasamos aproximadamente media hora revisando las cajas, porque al final no estaban en las que estaban debajo de la cama. Ariela parece un poco triste, y yo intento despejar mi mente para pensar en un posible lugar en donde éstas se encuentren. De pronto, me acuerdo de algo.

- ¡La habitación de Drew! -exclamo- Creo que están ahí.

Las dos corremos hasta donde he indicado. Salimos de mi habitación y abro la puerta de la habitación de Drew. Todo luce lo suficientemente ordenado, a excepción de que hay unas cuantas prendas en el suelo. Hago una mueca de asco cuando veo un bóxer de Drew. Iugh. Con mi pie lo corro hacia debajo de la cama. Pero recuerdo que la caja que he dejado con las muñecas está allí, así que me arrepiento al instante.

Con la punta de mis uñas, tomo el bóxer, como si tuviese veneno o algo tóxico lo suficientemente fuerte como para matarme. Lo lanzo lejos y por poco le llega a Ariela en la cara, menos mal la chica tiene reflejos rápidos y estaba atenta. Muevo una que otra zapatilla por debajo hasta que veo la caja. La saco a duras peñas. Es tamaño promedio, lo suficientemente grande como para que todas las muñecas con sus ropas pequeñas caigan. Cuando la abro, Ariela se pone muy feliz.

- ¡Las encontramos! -grita- Al fin podré jugar. ¿Las vamos a llevar abajo?
- Claro -acepto. Tomo la caja, ya que a ella le costaría ir con ella abajo. Salimos de la habitación y nos vamos hacia las escaleras.

Bajamos, y noto que todos están sentados en los sofás conversando muy animados, con sonrisas en sus caras. Pero mamá va hacia la puerta con decisión, fuera de lugar con los demás.

- ¡Nuestro otro invitado ha llegado! -exclama. Cuando la puerta es abierta, por poco no me desmayo cuando veo a Seth, de pie, tan arreglado como siempre, con una bolsa negra colgando de una de sus manos.


♥♥♥


¡Hola! ¡Tanto tiempo! ¿Cómo están? No sé por qué, pero me ha divertido mucho escribir éste capítulo. ¿No han notado algo diferente respecto a Cristal? ¿Pequeños detalles que han surgido, cambiado, y nuevos que ha desarrollado? Porque hay cositas mínimas que ella no hacía antes y, si no lo notan, es porque no están poniendo suficiente atención. ¡Muchas gracias por seguir leyendo la novela! Lamento mucho no subir capítulos como antes, cumpliendo como han dicho por ahí, pero es que se me hace complicado. Tiempo, pero inspiración más que nada. Espero que puedan comprender. La maratón sí la haré, pero no he dado una fecha, lindas. ¡Un beso, cuídense! Comenten cuál fue su parte favorita del capítulo. Y bueno, +8 comentarios para que suba el siguiente porque ya sé de lo que irá y comenzaré a escribirlo en un rato. ¡No se pierdan los siguientes porque, uf, hasta yo estoy emocionada! ¡Chao!



13 de mayo de 2015

Capítulo treinta y uno - Fresa con Chocolate.



Entro a mi habitación con Fabiola tras de mí. No he podido evitarlo, y la he llamado hoy mismo, porque no aguanto más, tengo que soltarlo todo. Anoche me quedé dormida en el vehículo de Seth y no volví a despertar. Hoy por la mañana, al abrir los ojos, me he percatado de ello. ¡Ni siquiera me enteré del momento en que me trajeron a la cama! Hablé con Drew, y me dijo que anoche él me recostó, me arropó, y por esa razón tenía aún el vestido puesto junto con el maquillaje que me puse en los ojos un poco corrido. 

Me he duchado hace ya bastante rato. Son aproximadamente las cuatro y media de la tarde y mis manos sudan, no porque haga calor o algo así, sino porque tengo que confesar cosas y no sé muy bien cómo empezar. Por otro lado, estoy algo preocupada. Me he dado cuenta de que la presencia de Seth me relaja demasiado. Cada vez que tengo un momento con él, me duermo como un bebé, tan relajada que me sorprende, como si todo estuviese bien. No debería ser así. No es... ¿apropiado? Digo, para mí.

- ¿Por qué caminas de un lado a otro? -pregunta Fabiola, toda inocente. De inmediato la sangre se me sube a la cabeza.
- No intentes pasarte de lista -advierto, apuntándola con el dedo, sin dejar de moverme- Sé que sucede algo muy importante y no quieres decirme -sus ojos se expanden de inmediato, un poco preocupada- ¡Ocultas algo!
- ¡Claro que no! -intenta parecer firme- Estás extraña. ¿Bebiste algo anoche?
- Fabiola, por el amor de Dios -miro al techo, y suelto un suspiro frustrado- No vas a engañarme, ¿Por qué me mientes? ¿Sucede algo malo? ¿No confías en mí?

Ahora la que suelta un suspiro es ella. Mira hacia el suelo, y luce resignada. Niega con la cabeza. Un poco de relajación se adentra en mí al saber que no es un asunto de confianza. Me doy cuenta de que quizás estoy un poco alterada, pero no es exactamente a raíz de su secreto, sino por todo lo que se me ha acumulado en la cabeza desde anoche.

- Sí suceden cosas -comienza a decir- Pero la verdad es que no te he contado porque no sé muy bien como hacerlo.
- Sabes que puedes decirme lo que sea -le digo, ya más tranquila- Independiente de que te expliques bien o mal, voy a intentar comprender.
- Lo sé -reconoce, y se encoge de hombros- Pero no sé cómo te lo vas a tomar. 
- Vamos -me pongo a reír- No puede ser tan malo. Dilo.
- Está bien -sonríe un poco y me mira- Resulta que hace como dos semanas y un poco más o algo así, me besé con Drew en su habitación. Me subió a su escritorio y pues, ya sabes, todo muy excitante. Entonces, anoche en la fiesta llegó Cinthia y se puso como una loca. Estuvo discutiendo con Drew por mí, entonces Drew la rechazó, me miró y me habló sobre mis cicatrices por los cortes en mis muñecas, las besó, me dijo que le permitiera intentarlo. Acepté, y pues entonces nos convertimos en novios. ¡Así que ahora tengo novio! ¡Sí! Somos cuñadas, ¿No me dirás algo? ¿Bienvenida a la familia, quizá?

Una presión en mi cabeza se hace tan fuerte que me cuesta saber si he escuchado bien o he alucinado todo. La sonrisa en el rostro de Fabiola se hace tan grande y dulce que me abstengo con todas mis ganas para no decir algo equivocado. Siento que la voz se me va, porque hablo la boca para balbucear, al menos, y no me sale nada. 

- ¿Estás bien? -pregunta, frunciendo el ceño, pero cuando asiento con la cabeza suelta unas risas- Te lo estás tomando mejor de lo que creí.
- Yo... -por fin me sale una palabra- Es decir, no entiendo nada.
- Lo sé -Fabiola acaricia el cobertor de mi cama, como si fuese lo más precioso del mundo- Todo fue parte del plan diabólico de Drew -al decir eso, suspira- Siempre hace sus planes. 
- ¿Plan diabólico? -cuestiono, exasperada- ¿De qué estás hablándome? 
- Él y yo lo entendemos -sonríe aún más. 
- ¿Hablan en código? Me siento como una tonta, ustedes con sus cositas y yo sin saber nada -derrumbada me siento a su lado, y guardo la respiración. Boto el aire, pero permanezco en silencio.
- Lamento no haberte dicho nada. Sé que estás intentando no ponerte como una reina del drama.
- Descuida, supongo que es porque sabía que esto pasaría -me encojo de hombros- Entendí que no era normal todo ese instinto protector hacia ti.
- La verdad es que a mí todo me tomó por sorpresa -sincera, un poco abatida.
- A veces es más fácil darnos cuenta de lo que sucede alrededor de otras personas, pero cuando sucede al nuestro es como si fuese algo totalmente desconocido, invisible, como si nunca hubiese estado ahí antes. Como cuando a lo lejos notas que un chico está interesado en una chica. Todos lo saben, todos notan como la mira y la forma en que le da su atención. Todos, excepto ella. Porque es lo suficientemente ciega como para no notarlo -froto las palmas de mis manos contra mis rodillas cuidadosamente- Son cosas de la vida.

Me sorprendo a mí misma cuando, al decir esas palabras, la imagen de Seth se viene a mi cabeza. No solamente la de él, también la de Anita, cuando dijo que Cinthia le había advertido que él y yo teníamos algo solamente mirándonos desde lejos, siendo que nunca pensé siquiera en ello, porque nunca ocurrió algo, y nunca me di cuenta.

- Tienes razón -dice, luego de analizar lo que yo he dicho- Es algo muy extraño. Todos los días se ve y sucede. No tiene sentido.
- Somos todos un montón de tontos -aclaro- Pero bueno, qué le vamos a hacer.
- Siempre dices eso -ríe en voz alta.
- Es una de mis expresiones típicas. ¿Te gusta?
- ¡Claro! No serías tú si no la dijeras. Te la voy a copiar.
- ¡Adelante! No es que yo no te copie eso del pos.
- ¿El pos?
- Sí, como cuando dices, pos ya está o algo así, o pos estoy bien. Ya sabes, el pos.
- ¡Ah! Pero eso más lo escribo cuando chateamos.
- Pero me haces escribirlo también, ese es el punto -suelto unas carcajadas- ¿Y bueno, qué te digo ahora? ¡Somos cuñadas! ¡Bienvenida a la familia! -me lanzo sobre ella, dándole un fuerte abrazo.
- ¡Oh, muchas gracias! -me aprieta con fuerza- Espero que realmente estés tan feliz como muestras.
- ¡Por supuesto que lo estoy! ¿Por quién me tomas? -me alejo de ella y me toco el pecho, un poco ofendida- Tu felicidad siempre estará por delante de todo. Nada más dime que si algún día pues, no sé, lo tuyo con Drew no funciona, no dejarás de ser mi mejor amiga. No te mentiré, pero la verdad es que no lo soportaría.
- No dejaré de serlo nunca -toma mis manos, y sonríe- Antes muerta. Nadie se interpondrá entre nosotras. Te lo aseguro.

+++

Abro los ojos y de inmediato siento que están húmedos, mientras que mi pecho está siendo golpeado con los desenfrenados latidos de mi corazón. ¿Por qué? ¿Por qué me persigue hasta en los sueños? ¡Él, quien más me dañó en todo el planeta sigue atormentándome cuando ha pasado tanto tiempo!

