13 de abril de 2015

Capítulo veintisiete - Fresa con Chocolate.

Capítulo dedicado a Sara Santos: ¡Ojalá hayas pasado un feliz cumpleaños!
y a Iris Anabalón:  Aquí estoy, no desaparecí JAJA.



Abro los ojos, y lo primero que hago es volver a cerrarlos. Me quejo en voz baja. ¿Anoche he olvidado cerrar la cortina, que está toda abierta y me entra toda la luz? Papá siempre me recuerda hacerlo, ¡Anoche no lo ha hecho! Debo regañar su actuar.

Me volteo un poco bruscamente, y de inmediato siento como todos mis sesos se sacuden dentro de mi cabeza. De la molestia y dolor, la sujeto con mis manos, quejándome aún más. ¿Por qué yo, de todas las personas del mundo, tengo que estar así? Aunque bueno, muchas personas están así un domingo por la mañana, pero porque eso es lo que ellos quieren. ¡Pero yo no lo pedí, así que no cuenta!

Una palabra se viene a mi mente: Drew. Menudo capullo, hijo de la trola, bastardo... ¡Oh, por Dios, qué he dicho! La trola sería mi mamá. Merezco morir. Como mi madre se entere, uy, vaya que se va a enojar. Menos mal nadie puede oír mis pensamientos. ¿Hola? ¿¡Hola!? No, nadie.

Activo mi sentido del olfato. ¿Por qué mi almohada huele a perfume de macho? Si yo no ocupo éste. Es más, me pongo un poco cuando me acuerdo y es olor a flores. Me incorporo en la cama con mucho cuidado, para que no se me sacuda todo de nuevo. Cuando estoy bien sentada, comienzo a recordar.

Lanzo un grito tan fuerte como mis cuerdas vocales me permiten. Es tan fuerte, que tengo que volver a agarrar mi cabeza con fuerza, porque llega a hacerme doler. ¡Todo ésto es por Seth! Estuvo en mi habitación, me vio vomitar la porquería de todo un año, me cambié de ropa en frente de él y para colmo casi me lo como a besos. Que vergüenza, Cristal, ¡Qué vergüenza! ¿Dónde están tus modales?

Me pongo de pie de la cama, soportando otra sacudida de sesos, y comienzo a tocar todo mi cuerpo en caso de que algo falte. ¿Mis bragas están puestas? Sí. ¿Mi sostén? Uhm, no. No está. ¿No está? ¿Me lo quité en su presencia? Dios mío.

Tomo mi celular, deslizo el dedo y marco el número de Fabiola. Golpeo el piso detenidamente con mi pie, entrando en pánico. He quedado como la bruta del siglo. ¡No lo soportaré! ¿Y por qué no contesta?

- ¿Aló -escucho su voz.
- ¡Al fin! -exclamo- Fabiola, no sabes lo que me pasó. Estoy en una depresión post-muerte.
- Oh, ni que lo digas. Drew me llamó y me lo ha contado todo. Estoy llegando a tu casa -suelta unas risas sonoras.
- ¡Chica, Dios tiene que haberse apiadado de mí, enviándote! Yo te llamo para una charla desesperada, pero el que vengas es muchísimo mejor. Dios te bendiga, hija. Dios te bendiga.
- Aguarda, ¿Estás predicando? ¡Esa cosa que bebiste sí que debe de haberte afectado! -grita- Pero ya, nos vemos en unos minutos -y corta la llamada.

Camino por la habitación de aquí para allá, pensando en si hay algo que no he recordado, en si se me ha escapado algo, pero no, nada sale a flote.  Pero antes de eso, aprovecho de buscar un sostén y ponérmelo. No quiero que se trasluzcan mis senos. No tengo tanto, es poquito la verdad, lo suficiente, ¡Pero aún así! No por eso voy a andar dejando que todos me las vean, ¡Ni muerta!

Narra Fabiola

Troto por las calles lo más lento que puedo para no cansarme. Se me olvidó traer dinero para un taxi desde el centro a la casa de Cristal, así que sólo me alcanzó para el autobús y me deja a unas cuantas cuadras. He decidido venir porque me ha dado algo raro saber lo que le pasó, aunque debo admitir que igual quiero reírme un poco de ella, para que no sienta tan mal ni se lo tome tan en serio. En ocasiones es muy dura consigo misma, y no quiero ni imaginar como se pondrá de aquí a unas horas o días más.

Cuando llego al lugar, abro la puerta que da de la calle al jardín, y luego me detengo en la puerta de la casa, respirando algo agitada, con las manos apoyadas en mis rodillas y mirando al suelo cabizbaja, porque soy pésima para ésto del deporte. No es tan así, pero bueno, simplemente no me gusta.

Me sobresalto cuando la puerta se abre de golpe. Alzo mi cabeza y un Drew muy sonriente está frente a mí. Me pongo derecha, y disimuladamente finjo mirar a mi pecho, pero en realidad quiero saber si huelo mal o algo con o que sudé. ¿Cómo supo que llegué?

- ¡Fabiola, viniste! -exclama, haciéndose a un lado para que yo pase. Lo hago de inmediato, y luego cierra la puerta tras de mí- ¿Cómo estás?
- Bien, acabo de transpirar un montón. Olvidé para un taxi -le cuento algo nerviosa. Es increíble que aún no pueda desenvolverme bien a su lado- Pero a pesar de eso todo va muy...
- Debes de estar cansada, lo sé porque luces un poco roja