Me doy vuelta, dando espalda a la luz apenas visible de la ventana, e intento dormir de nuevo. Con todas mis fuerzas trato de pensar en algo lindo, pero por más que quiera, no puedo. Justo entonces recuerdo que tengo que ir a clase, así que cojo el celular y miro la hora. Seis y media, tengo que levantarme. No puede ser peor forma de despertar. Menos mal ya es jueves, mañana es viernes y entonces podré relajarme lo suficiente.

Yo no quiero que él vuelva. La desesperación y dolor que sentí en el sueño fue tan real al pensar que en realidad iba a seguir atormentándome, que me da pánico. Gracias a Dios fue sólo un sueño. Una pesadilla, que sinceramente no quiero volver a repetir.

Me siento en la cama y cojo mi uniforme para luego encerrarme en el baño. Llevo a cabo todo lo que debo y, cuando estoy lista, me dispongo a salir del lugar y bajo las escaleras. Me sorprendo cuando me doy cuenta de que Drew ya está en la cocina desayunando.

- Buenos días -me saluda animado.
- Hola -correspondo. Él suena demasiado bien para mi gusto.
- ¿Cómo amaneciste?

Me limito a encogerme de hombros con desinterés. No podría explicar cómo de mal humor me ha dejado el mugroso sueño. Ha estropeado mi mañana, mis sentimientos, mi todo. Y me hace enojar de una manera enorme, porque estoy dándole la satisfacción de hacerme daño. Claro, él no lo sabe, pero aún así me cabrea.

- ¿Estás bien? -vuelve a hace otra pregunta.
- Claro, solamente tengo sueño -me limito a decir, porque ya estoy cansada de que esté hablándome. Nunca me habla, Dios.
- Hoy iré a nadar con Fabiola -me cuenta.
- Vaya, en pleno otoño, con un montón de frío afuera -escupo de mala forma- Genial.
- La piscina es cerrada y el agua está temperada, tonta -expresa como si fuese lo más obvio en todo el bendito mundo- No voy a llevarla a una expuesta al aire libre para que se resfríe.
- Oh, sí, como sea. ¿Cuánto llevan?
- Una semana con tres días.
- Felicidades.
- Gracias.

Tomo mi tazón con una cuchara, me siento a la mesa y tomo la botella de leche para echarme un poco en él. Luego, tomo la caja de cereales y le echo un poco encima. Me quedo mirando el tazón como si fuese un objeto de máximo interés. No sé cuántos segundos o minutos permanezco así, pero un sonido de cuando te toman una foto, me hace volver a la realidad. Alzo mi cabeza y Drew tiene su celular, con una sonrisa satisfactoria en su rostro.

- ¿Qué estás haciendo? -pregunto enojada.
- Tomo fotografías.
- ¿Por qué tiene que ser de mí? ¿Desde cuándo quieres fotografiarme? -cuestiono, ahora echando humo por las orejas.
- Relaja tu tren, hermanita. Necesito esta maldita foto.
- ¿¡Para qué!? -vuelvo a insistir.
- Te haré un meme -comienza a reír con exasperación- Serás el hazme reír de toda la universidad. Imprimiré copias y pegaré varias en cada pared, además de en los casilleros.
- Te odio. No, ¡Los odio a todos! -grito molesta- ¡Estoy harta de que todos se la pasen haciéndome la vida imposible!

Me pongo de pie y empujo el tazón lejos de mí, sin haber tocado mi desayuno siquiera. La brusquedad con que empujo el tazón es tan fuerte que la leche en su interior se va de un lado a otro, hasta que un poco se derrama sobre la mesa. Comienzo a dar la vuelta a la mesa, cuando Drew me toma por el brazo con decisión, y se pone frente a mí, bloqueando mi paso.

- Estás extraña de hace varios días -comenta- Te alteras por todo, incluso más que antes. No es muy normal.
- ¿Y qué? ¿No puedo actuar así, acaso? -intento forcejear para que me suelte, pero no lo logro- ¡Déjame en paz!
- ¿Qué te tiene tan como una leona? -sigue acumulando preguntas- ¿Es por Seth, o qué? Me gustaría saberlo.

La sangre se me sube a la cabeza.

- Él no tiene nada que ver en esto -escupo- No me interesa, no es alguien con suficiente interés como para ello.
- ¿Segura? Porque me ha contado lo que pasó entre ustedes, y no parecía eso en la fiesta.
- ¿Te lo contó? -grito más todavía, y mi cabeza comienza a doler de la impotencia- Miserable imbécil, ¿Cómo se atreve?
- Era mentira, no me ha dicho nada por más que le pregunté, pero ahora acabas de confirmar mis sospechas. Deja de comportarte así, Cristal. Nada más te estoy tratando de ayudar.
- No necesito tu porquería de ayuda -en un momento en que él se distrae, logro sacar mi brazo de su agarre- No vuelvas a meterte en mi vida.

Lo empujo lejos y comienzo a caminar apurada. Corro escaleras arriba y cuando llego a mi habitación pesco mi mochila junto con mi celular, para luego volver a salir, bajar las escaleras e irme a la parada del autobús.

Aún no es hora de que me vaya a clase, pero la verdad es que lo único que quiero es estar sola. Las lágrimas amenazan con salir de mis ojos, y la sensación es tan insoportable que me dan más ganas de llorar aún. Lo peor es que nadie, jamás, va a entender el dolor que he tenido que sobrellevar todo este tiempo a causa de la razón de mi pesadilla, no importa cuánto intente explicarlo. Por eso mismo no se lo digo a nadie, además de que no haría más que armar un enorme drama. Mis padres se pondrían locos, Drew también y estoy segura de que lo buscaría e intentaría molerlo a golpes, y eso solamente lograría que, de alguna forma, se haga presente en mi vida, y mis ganas de eso son menos que cero.

Cuando llego al instituto, me encuentro con Fabiola. Ella tiene una sonrisa tan radiante que por un momento me llega a dar cosa acercarme a ella. Lo que menos quiero es estropear su felicidad. Yo siempre le cuento todo a ella, y en ocasiones noto que le afecta. Su relación con Drew, al parecer, va muy bien. Él la hace estar así, tan contenta, y si yo llego a ser la causa de que eso se vaya, me consideraría la peor mejor amiga.

Finjo una sonrisa, y me voy hacia donde se encuentra. La saludo con un gran abrazo y un beso en la mejilla. Ella me toma por el brazo y nos vamos juntas al salón. Noto que me mira más de lo normal, así que hago como que estoy mirando hacia otro lado con admiración.

- ¿Estás bien? -decide preguntar. Yo giro mi cabeza hacia ella y la observo como si estuviera loca.
- Por supuesto que sí, ¿Por qué?
- Tus ojos están un poco rojos por los bordes -indica la zona, pero en ella misma- Como si hubieses llorado, o algo.
- Para nada, la verdad es que no he llorado -aseguré, porque es verdad, no lloré, me aguanté.
- Suéltalo ya -ordena. La miro extrañada.
- ¿A quién?
- No me refiero a una persona, mujer -rueda los ojos- Suelta lo que te tiene así.
- Ah -me quejo- Es algo sin importancia. No es necesario que te lo cuente.
- No importa, quiero oírlo. Casi te ha hecho llorar, no creo que se sea algo tan insignificante como dices.

Bacilo entre contarle o no. Pero la necesidad de desahogarme es tan grande que me vence. Suspiro resignada, bajo un poco la mirada y asiento con la cabeza. Ambas entramos al salón y nos sentamos en nuestros respectivos pupitres, por la fila de la ventana, una al lado de la otra. Dejo mi mochila sobre la mesa, ella la deja en el costado de su silla, por el suelo. Me mira atentamente, esperando a que yo empiece de una vez por todas.

- Él volvía -le cuento- Bueno, no, no volvía. Pero me llamaba por teléfono y me advertía que lo haría, que estaba arrepentido, que jamás debió abandonarme -comienzo a recordar tales palabras que provenían de su boca- Fue muy poco lo que me dijo, la verdad. Lo que pasa es que la seguridad con las que pronunciaba era... aterradora, con un toque de maldad, como si supiera que iba a seguir haciéndome daño y que yo seguiría siendo lo suficientemente estúpida para permitírselo.

Pongo un codo sobre la mesa y apoyo mi cabeza en mi mano. Mis ojos comienzan a humedecerse de nuevo, pero intento disimularlo lo mejor que puedo. Recrear el sueño es como volver a sentir esos sentimientos terribles. Hace que mi corazón vuelva a acelerarse, incluso.

- Tenía tanto miedo mientras lo escuchaba, Fabiola -continúo, al saber que no dirá nada- Intenté decirle que no volviera a acercarse a mí, pero casi no me salía la voz.
- Fue sólo un sueño, Cristal -Fabiola pone una de sus manos en mi hombro- Estás bien, y él está lejos. Por ahí, en algún lugar. Un día tendrás que volver a verlo, por supuesto, pero no intentará acercarse a ti. Y en el remoto caso de que lo hiciera, sé que es seguro que lo mandarías al demonio.
- Tienes razón, también estoy segura de eso. Pero me causa un dolor horrible tener estas pesadillas, es como si fuera a atormentarme durante el resto de mi vida -sueno un poco desesperada.

La profesora entra por la puerta y se dispone a saludar. Sé por antemano que la conversación ha concluido, pero me siento ya más relajada al haber soltado lo que me tenía mal. Lo malo es, que no consigo sacar de mi cabeza el sueño. Y para variar, Seth se incluye en mis pensamientos.

Fuera del tema, la verdad es que he estado evitando a Seth desde que ocurrió lo que ocurrió. Ha venido a casa, pero siempre me encierro en mi habitación. Lo veo por unos cinco segundos, analizo cada detalle de él y luego desaparezco. Sé que es un acto cobarde de mi parte, pero desde que él y yo tuvimos ese acercamiento, he estado teniendo las pesadillas que tanto odio. Con esto no quiero llegar a que él sea culpable, sino que no quiero que me vea así, triste, llena de dolor, enojo conmigo misma, porque a los hombres no les agrada estar con la presencia de una mujer triste. Mis sentimientos por su persona se despertaron de una manera extraña desde que nos besamos y todo esa noche. Reaccioné de una manera tan inesperada que me sorprende que no me haya percatado de lo que sentía antes de ello. Después de todo, se olvidará de mí pronto. Allá afuera seguro hay personas que valgan más la pena. Yo estoy muy rota todavía. Y no estoy orgullosa.

+++

Llego a casa y la relajación que siento es tan placentera que puedo percatarme de la forma en que mi cuerpo deja de lado casi toda la tensión. Lanzo mi mochila al sofá con toda mi fuerza, queriendo desquitarme. Me queda año y medio de instituto, pero no voy a negar que estoy ansiosa porque todo acabe de una vez.

Comienzo a buscar a mamá, y la encuentro en su habitación viendo un programa de asesinatos, acostada. Me acerco a ella y me agacho lo suficiente como para depositar un ligero beso en su frente. Me pregunta que cómo me ha ido hoy. De inmediato comienzo a sentirme un poco triste, de nuevo.

- No lo sé -me encojo de hombros- La verdad, me siento un poco mal.
- ¿Por qué? -se interesa- ¿Pasó algo malo?
- No, no es nada. Desperté así por alguna razón -digo una verdad a medias.
- ¿No está enferma?
- Para nada, estoy muy sana -sonrío un poco y me giro en dirección a la puerta- Voy a ir arriba, por si acaso.
- No olvides almorzar -me recuerda. Asiento con la cabeza y salgo del lugar.

Subo las escaleras y me dirijo a mi habitación. Apenas entro, busco mi pijama. No tengo ganas de vestirme con otra ropa, quiero traer puesto algo cómodo. Así que cuando lo encuentro me quito todo el uniforme del instituto, y cuando ya tengo el pijama puesto me pongo a doblar el uniforme por los pies de la cama. Al terminar, me lanzo sobre ésta boca abajo e intento relajarme, sin pensar en nada.

¿Por qué tengo que tener mi conciencia intranquila? ¿Por qué no puedo simplemente salir adelante? ¿Y por qué siento que tendré que cargar con esto por el resto de mi vida? Antes de que Drew volviera a casa para estudiar Artes en la universidad, todo estaba bien. No había tenido que lidiar con nadie, incluso llegué a pensar que todo por fin había acabado. Sin embargo, me equivoqué. Otra vez. Como siempre.

Termino almorzando más tarde de lo normal, y cuando llega la hora del té no tengo hambre. Salgo de mi habitación y bajo las escaleras, para luego caminar hasta llegar a la mesa del comedor. Me siento en mi lugar de siempre. Drew ya está en su lugar, a mi lado. Todo como siempre suele ser.

Juego con el té en mi taza, y sólo me alimento con un pedazo de pan. Papá y mamá me miran con desaprobación, pero no es suficiente para que yo me digne a comer más. No tengo ganas de nada. Solamente quiero dormir y hacer descansar mi mente.

- ¿Qué sucede? -oigo preguntar a papá. Alzo mi mirada, y como era de esperarse, se dirige a mí.
- No tengo hambre -me limito a decir. No iba a esforzarme tratando de decir algo más.
- ¿Por qué? -cuestiona- Sabes que no nos gusta que dejes de alimentarte.
- Lo sé, pero precisamente hoy no tengo ganas -intento mantener la calma- Almorcé muy tarde.
- Esa no es una razón suficiente.
- Mamá -me giro hacia ella- Dile que es verdad, almorcé tarde y comí mucho.
- Sí, es verdad, pero tienes que comer -no se pone de mi lado.
- Comí la mitad de un pan -me defiendo, comenzando a molestarme.
- Eso es miserable -a papá se le suben los humos, también. Frunce el ceño- Te vas a tener que comer la otra mitad, o estarás castigada.
- ¡Papá, solamente es por hoy! -grito.
- ¿Quieres volver a lo mismo? -alza la voz, autoritario. Drew, mamá y Alejandro permanecen en silencio- ¿Quieres volver a bajar de peso y enfermarte?
- ¡No, no quiero eso, pero no me siento bien hoy! -doy con el puño en la mesa- ¡Estoy cansada, ninguno de ustedes tiene que meterse en mi vida, yo sé lo que hago y lo que no hago! Si no quiero comer me importa un rábano, no pienso hacerlo. ¡No sigan insistiendo porque no cambiaré de parecer!

Me doy cuenta de lo que he dicho cuando el rostro de papá luce tan dolido como nunca lo había estado. Mi pecho se oprime y un sentimiento de culpabilidad enorme se adentra en mí. Alzo mi mirada hacia Drew. Está serio, tiene los puños apretados y parece que su cuerpo está muy tenso. Me he pasado.

Me siento tan mal, que no aguanto y me echo a llorar. Las lágrimas comienzan a caer por mi rostro y luzco tan ridícula que me llega a dar pena por mí misma. Tengo tanto guardado dentro, tanto que nadie sabe, tanto que ellos no podrían comprender, que me desespera. No sé si alguien se ha dado cuenta de que estoy llorando, pero sea como sea yo misma me lo he buscado.

- Lo siento, papá -le digo, con voz entrecortada. Pongo mis codos sobre la mesa y tapo mi cara con mis manos, mirando hacia abajo- Perdóname, no sé qué me pasó. Yo no quería...
- Cristal, no ha sido un buen comportamiento el que acabas de tener -expresa con decepción- Yo no te he criado así, hija.
- Lo sé, pero de verdad, te juro que no tenía intención -sorbo mi nariz, y las lágrimas no dejan de caer- Pero no tengo hambre, es todo. Me desesperé, no pude controlarme.
- Es que tienes que controlarte, Cristal. No puedes hacer todo lo que quieres todo el tiempo -no es la primera persona de quien he escuchado eso, pero tiene razón- ¿Qué le pasó a la niña que eras? Tan alegre, tan dulce, tan respetuosa?

Me quedo en silencio, llorando aún más. Esa niña se ha ido. Se fue desde el día en que comencé a tener problemas en mi vida, cuando supe que nada era lo que parecía, cuando pude ver la maldad en personas, cuando me hicieron todo el daño que se le puede hacer a alguien. Cuando perdoné demasiado, confié demasiado, me ilusioné demasiado. Y me he convertido en esto.

Luego de la discusión, subo directo a mi habitación. No me molesto en secar mis lágrimas, porque sé de antemano que seguirán deslizándose más, una por una, por mis mejillas. Porque nada ni nadie podría detenerlas, solamente yo, y ahora me siento tan destrozada que no puedo.

Cuando estoy casi quedándome dormida, siento que tocan la puerta. Me quedo en silencio, tratando de volver a la realidad que tanto odio. Vuelven a tocar. Por la forma en que suena y con la fuerza en que lo hace, puedo saber que es Drew.

- Qué -logro pronunciar a duras penas.
- Cristal, mañana van a venir la tía Mari, la tía Susana, el tío Dino, el primo Vicente, la prima Ariela...
- Ya entendí -lo interrumpo. Pienso que no me escucha, pero sí lo hace, porque se queda callado.
- La cosa es que mamá quiere que llegues luego de clase porque quiere que la ayudes a preparar todo para cuando ellos lleguen. Será una junta familiar hasta la noche.
- Bien.

Siento que suelta un suspiro. Aprieto mis ojos, intentando no volver a llorar y adentrarme en un profundo sueño. Segundos después, siento los pasos de Drew alejarse y luego siento que cierra su puerta, incluso puedo sentir que le pone el seguro. Después, todo es oscuridad. Una agradable oscuridad.

♥♥♥

He estado desaparecida por exactamente dos semanas, pero no quiero poner mis razones porque a estas alturas ya me parece patético. Sólo quiero aclarar que mis obligaciones no me han permitido hacer las cosas como quiero y que con esto también me ha venido la falta de inspiración.
¿Cómo han estado? ¡Lamento mucho haberlas dejado esperando! La verdad es que odio la intriga, tanto para mí como para dársela a ustedes, y sé que al haber leído éste capítulo tal vez no ha sido como esperaban ya que es algo melancólico, pero como siempre digo: Es necesario para continuar mi historia. ¡No se pierdan los siguientes capítulos! Son muy, muy importantes. Intentaré subir el viernes o el fin de semana, ahí se me aligera lo suficiente la vida como para hacerlo. ¡Las adoro! Muchas gracias por estar tan pendientes, me da a saber lo mucho que les gusta lo que escribo. Me esforzaré al máximo para darles la maratón que tanto piden. No olviden comentar y votar. xx. ¡Chao!




28 de abril de 2015

Capítulo treinta - Fresa con Chocolate.




Narra Fabiola

La culpa me corroe. Insisto, soy la peor mejor amiga en la historia de todas las peores mejores amigas. Mientras hablaba con Drew, me debatí a mí misma el volver a la mesa o huir. Sí, es cierto, yo venía para acompañar a Cristal, pero todo se revolvió y luego pensé que el que ella se quedara con Seth iba a ser lo mejor. Ahora no estoy tan segura.

En este momento estoy al lado de unas mesas de comida que casi nadie ha tomado en cuenta, porque se encuentra bastante lejos de donde se reúne casi toda la gente. Nosotros, él y yo, estamos como apartados. Lo que es bueno, porque se puede respirar mejor y no hay tanto olor extravagante.

Estoy un poco nerviosa. Drew no deja de mirarme fijamente, o de recorrer mi cuerpo con la mirada. No estoy acostumbrada a ello. No soy una chica con un autoestima por lo más alto de mí. Incluso si lo que su mirada representa es deleite, yo podría pensar que está haciendo nada más y nada menos que intentando notar todos mis defectos.

- Demonios -escucho a Drew maldecir, y de inmediato llevo mis ojos hacia él. Está concentrado en una zona de la fiesta- Fabiola, date la vuelta -me quedo quieta- ¡Vamos, date la vuelta!
- ¿Para qué? -pregunto confundida.
- ¡No importa eso! -me toma por mi cintura e intenta voltearme, pero me niego- ¡Anda!
- Pero es que no sé para qué quieres que me voltee...
- ¿Drew? -una voz femenina se hace presente entre nosotros. Unos fuertes sonidos de tacones resuenan por todo el lugar. Miro en la dirección hacia la chica- ¿Eres tú?
- Estoy ocupado ahora, Cinthia -le dice Drew con brusquedad, sin mirarla. De pronto me siento un poco fuera de lugar. Es la misma con la que él estuvo.
- ¿Quién es ella? -cuestiona, refiriéndose a mí.
- ¿No la recuerdas? -Drew se gira hacia su persona. Cinthia niega con la cabeza- ¿Cómo puedes no hacerlo? ¡Es casi un insulto!
- Disculpa, tonto, pero no tendría por qué -se excusa ella- Jamás en mi vida la he visto.
- ¡El día en que te pusiste como loca cuando viste que la defendí de Warren! -le ayuda a recordar- O mejor dicho, cuando la reclamé.

El gesto de confusión de Cinthia desaparece como por arte de magia, y en un segundo da lugar a una expresión llena de odio y envidia. Trago saliva, un poco nerviosa. Situaciones como ésta son las que más disgusto me dan. 

- Apenas terminó conmigo y ya te fuiste con otra -le dice a él. Entonces, me mira a mí- Ya veo lo fácil que eres, niñita.
- ¿Ella es la fácil? -Drew suelta una carcajada enorme- ¡Si eres tú la que me persigue a todos lados! Cuando nos conocimos el primer día ya te tenía.
- ¡Es diferente! -Cinthia suelta un grito- ¡Tú me dejaste en cuanto la conociste!
- Porque una chica como ella vale la pena -aclara. De inmediato observo su rostro. Ya había comenzado a sentirme un poco mal- No es como las otras. Es humilde, sencilla, señorita. No es una suelta, ella es digna.
- ¿Qué fue lo que te dijo? -me pregunta, ignorando por completo las palabras de Drew- Te entró con el chamullo de que le rompieron el corazón, que piensa que jamás va a poder enamorarse de nuevo y que fuiste la chica más hermosa que ha visto en toda su pendeja vida, ¿No?

Frunzo el ceño, bastante extrañada, y niego con la cabeza. Drew me observa preocupado, con una pizca de enojo que sé que no es por mí, e incluso con una mueca como si estuviese intentando no reír. 

- De hecho no me ha dicho nada de eso -le digo, con delicadeza. La verdad es que ella me da un poco de pena en mi interior- ¿Por qué debería creerle si me hubiese dicho eso?
- Exacto -ahora se mete Drew, y vuelve a mirar a Cinthia- Con ella no pude inventar nada porque no se lo habría tragado. Lo consideré, créeme -mira hacia mí un momento- Porque soy un capullo, o lo era, no lo sé. Fabiola eso lo sabe. Pero lo que puedo asegurar es que no estoy jugando con ella. Así que, Cinthia, voy a pedirte que te alejes de mi vida, porque yo solamente quiero a una chica.

El calor crece en mi pecho y siento que en cualquier momento soltaré un suspiro de ternura. Aún no entiendo cómo esto pasó tan rápido, me refiero al hecho de que Drew se fijara en mí, que nos besáramos, y que ahora estuviese decidiendo dejar su pasado atrás para seguir adentrándose en mi vida. Es algo simplemente hermoso. Lo lamento mucho por Cinthia, ella es hermosa, tiene un cuerpo deseable, y bueno, si alguna vez deja de ser tan ingenua podría conseguir una buena persona para que esté con ella. Sé que eso Drew no se lo podría dar, porque desde el comienzo todo fue una cosa para nada seria entre ambos.

- ¿Qué tiene ella que no tenga yo? -cuestiona- ¡Mírame! Tengo una figura envidiable -sincera, porque es cierto en realidad. Yo no la envidio, pero reconozco lo que es- Puedo darte todo lo que tú quieras, satisfacerte todo el tiempo, lo que sea. ¿Pero tú nada más me desechas por ésta? 
- No me importa una mierda, yo ahora soy otro. Ella es perfecta para mí.
- Vete a la mierda -Cinthia le da un puñetazo a Drew en el estómago, pero Drew ni se retuerce. Se gira y se va, haciendo sonar, nuevamente, sus tacones. 

Drew y yo nos quedamos en silencio. Él se queda mirando al techo, intentando mantener la calma. Bajo la mirada y saco un poco de papas fritas de una bandeja de la mesa. Escucho como suspira, también noto cuando se gira hacia mí, pero yo finjo no notarlo.

- A mí me encanta tu cuerpo -comienza a decir- Todo de ti me encanta. Tus piernas, tu piel, tus brazos, tu estómago, tú completa. Incluso tus cicatrices.

Suelto las papas de mi mano nada más al escuchar eso. Me tenso de la cabeza a los pies. Alzo la mirada, sorprendida. ¿He escuchado bien?

- ¿Qué cicatrices? -me hago la desconocida, como si no supiera en absoluto de lo que habla.
- Las cicatrices de tus piernas y de tus brazos -aclara- No soy estúpido. Las he visto. 
- ¿Cuándo? -no puedo evitar preguntar.
- En la piscina que armé en casa, cuando los cuatro nos bañamos juntos -dice- Y cada vez que tus mangas se suben. Sé que por eso siempre intentas que sean tapadas, y hoy creíste que por ser de noche no iba a notarlas. Soy muy observador cuando se trata de ti -me quedo en silencio, mientras siento que lo bien que me habían hecho sentir las palabras que le dijo a Cinthia sobre mí, se esfuma- También sé que por eso nunca me recuerdas que debemos ir a nadar juntos.
- No es nada importante, son por cosas que me pasaron de niña. Me enterré unas cosas sin querer.
- Sería muy probable -reconoce. Se mete las manos en los bolsillos de sus jeans- Si de esa forma realmente se pudiese hacer cortes tan bien definidos, derechos y delgados como esos. ¿Te enterraste muchas navajas sin querer?
- Drew, no tenemos que hablar de esto -mis ojos comienzan a humedecerse.
- Sí tenemos, porque quiero que confíes en mí.
- Confío en ti.
- No, no lo haces -se niega, y de pronto parece triste- Sé muy bien que no lo haces. Porque intentas de todas formas que no me de cuenta de ello, no quieres que nadie se entere, y puedo entenderlo. ¿Pero dónde quedo yo? Tengo algo especial contigo. Supongo que lo merezco.
- No es algo con lo que me sienta cómoda, Drew -intento explicarle- Sólo quiero olvidar.
- Nunca vas a poder olvidar, ni aunque quieras. Las cicatrices están ahí, muchas no van a desaparecer, Fabiola -se acerca a mí, y me sobresalto un poco cuando toma mis muñecas- Ellas te van a recordar el resto de tu vida lo que sucedió para que te lo hicieras -baja su mirada y las observa con detenimiento.
- No hagas eso, ¡No las mires! -intento quitar mis brazos con toda mi fuerza, pero las sostiene- ¡Drew, son feas!
- ¡No son feas, porque son tuyas! -exclama con rapidez- No las ocultes. Tienes que estar orgullosa.
- ¿Orgullosa? -cuestiono con dolor- ¿Por qué? ¿De lo débil que fui? 
- Sigues aquí, ¿No? -suelta una de mis muñecas y levanta mi mentón, haciendo que lo mire- Estás viva, estás bien. Sales adelante, y es motivo suficiente para que estés orgullosa. Quiero ésto, Fabiola. Quiero que intentemos estar juntos, y no como algo pasajero. No quiero que temas mostrarte para mí, ni que me ocultes cosas. Yo voy a respetarte, tanto como a ti como a tu pasado. Si quieres no hablamos de ello, pero, no intentes escapar. 

Drew lleva mis muñecas a su boca, y besa mis cicatrices. No logro aguantar, y una lágrima cae por mi mejilla. Jamás nadie había intentado hacer tal cosa por mí. Ni siquiera sé si se tomaban el tiempo para fijarse en algo anormal que mi cuerpo tenía, que yo me provoqué. Cuando acaba, lleva sus manos hacia mi mejilla y la seca. 

- ¿Lo vamos a intentar? -pregunta- ¿Vas a permitírmelo? 
- Sí -termino diciendo, porque de verdad quiero.
- ¿Seremos novios, entonces?
- No lo sé -me encojo de hombros, y logro sonreír- Puede que sea muy pronto.
- Entonces podemos ser amigos, pero en caso de que uno de los dos se meta con otra persona puede ser considerado infidelidad.
- De acuerdo -asiento.
- ¿Y eso qué es?
- Uhm -divago, intentando dar una definición- ¿Novios, quizá?
- Novios será -sonríe enormemente, y me rodea con sus brazos- ¡Já! ¡Todo ésto fue parte de mi plan diabólico!
- ¡Drew, tú planeas todo! -me quejo, fingiendo estar enojada, haciendo que suelte unas carcajadas.
- Cuando se trata de ti por supuesto que lo hago.

Sujeta fuerte mi cintura, se acerca lo más que puede a mí, y me besa. No puedo evitar sonreír entre el transcurso de éste. Estoy feliz, demasiado feliz. Rodeo su cuello con mis brazos, mientras ambos nos desenvolvemos en una hermosa demostración de lo que sentimos el uno por el otro. No sé cuánto dure esto, pero espero que sea increíble. Por alguna razón, sé que Drew hará que lo sea.


Narra Cristal


Sigo mi rumbo hasta la salida. En ese lapso, choco con bastantes cuerpos sudorosos y duros. No sé si soy yo la que tiene un cuerpo delicado, o son ellos los que son fornidos de manera extrema. Independiente de lo que sea, es horroroso. Demasiados cuerpos de personas desconocidas para mí, que no me hacen sentir cómoda ni en el más mínimo sentido.


Logro llegar fuera de la fiesta a duras penas. Pensé que no lo lograría, estaba siendo aplastada y nadie se daba cuenta. Tal vez, sólo tal vez, Drew tenga razón: Soy más baja que un pitufo. No estoy orgullosa, en momentos como éste es despreciable y triste. ¡Aún así es culpa de ellos! La gente tiene que ser más cuidadosa.

De pronto, me quedo de pie justo en la orilla de la vereda. El vehículo de Seth está justo en frente de mí. No pasa ni un alma, parece que la gente ha decido justo hoy no andar por las calles. Para qué hablar de autobuses y taxis, no hay tráfico.

Suelto un suspiro cansado. Definitivamente, me quedaré aquí parada hasta que se hagan las una y media la madrugada. Me niego a volver adentro. Sé que antes me he quejado y sentido un poco mal al darme cuenta de que era una solitaria, pero la verdad de las cosas es que no se está tan mal así. Con el tiempo, con todas las cosas que me han sucedido en el transcurso de mi vida, he aprendido a aceptar la soledad, de tal manera que ya no me parece aterradora, sino que acogedora, en ocasiones necesaria. No tengo necesidad de fingir que hago algo interesante en mí celular para que todos piensen que no soy una marginada. Soy más segura, no bajo la mirada ante esos momentos, siempre recta y firme.

Mentiría si digo que deseo estar sin ningún hombre a mi lado por el resto de mi vida. Sí, he aprendido a ser independiente, a valerme por mí misma, a no necesitar a un tipo en mi vida para ser feliz. Pero, debo admitir, que en ocasiones fantaseo, y me pregunto a mí misma una otra vez el cómo será sentirse enamorada, y cómo será el momento en que llegue alguien que me brinde el doble de felicidad que he logrado conseguir, pero que sin embargo no sea la razón de mi felicidad. No sé si puede entenderse este pensamiento mío, porque incluso yo llego a confundirme.

- Estoy enojado -me sobresalto al escuchar la voz de Seth tras de mí. Por un momento, mi cuerpo se había puesto sólido como una roca.
- Lamento que lo estés, pero agradecería que me dejaras seguir meditando en mi interior por unos minutos más -le digo de buena forma- Aunque puedes quedarte si quieres, sin hacer ruido. No me molesta.
- No me interesa ahora mismo eso que me estás diciendo -habla con pesadez.

De inmediato siento que algo anda mal, y me pongo en guardia. Me giro en dirección a él. Se encuentra, al menos, a tres metros de mí. Está completamente derecho, con los brazos cruzados, escrutándome con una mirada llena de autoridad, decisión e impaciencia.

- ¿Qué te pasa ahora? -le pregunto, algo irritada- Que yo sepa, no te he tratado mal.
- No entiendo por qué saliste de la fiesta.
- Oh, ¿Era eso? -me pongo a reír, y miro hacia la calle, restando importancia- Disculpa si no quiero ser la tercera rueda.
- Aquí no hay ni siquiera dos ruedas -suelta, con un poco de sin sentido. Frunzo el ceño, y vuelvo a mirarlo.
- ¿Qué significa eso?
- Voy a ser directo contigo, Cristal. Estoy harto de ir a tu rumbo todo el tiempo, cansado de controlarme y de ir con calma -se acerca un poco a mí. Por instinto, yo retrocedo- Por lo que voy a preguntarte algo y quiero que me digas la verdad.
- Estás asustándome, déjame sola -ordeno, aún confundida- Vuelve cuando estés normal.
- ¿No sientes nada cuando me ves estando con Anita? -pregunta con superioridad y una media sonrisa, como si le pareciera algo digno de gracia. De inmediato la ira se adentra en mis entrañas- ¿Celos, rabia, enojo?
- ¿Para eso vienes? -cuestiono, sin ocultar mis emociones- ¿Para hablarme de esta tontería y de tu juguete sexual?
- No estás respondiendo a mi pregunta -aclara, y vuelve a acercarse- ¿No sientes nada cuando la toco, o cuando ella me toca? ¿No ha cambiado algo para ti desde la noche en que casi te besé?
- Dios mío, ¡Estás loco! -le grito, al borde del pánico- Apenas salí de la fiesta hace unos minutos, ¿Y ya te drogaste? Lárgate, no quiero hablarte.
- Oh, créeme, estoy más que consciente de lo que estoy haciendo -su expresión se vuelve totalmente seria y yo me limito a retroceder más. Choco contra el costado de su auto- Ahora tienes que responder.
- ¡Por supuesto que no siento nada! -miento, recordando lo cabreada que me sentía la primera ocasión en que ella se colgó de su cuello y mordió su mejilla- No tendría por qué, ¿No?
- He notado tus expresiones, puedo notar lo incómoda que te sientes cada vez que hablas conmigo -reconoce- Pero vamos, no se parece ni un poco a la forma en que trataste a ese tipo esa tarde, cuando saliste de la ducha y él llegó a recogerte.
- ¿Qué tiene que ver Julián en todo esto?
- Que con él no sentiste nerviosismo -avanza lentamente hacia mí, otra vez- No te sentías incómoda, ni acalorada, ni agitada, y tampoco temblabas.

Analizo el momento, y me enojo conmigo misma cuando noto que lo que dice es verdad. Estoy temblando, mi respiración es irregular y tengo una calor del demonio. Todo lo que ha dicho es cierto, ¿Por qué es cierto? ¿Por qué tiene razón?

- Eso no significa nada -logro pronunciar.
- Y además -ignora mis palabras- admitiste que me extrañaste cuando no estuve. La Cristal dura usual, jamás haría eso. ¿Qué es lo que sientes por mí?
- ¡No lo sé, Seth! -exclamo, desesperada- ¿Debería sentir algo, acaso?
- Sí, y acabas de confirmarlo.
- ¿Que yo hice qué? ¡No es cierto!
- ¡Dijiste que no lo sabes! -alza al voz, casi tan desesperado como yo- ¡Exacto, eso es lo que pasa, que no lo sabes! Y no lo sabrás hasta que yo te empuje.

Con una fuerza brutal, Seth se lanza sobre mí y me acorrala contra el auto, casi dejándome sin aliento. Mi cuerpo comienza a temblar el doble, mientras que el frío contacto del metal del auto congela mis piernas. Sujeta ambos brazos míos con sólo uno de él, y con su mano libre sostiene mi cabeza. Cierro los ojos tan fuerte como se me es posible, tanto, que duele.

- Mírame -ordena, jamás lo había escuchado tan autoritario- Mírame, Cristal. Tienes que mirarme si queremos que esto funcione.
- Desquiciado, te odio -escupo sin piedad, sin hacerle caso- Vete.
- No te creo nada, no tienes que cerrarte -su agarre contra mi cabeza se afloja, y entonces siento su frente contra la mía. Su aliento choca contra mi rostro- Estás asustada, tienes miedo, no es más que eso. Olvidaste lo que era que alguien se interese en ti de tal manera que te persiga tanto.

Mi sorpresa es inevitable. ¿Interese? ¿Él está interesado en mí, realmente? ¿No es un juego, o una experiencia más? ¿Qué pasa con Anita, con lo que vi allí adentro, y con todo lo demás?

Comienzo a abrir mis ojos, solamente porque algo dentro de mí si ha ablandado con sus palabras. Cuando ambos están abiertos, de inmediato me encuentro con los de él, fijos con los míos. Mis párpados están pesados y me siento realmente vulnerable. Su rostro luce un poco dolorido, como si se sintiese mal consigo mismo. Mis manos sudan, mi cuerpo incluso suda un poco.

- Eso es -dice, casi como si agradeciera- Así tiene que ser. Tienes que permitirme estar cerca de ti, saber que no tienes que temer.
- Estoy transpirando... -suelto un contario cualquiera.
- ¿Qué pasa si te digo que estoy sintiendo más de lo que debería por ti?
- Seth, Dios, no lo sé -expreso con dolor- Esas son cosas que no deben tomarse a la ligera, y...
- Eso es lo que quería oír -interrumpe mis palabras. Lo miro extrañada- Que no lo sabes.

Siento la manera en que mi cuerpo vuelve a ser acorralado con el de él con una decisión irreconocible, y todo mi interior estalla cuando Seth junta con violencia su boca con la mía. Entreabro mis labios, queriendo gritar, pero él aprovecha ése movimiento para que su lengua entre en mi cavidad bucal, sujeta mi cabeza y entonces siento que voy a desmayarme. Pero creo que voy a morir cuando me percato de que estoy correspondiendo su beso sin negarme un poco siquiera.

Mi estómago se retuerce por la sensación que siento. Seth, cuando nota que no voy a deshacer nada de lo que estamos haciendo, suelta mi cabeza y desliza ambos de sus brazos por mi cuerpo, para terminar rodeando mis caderas por completo. El beso de Seth es realmente exigente. No es nada delicado, es mejor dicho eufórico, lo que hace que me fascine de una manera que no habría esperado. Me apresuro a morder su labio superior, y ante ese acto él me acorrala aún más contra su auto. Desliza sus besos hasta mi mentón, luego comienza a bajar hasta mi cuello, dejando ligeras humedades. Mi respiración comienza a agitarse más de lo normal, puedo sentir los latidos de su corazón, y puedo jurar que nunca lo escuché inhalar con tanta dificultad.

La necesidad de volver a sentir su boca contra la mía se vuelve indescriptible, así que llevo mis manos a su rostro y lo atraigo hacia mí con determinación. Él, gracias al cielo, no me rechaza, y me besa con más desesperación todavía. Todo es realmente salvaje, tanto que me cuesta un momento darme cuenta de que Seth me aleja un poco del auto, y al parecer mete una mano en su bolsillo para sacar ese aparato extraño que presionas para que el auto se desbloquee. Un momento después, abre la puerta y me guía a que entre al auto. Pienso que va a permitir que nos dejemos de besar, pero en lugar de eso continúa haciéndolo lo más que puede, y me ayuda a adentrarme en el auto de la manera más cómoda posible. Nuestros labios solamente son separados por unos pocos segundos.

Con cuidado, va deslizándome por el interior. Seth cierra la puerta con uno de sus brazos. Mi cuerpo me pide más de él durante cada segundo que pasa. Separo mis piernas y me siento sobre él. Seth toca una de mis piernas y presiona. Suelta un gruñido, y decido comenzar a besar su mandíbula, su cuello, mordiendo ligeramente mientras acaricio su cabello. Sus manos recorren mi cuerpo sin intensión de detenerse. De pronto, sin previo aviso, introduce una de sus manos por la parte superior de mi vestido y desabrocha mi sujetador. Pero eso no es lo que me deja estupefacta; lo que me deja estupefacta es que ni siquiera detengo el beso para impedir que esto vaya a más, sino que en realidad me importa un bledo y estoy queriendo ir más allá. Mi mente no reaccionaría jamás en este momento. Mi cuerpo pide más y yo no soy capaz de controlarlo.

- ¿Seth? ¿Hola? -la voz bastante conocida de Anita se hace escuchar. Me separo de Seth casi inmediatamente, y él suelta un bufido frustrado- ¿Estás allí dentro? -siento que se acerca a la ventana al lado de nosotros. Es una suerte que los vidrios sean polarizados.
- Maldita sea -susurra con odio- Oh, joder, demonios, Ana de mierda -intenta no gritar, cerrando los ojos con fuerza.

Por primera vez no la llama Anita. Me limito a bajarme de él, y tengo que forzar un poco para que me suelte. Me siento contra la otra ventana, intentando acomodar mi vestido lo suficiente como para que no se note mi sujetador desabrochado.

Cuando Seth percibe que yo ya estoy presentable para que ella me vea, presiona el botón para abrir la ventana, y en un segundo ésta se baja, pero sólo hasta la mitad. Anita logra captarme de inmediato, frunce el ceño causando que sus cejas grandes que están a la moda, se junten. Parece que su globo ocular va a salir de su cavidad, de su agujero o lo que sea.

- ¿Es la hermana de Drew? -abre los ojos, intentando reconocerme- ¿Ésta puta? ¿Cómo puedes estar con ella, miserable? ¡Es una hueca engreída!
- No la insultes, Ana -me defiende, mientras más frustración crece en él- Estás haciendo que me enoje más, créeme que no lo necesito.
- ¿Ana? -parece ofendida- ¿Desde cuándo me llamas Ana? ¡Ustedes dos tienen algo! ¡Cinthia intentó decírmelo, pero yo no le creí! ¡Que tonta fui!

No puedo evitar sentirme impresionada con su comentario. No porque me haya llamado puta, sino por lo otro. ¿La gente, al vernos, piensan que yo y Seth tenemos algo? Es decir, antes de que ocurriera esto, claro, porque en realidad no sucedía nada...

- Ana, lo nuestro acabó hace ya tiempo -le dice él, tratando de tener paciencia, moviendo sus manos como si estuviese explicándole a un niño- Tienes que comprender.
- ¡Pero si nada más allá adentro he estado contigo, idiota! -le grita.
- No ocurrió nada, no intentes poner a Cristal en contra de mí inventando mierdas -escupe con odio- Deberías irte, no sé para qué vienes.

Anita adentra la cabeza por la ventana y con rapidez lleva su rostro hacia el de Seth para darle un beso. Él reacciona de inmediato y se aleja, poniendo su mano en el cuello de ella, para que no se le acerque más.

- No, basta -Seth continúa intentando hacerla razonar- Estoy hablando en serio. Ten un poco más de respeto, Cristal está aquí conmigo.

Anita, rendida, retira su cabeza. Por un momento pienso que va a ceder y marcharse, pero cuando se pone a maldecir y a insultar a Seth de la manera más horrorosa del mundo, él comienza a cerrar la ventana. Decido voltearme para intentar abrochar mi sujetador, mientras que Anita continúa gritando, para que luego se escuche sonar lo que parecen ser golpes contra la ventana o el vehículo en general, gracias a posibles puñetazos y patadas. Suelto un suspiro cansado. De pronto, todo afuera parece calmarse, y lo siguiente que se escucha son unos tacones resonar contra la vereda, alejándose.

Mi intento de abrochar mi sujetador es un fracaso, por más que intento, no puedo hacer que mis brazos alcancen atrás. Justo entonces, siento que Seth se acerca a mí, y lleva sus manos hacia la parte superior de mi vestido. Introduce sus manos por allí, y me ayuda a llevar a cabo mi objetivo. Mi espalda tiembla ligeramente ante su tacto, no puedo creer que aún me suceda, incluso después de lo que acaba de pasar.

Cuando se retira, lanzo mi cabello hacia atrás, intentando hacer que la calor corporal que aún está presente en mí disminuya, por lo menos, un poco. Mi cintura es rodeada con unos brazos fuertes, y atrae mi cuerpo hacia él. No puedo verlo, pero sé que está mirando mi perfil desde su posición. Puedo sentir la contextura de su abdomen. Entonces, siento una respiración en mi oído, y después, unos besos son arrastrados a través de mi cuello con delicadeza.

-  ¿Qué es lo que me atrae tanto a ti? -pregunta, casi más para sí mismo que para mí. No puedo evitar sonreír un poco. Dudo un poco en responder de la manera en que quiero.
- ¿Y a mí? -digo- ¿Qué es lo que me atrae a ti?

Seth se queda en silencio, y mi estómago se revuelve. Casi acabo de admitir que me siento atraída por él. Sé que lo estoy, porque no habría reaccionado como lo hice de no estarlo. Prácticamente me entregué a él sin negarme, y estaba dispuesta a más. ¿Dónde quedó mi compostura? La perdí toda por él, con el primer acontecimiento que vivimos.

- No lo sé -dice, y luego suelta unas diminutas risas. Tardo un poco en entender la broma, pero cuando lo hago comienzo a reír con él.
- Con que no lo sabes -comento, lista para repetir lo que él me dijo:- Y no lo sabrás hasta que yo te empuje.

♥♥♥

Ayyyyyy, dioh mioh de mi almah, éste capitulo ha estado precioso, es decir, admirar a Drew con Fabiola y a Seth con Cristal, son una perfección total, no tengo palabras. Sé que el capítulo les ha gustado tanto como me gustó a mí escribirlo, así que espero que comenten y voten mucho, porque lo merezco. ¡No puedo creer que ya estemos en el Capítulo treinta! Que rápido pasa el tiempo. Con ésto, me he preguntando a mí misma cuán larga será la historia, y pues llegué a la conclusión de que, probablemente, no tenga más de cincuenta capítulos.
Ah, por cierto, me veo en la labor de aclarar algo a Priscila Rupayán: Cristal no se refería a ella cuando dijo eso de pasar una noche de rebeldía, sino que se refería a que Fabiola podría ser rebelde si mentía a sus padres, inventándoles que estaba haciendo un trabajo cuando en realidad estaba en una fiesta. ¡Uh! Creo que me expliqué mal JAJAJAJA, así que lo aclaro por si alguna más de ustedes se enredó también. 
¡Un beso enorme a todas! Estoy feliz, muy feliz. Tengan buen día, buena noche, todo lo bueno. Estaré por aquí otra vez muy pronto. ¡Adiós!



26 de abril de 2015

Capítulo veintinueve - Fresa con Chocolate.



Me pongo de pie delante de mi cómoda. Abro uno de sus cajones, y enseguida saco todos los vestidos preciosos que tengo. Uno. ¡Uno! Nada más que uno, porque la verdad es que mi vida es tan poco loca que a las únicas fiestas a las que voy son las familiares y me aburro más que nada. Bueno, no me aburro tanto, porque me gusta estar con ellos, pero me refiero a lo de bailar y todo eso. Ni siquiera es un vestido, es como una playera larga hasta un poco más arriba de la mitad del muslo. Su color es negro, se ajusta completamente a mi cuerpo porque es como elasticada. Quien lo viera, pensaría que es un vestido, así que no hay problema con que me lo ponga.

Para los pies, decido usar mis zapatos de satín negros, con un taco decente lo suficientemente soportable para un par de horas. Tienen un broche, así que si hago un mal movimiento no se me salen. Y que los tenga es pura suerte, porque mamá me los compró cuando me obligó a ir a mi fiesta de graduación de un curso, que por cierto fue un acontecimiento que no quiero volver a repetir durante el resto de mi vida. Ir a esa cosa fue el error del año, perdí tiempo de mi vida que pude aprovechar leyendo un libro.

Me pongo el vestido y los zapatos. Camino hacia el espejo y me sorprendo con lo corto que es. Siempre lo había uso con leggins largos, pero ahora mis piernas están descubiertas y me da una mejor visión de la forma en que siempre ha lucido puesto. Sin embargo, debo admitir que me gusta. Tal vez, incluso más de lo que debería.

Mientras me suelto el cabello, dejándolo caer sobre mis hombros, comienzo a pensar en el infierno que será sin Fabiola. No me confirmó que iría, así que seguro estaré más sola que la ardilla Scrat de la era del hielo, yendo detrás de algo que haya para comer, o que me distraiga, porque no voy a buscar bellotas.

Abro una caja que tengo que contiene unas cuantas pulseras. Me pongo una bañada en oro que me obsequió una tía años atrás. Es preciosa, porque contiene lunas y estrellas colgando. Son diminutas, casi ni ven, lo que las hace aún más preciosas.

Doy un salto cuando siento que tocan la puerta de una forma lo suficientemente brusca como para hacerme enojar. Suelto un bufido, y ruedo los ojos.

- ¿Estás ya lista? -la voz de Drew se hace sonar a través- ¡Tenemos que irnos!
- Sí, idiota. Allá voy -respondo borde.
- Idiota tu abuela.
- ¿Sabes que es tu abuela también? -me río en mis adentros.
- Lo que sea, sal ya o llegaremos cuando no quede nadie.

Al parecer Drew se está poniendo muy pesado y desesperado con todo lo de sentirse asfixiado queriendo respirar. Así que tomo mi pequeña cartera cruzada en la que sólo me cae el celular, me la pongo y abro la puerta de mi habitación, para luego bajar las escaleras. La puerta ya está abierta, así que salgo, y veo que Drew está parado en la vereda de la calle frente al inconfundible vehículo brillante de color negro. De pronto me siento un poco acalorada. ¿Qué me pasa?

Camino hacia ellos y me cruzo de brazos, cargando todo mi peso en una pierna mientras que con la otra hago sonar mi tacón. Cuando ellos notan mi presencia, ruedo los ojos y suelto un bufido molesto. Me niego rotundamente a hacer contacto visual con Seth. Siento mis pierna débiles, como si quisiesen flaquear, y lo que menos necesito es verme insegura. No sé si él me observa todavía o no, pero aún así.

- ¿No te quejabas con que nos fuéramos ya? -alzo una ceja- Porque ahora tú estás demorándote, Drew.
- ¿Vas a una fiesta o a un prostíbulo? -pregunta el muy irrespetuoso, para luego comenzar a partirse de risa. Yo, en cambio, permanezco seria. Menos mal no escucho a Seth reír, o los atacaría sin dudar.
- ¿Terminaste de reír? ¿Hay algo más que quieras comentar, infeliz? -me burlo de él, completamente desinteresada del tema. De inmediato se detiene y me fulmina con la mirada.
- Pesada de mierda -escupe- Subamos al maldito auto o lo que sea.

De inmediato camino hacia una de las puertas traseras y la abro. Me apego a la ventana con rapidez. Drew sube al asiento de copiloto y el último en hacerlo es Seth, obvio de conductor. Drew avisa a mamá y a papá con un grito que ya nos vamos, y en un santiamén estamos a varios kilómetros por hora entre las calles de la ciudad.

Me sobresalto cuando comienza a sonar mi celular. Mi mandíbula por poco se cae cuando lo saco de mi cartera y noto que es Fabiola. Deslizo el dedo y contesto de inmediato.

- ¿Hola?
- ¡Cristal! -suelta un grito- Por favor, dime que no están ya en la fiesta.
- No estamos ya en la fiesta.
- No, en serio. Te lo pregunto de verdad.
- Te estoy respondiendo, aún no estamos allí, vamos apenas en camino.
- ¡Vaya, es una suerte! ¿Van a pasarme a buscar? Porque estoy lista -abro los ojos como plato y una llama de felicidad se enciende en mi pecho.
- ¿Qué? -cuestiono- ¿Estás hablando en serio?
- ¡Sí! Mamá y papá me dejaron a último minuto. Algo bueno que haya logrado intentando como último recurso, comportarme tan insoportable como tú en ocasiones.
- ¡Esto es un milagro, bendito sea Dios! -alzo los brazos y mi cartera sale volando hacia adelante. Golpea en la cabeza a Drew, y se voltea furioso.
- ¿Quién es? -pregunta.
- Iremos de inmediato -le digo a mí mejor amiga- Tú espéranos allí -y corto.

Cuando lo hago, le quito mi cartera a Drew que estuvo teniendo entre sus manos desde que le llegó en su dirección, y guardo mi celular dentro. ¡No puedo estar más feliz! Definitivamente, la mejor noticia que he tenido en toda ésta semana.

- Era Fabiola. Podemos pasarla a buscar, ¿Cierto? -pregunto inocentemente.
- ¿Va a venir? -Drew parece impresionado- ¿No bromeas?
- Por supuesto que no.
- Vaya, eso es genial. No pensé que fuese a presentarse.
- Yo tampoco, ¡Pero ya ves!


La conversación termina ahí, y yo sé que indirectamente eso ha sido un sí. Noté algo extraño en Drew cuando se lo dije, lucía tenso, como si intentara ocultar alguna emoción. Pero no me lo tomo tan a pecho. De haber sucedido algo importante, Fabiola me lo habría dicho. 

Cuando llegamos a casa de Fabiola, ella no tarda mucho en salir, pero cuando lo hace, puedo asegurar que se hace notar. Luce hermosa. Trae unos leggins de color negro con unas cruces blancas, y encima una polera blanca que tiene unas palabras escritas, además de sus zapatillas. Me quedo fascinada, ella siempre tan natural y simple, que incluso eso la hace aún más hermosa.

Narra Fabiola

Cuando me voy acercando al auto de Seth, siento que un vehículo viene a lo lejos. Me quedo mirando, por alguna razón, hacia el lugar de donde proviene. Cuando están lo suficientemente cerca de mí, noto que es una camioneta, y de pronto un chico se asoma, saca la cabeza por la ventana y me chifla. ¡Vaya!


La camioneta sigue su rumbo. Me quedo embobada. ¡Dios mío, esto nunca había pasado! Digo, me habían chiflado antes, pero éste era especial, porque era guapo, ¡Mucho! Recuerdo que un día estaba sentada en las afueras de un colegio en el que estuve, y alguien me tocó el hombro. Alcé mi cabeza para mirarlo, y era un chico más mayor que yo, que me preguntaba mi nombre. Lo ignoré, y me puse a temblar. Jamás lo había visto en mi vida, y no es que su rostro me ayudara a sentirme cómoda o algo. Podría haber sido un secuestrador. 

Drew saca su cabeza por la ventana, mirando para todos lados y luego deteniéndose en mí. Avanzo hasta el vehículo con rapidez, para no hacer que todo se atrase.

- ¿Qué fue eso? -pregunta, aparentemente molesto- ¿Un idiota te chifló?
- Sí -respondí sonriente.
- Maricas, ¿Y sonríes como si nada? Irrespetuosos de mierda -maldice.
- Ay, ¡Ya cállate, Drew! -interviene Cristal- Si se ve muy guapa, ¿Cómo no iban a hacerlo? -ahora me mira a mí- ¡Amiga, eres toda una modelo! ¡Cuando grande quiero ser como tú, enséñame tus secretos!
- Eso no va a suceder, porque tu nunca vas a crecer -le dice Drew con amargura en su voz. Yo me dispongo a abrir la puerta y me siento al lado de Cristal. De inmediato el vehículo comienza a avanzar- Eres más baja que un pitufo.
- Nadie preguntó tu opinión, bacalao -escupe ella- Fabiola, escucha, como Drew es un bacalao aléjate de él, porque apesta y son anti besos. Nadie jamás querría besar un bacalao, por eso lo ponen como penitencia en algunos juegos. ¡Que asco!

Me quedo en silencio y me dispongo a reír de manera fingida. Intento no sonrojarme. La verdad es que no me ha causado gracia porque de pronto me siento un poco culpable. Cristal no tiene ni idea de que Drew y yo nos besamos hace ya varios días, la última vez que lo vi. Me siento la peor mejor amiga del mundo.

- Estoy seguro de que a Fabiola no le molestaría besarme -sincera Drew, claramente seguro de sus palabras. Noto que me mira por el espejo retrovisor- Apostaría a por ello.
- Uh, ¿Por qué piensas tal cosa? -pregunta Cristal, frunciendo el ceño de la curiosidad.
- ¡Por nada! -me entrometo- Drew, deja a mi amiga. No es momento para hablar de esas cosas.

Le mando una mirada asesina a través del espejo. Él parece captarla y suelta unas risas. Siento mi cuerpo relajarse cuando sé que no seguirá diciendo esas cosas. ¿Por qué le hace gracia? No es en absoluto divertido. Para nada.

Cuando llegamos a la fiesta, me quedo impresionada. Todo está lleno de luces, de gente que nunca antes vi en mi vida y con montones de alcohol junto con humo de cigarrillos. Apesta. Miro a Cristal y ella tiene una mueca de horror. No puedo evitar burlarme de ella.

Ambas seguimos a Drew y a Seth. Tomo el brazo de Cristal con fuerza, porque estoy segura de que si alguien se nos atraviesa, nos perdemos y no nos encontramos hasta la próxima semana, o al menos hasta que la fiesta termine. Ella también se aferra a mí, y eso nos ayuda a sentirnos más seguras.

Puedo admitir que incluso desde antes de llegar, pensé que nos iban a dejar solas de inmediato, no sin antes decirnos que tuviésemos cuidado, que no nos fuésemos muy lejos de un lugar determinado y que por nada del mundo bebiéramos algo que un extraño nos ofreciera. Pero todo fue lo contrario, porque los cuatro llegamos a una mesa. Ellos se sentaron, y Drew nos hizo una seña para que nos sentáramos con ellos.



- ¿Qué? -pregunta Cristal, extrañada por el comportamiento de ambos.
- Siéntense, ¿Acaso quieres estar de pie todo el día? -molesta Drew, riendo.
- ¿Estás invitándonos a pasar el tiempo en la fiesta con ustedes? -ahora pregunto yo, sin ser capaz de ocultar mi impresión- ¿No deberían estar con sus amigos y amigas? Nosotras no vinimos para molestar.

Cuando digo eso, noto que el buen humor de Drew, desaparece como por arte de magia. Su frente se arruga un poco y su cuerpo se pone un poco tenso. Parece que lo que he dicho le ha causado un malestar. Es como cuando dices algo y resulta ser un golpe bajo para otra persona. Pero no entiendo, ¿Por qué debería afectarle? Ha sido la verdad. Puede que nos hayamos besado, pero nada más ha cambiado. No me sorprendería que fuese con otra chica, o con la que estaba con él en la galería de Arte, si es que aún se le puede llamar así.

- No van a molestar -responde Seth por él, quizás dándole una mano- Hemos venido a pasar el rato, nada más. ¿Verdad, hermano? -mira a Drew, ayudándolo.
- Claro, ¿Para qué más íbamos a venir? -Drew intenta volver a tomar su compostura- Le dije a mamá y a papá que vendría a despejarme, no a tomar o hacer algo que no deba.
- ¿Hola? -habla Cristal- ¿Estás hablando en serio? ¿No irás a besar o a mantener relaciones sexuales con alguna de estas golfas? 

Siento una punzada de dolor en el pecho por lo que ha dicho Cristal. Sí, es cierto, Drew y yo no somos nada, pero eso no quiere decir que no me lastime si llega hacer algo así. Es mi culpa, yo no le conté a Cristal sobre lo que pasó entre nosotros. De haberlo hecho, estoy segura de que no le habría dicho tales sugerencias a su hermano.

- Más respeto, pequeña -le detiene Drew- Yo he cambiado. Sólo tengo ojos para una chica. De hecho la besé hace unos días, y no he vuelto a mirar a otra mujer que no sea ella.

Abro los ojos impresionada. Lo miro directo a los ojos, y está mirándome tal como yo. No ríe, no se burla, simplemente quiere transmitir que con lo que ha dicho se refiere a mí. De pronto, me siento un poco feliz. No puedo evitar soltar una diminuta sonrisa.

Me percato de que Cristal mira la escena con un poco de confusión. Sus ojos viajan a los míos, y sé que intenta interrogarme. Me siento de lo peor, pero no puedo hacer nada ahora. No es que quiera decirle de ésta manera, porque seguro montará una escena. Por lo que hago una mueca y encojo de hombros.

- ¿Y bien? -le pregunto- ¿No sentamos o no? -ella parece dudar un momento, aún queriendo leer entre líneas o mis pensamientos. Pero finalmente, suelta un suspiro y asiente.
- Claro. Es mejor que nada.

Me doy cuenta de que va a avanzar hasta el lugar al lado de Drew, pero me apresuro y me siento yo a su lado. Ella me fulmina con la mirada, como si estuviese realmente asesinándome. Ésto no es porque yo sintiese unas ganas desesperadas por sentarme con Drew, sino porque sé que está tratando de huir de Seth, y definitivamente ya es tiempo que se de cuenta de las cosas, que haga algo por ese miedo o trauma que tiene. No saca nada con huir.

Narra Cristal

Miro con nerviosismo el lugar que queda al lado de Seth. Él me observa fijamente. Bacilo entre sentarme a su lado como todos esperan que haga, o en caminar hacia algún lugar de la fiesta sin ningún objetivo. Pero finalmente llego a la conclusión de que haciendo eso podría ser un blanco fácil para un drogado necesitado, y definitivamente no quiero que me violen, así que termino sentándome a duras penas al lado de Seth. Cuando lo hago, siento que rozo con su brazo, y de inmediato me alejo lo más que puedo, hasta que no lo siento.

Nos quedamos un rato conversando, o más bien, se quedan un rato conversando, porque yo no es que diga mucho que digamos. Drew y Fabiola son casi los únicos que hablan, él le ha estado poniendo mucho tema de conversación. ¿Cómo es posible que se lleven tan bien? Porque bueno, es Drew. Sé que siempre pienso esto... ¡Pero es Drew!

Intento no mirar a Seth mientras el tiempo transcurre. No ha intentado hablarme, y yo tampoco voy a hacerlo. ¿Qué podríamos decir? *Oh, sí, ¿Recuerdas ayer, cuando te vi por la ventana? Resulta que me pasé la enorme película en mi cabeza con que tú eras el otro protagonista en mi vida*. No, yo no voy a decir eso nunca, que vergüenza y humillación.

No sé cuanto tiempo termina pasando, pero me percato de que Drew y Fabiola comienzan a pararse de sus asientos. Los observo detenidamente, sin entender nada.

- Vamos a ir a dar una vuelta por ahí, para conocer el lugar -nos informa Drew, sin que se lo preguntáramos siquiera- Juntémonos a las una y media afuera, en el carro tuyo -mira a Seth- Adiós.

Un pánico profundo se apodera de mí, cuando noto que Fabiola se aleja. ¡Traidora! ¿Cómo pudo abandonarme? ¡O sea, yo le pedí que viniera para que estuviésemos juntas y se va con el mugriento de mi hermano! Sé que suena egoísta, ¿Pero por qué no se ha fijado en mí? ¡Me dejó con Seth, la última persona que quiero tener a mi lado para que me acompañe! Estoy destinada al fracaso social.

Minutos después de que ellos se van, Seth y yo seguimos en silencio, de tal forma que me comienza a sofocar. De pronto me siento insoportable y asfixiada, no es que los olores de la fiesta ayuden mucho. Pero cuando dos chicos se sientan en los lugares en que estuvo mi hermano con mí mejor amiga, me causa tal sorpresa que me hago para atrás, hasta llego a creer que se han equivocado de mesa.

Comienzan a saludar a Seth, y entonces dos chicas llegan, que al parecer son novias de esos dos anteriores. Me comienzo a sentir fuera de lugar, porque hablan como si la vida les dependiera de ello, mientras que yo estoy como pintada al lado.  No me puede importar menos el tema de conversación que tienen, solamente escuché algo de que la fiesta es como un huracán de licor (?), ah, y que unos metros más allá una pareja completamente drogada estuvo teniendo sexo en frente de todos. ¡Vaya historia! Es algo de tanto interés que tendrán que contárselo a sus hijos, si es que llegan a tener.

Me harto y me pongo de pie, sin siquiera dedicarles una mirada y camino hacia donde mis pies me permitan. No voy a sobrar, estoy aburrida y no ganaría nada quedándome. Tampoco parecieron percatarse de mi presencia. Odio eso, cuando estás con alguien y llegan personas que conocen a ese alguien, pero notan que estás ahí y pasan de ti como si no fueses más que un estorbo que no merece ni el mínimo de interés, o por lo menos, una presentación o un saludo con la mano. Se siente feo, pero de todas formas: ¿Por qué habrían de pensar que yo era acompañante de Seth? Si parecíamos dos personas que no habían hablado nunca en la vida, unos completos desconocidos.

Entre la multitud, me encuentro con una máquina de gaseosas. Sonrío, porque tengo sed y como no bebo alcohol, esto es lo único que podría permitirme. Así que meto el dinero necesario por el espacio correspondiente, pero parece que hay algún problema técnico, porque por más que espero, mi gaseosa no cae.

Decido dar ligeros golpes en la máquina, para ver si eso es necesario para que la cosa funcione. Pero no lo hace, así que comienzo a desesperarme y ahora no sólo doy golpes, sino que también uno que otro puntapié frustrado. ¡Maldita sea!

Me enojo a tal nivel que me alejo. No ha valido la pena encontrar la porquería de máquina y encima me ha robado el dinero. ¿Por qué a mí? ¡Moriré de sed el resto de la noche! No pienso pedir algo en el bar, porque cobran muy caro y de seguro no venden algo que sea para personas sobrias.

Varios minutos me quedo dando vueltas por la fiesta, solamente para matar el tiempo, queriendo que llegue rápido la hora en que deba volver a casa. Miro la hora en mi celular, y falta un montón. Pero tengo que admitir esto: Tanto rato sola, aquí en un ambiente totalmente fuera de lugar para mí, me ha servido para reflexionar sobre algunas cosas de mi vida.

Primero, jamás en mi vida volveré a hacer caso a papá sobre cuidar a Drew.
Segundo, traer algo para beber desde tu casa cada vez que sales.
Tercero, hacer caso a tu madre cuando te dice que comas y así luego no pasar hambre.
Cuarto, no creerle a tu mejor amiga cuando te dice que no te dejará sola.
Y quinto, que soy una solitaria nivel yisus.

Pero de pronto miro hacia una mesa grande y espaciosa, llena de taburetes a su alrededor. En ella, está Seth, solo, sentado con nada más que una botella de SevenUp, mirando hacia ningún lugar en específico, y pasando sus manos por su cara de vez en cuando. Al parecer, no soy la única solitaria.

Lo que pasa a continuación es algo que me sorprende: siento unas enormes ganas de ir hacia él, y no se por qué, ya que hace rato lo tuve a mi lado pero sin embargo lo único que deseaba era alejarme. Aún así, decido caminar hacia él, sin esperar nada en realidad, solamente porque quiero sentirme menos sola y quizá a su lado el tiempo pase más rápido, o podría convencerlo de que me lleve a casa antes.

Cuando se da cuenta de que me siento en un taburete cercano al de él, se sorprende. No estoy cerca, dos taburetes nos separan, pero no hay nadie entre nosotros tampoco. Sonrío ligeramente, para que sepa que vengo en son de paz, pero él no hace nada, solamente se queda ahí, sin hacer ninguna expresión.

La verdad es que me sorprende que Seth esté sin nadie a su alrededor. Sé que es popular, porque Drew me lo ha dicho incontables veces, siempre tan orgulloso que da náuseas. ¿Por qué está solo? ¿Por elección? No dudo que sus amigos esos de antes lo hubieran invitado a ir con ellos.

De la nada, una chica aparece, y de inmediato me percato de que es Anita. Se acerca a Seth con tal decisión, que lo abraza por detrás, susurrándole cosas al oído y luego muerde su mejilla. Él parece fuera de lugar, solamente me mira, y cuando se decide por girarse hacia Anita parece impresionado, como si apenas se hubiese dado cuenta de que prácticamente tiene a un mono colgando de su anatomía.

La escena me parece asquerosa, horrible, y de pronto me siento cabreada. Seth vuelve a mirarme y  yo hago una mueca de horror. Me giro en mi taburete en dirección contraria al de ellos. No quiero ver la manera en que fornican entre sí. Me siento enojada, realmente enojada. Una sensación molesta crece en mi pecho, como si alguien me lo estuviera apretando y yo desease gritar sin lograrlo.

Lo bueno es que logro distraerme, porque aparece un chico que podría haber sido la última persona que esperaba encontrarme. Es quien me gustó mucho cuando era más pequeña, a la edad de trece años. Luce tan diferente que me sorprende.

Cuando mira en mi dirección, me sobresalto un poco. Parece que intenta averiguar si en realidad soy yo, porque me estudia detenidamente. No es que sea algo inesperado, porque he cambiado mucho físicamente, pero bueno, aún así por ciertos rasgos soy capaz de reconocer. Finalmente, se pierde entre la gente. No es que fuese a venir hacia mí.

- Ten -una voz completamente conocida se hace escuchar tras de mí. Me giro muy despacio, y noto que Seth me extiende la botella de SevenUp que tenía. Lo miro sin entender- Es tuya. No pudiste obtenerla, y yo la saqué por ti.

Me quedo estupefacta, porque no puedo creer que se haya dado cuenta lo que me ocurrió. Él estaba con sus amigos, ¿Es posible que haya estado pendiente de mis movimientos? Es decir, se supone que cuando pasan ese tipo de cosas siempre ruegas que nadie haya visto tu fracaso. Como cuando subes al autobús y tienes ganas de abrir una ventana, lo intentas pero eres un bueno para nada porque no logras ni mover un poco el vidrio siquiera.

- Gracias -agradezco, tomando la botella de sus manos, algo temerosa de hacer un movimiento equivocado. Él sonríe con delicadeza. Creo que jamás lo vi sonreír tan dulcemente conmigo.
- ¿Por qué tan solitaria? -pregunta, lo que me hace avergonzar un poco.
- ¿Porque no conozco a nadie, quizá? -le digo- Fabiola me abandonó, si no te diste cuenta.
- Me tenías a mí.
- No es lo mismo -le explico- Tú y yo somos un problema. Ni hablamos, o algo.
- Estamos hablando ahora mismo -aclara.
- Sí, ahora. ¿Pero y hace rato? -suelto un suspiro- No estábamos haciendo nada.
- Eso no quiere decir que no me sintiese bien estando contigo.

Me quedo muda. No sé muy bien qué responder a eso, porque la verdad es que me parece ridículo. ¿Por qué se sentiría bien? Cada vez que hablamos todo sale fatal. Soy una alterada, histérica, y todo se pone aún peor cuando Seth mete el dedo en la herida, como la noche en que me puse ebria. Aún no supero ese momento. Me da hasta pena recordarlo.

- ¿Por qué no fuiste a casa en dos semanas? -decido preguntar, porque algo me llama a saber las razones, sobretodo porque puede ser por mi culpa. Él intenta ocultar su impresión por lo que he dicho. Intenta ocultarlo, pero aún así me percato de ello.
- No pensé que querrías que fuera -responde- Menos después de lo que ocurrió.
- No sé -me encojo de hombros, y miro mis manos- Te he extrañado, por alguna razón -sincero. Mi corazón comienza a latir con fuerza- Me sentí un poco culpable por tu ausencia, porque de hecho sí ha sido por mí, así que no me equivoqué.
- ¿Por qué no me llamaste por teléfono? -pregunta con seriedad- Habría ido en lugar de darte espacio.
- Quería hablar contigo ayer, pero te fuiste de inmediato.
- Me habría quedado si me lo hubieses pedido -asegura. Levanto mi mirada, para encontrarme con la de él. Sonrío un poco, porque no sé que más decir. No sé si sentirme bien o mal con eso- ¿Ya ves? ¿No dijiste que éramos un problema? No hemos discutido en al menos dos minutos.
- Es un nuevo récord -bromeo, y ambos soltamos unas risas. De alguna manera, se siente bonito- ¿Quieres SevenUp? -le ofrezco la botella.
- Sólo si tomas tú primero. No la probaste. Aún está sellada.
- Bien -acepto, y giro la tapa haciéndola sonar. Me la llevo a la boca y tomo un sorbo. De inmediato los ojos se me humedecen por la fuerte sensación de gas. Luego, la extiendo hacia él.

Seth acerca su taburete más hacia mí, de tal forma que quedamos bastante cerca. Es suficiente para que los nervios se hagan presentes en mí. Él toma la botella, y la lleva directo a su boca. Pero dejo de mirarlo cuando algo interrumpe.

- ¡Seth! -la voz de Anita se hace escuchar. Se vuelve a colgar del cuello de Seth. Que bien. Una vez en la vida nos estamos llevando bien, y se arruina. Anita me observa con asco, como esperando a que yo me vaya. Y eso haré.
- Bien, disfruten la noche, me voy -les digo- Si ves a Drew, dile que esperaré afuera. Quizá me iré a casa, ahí voy a ver. Adiós.

Me paro del taburete y me voy caminando hacia la salida de la fiesta. No quería estorbar entre ellos, tampoco. Seth no tiene por qué poner pausa a su vida sólo porque yo estoy cerca. No tiene que cuidarme, ni estar tan pendiente. Puedo hacer las cosas por mi cuenta, no requiero de nadie.


♥♥♥

¡Buenas! ¿Cómo están? Aquí un capítulo, como soy buena, he cumplido, porque subí el martes y hoy sábado. Aunque debería haberlo hecho ayer, pero no alcancé. Espero que les haya gustado, que lo hayan disfrutado, y que, bueno, que sea de su agrado en general. Son increíbles, muchas gracias por el apoyo que me dan. ¡Un beso enorme! ¡Comenten y voten! Nos vemos pronto, muah.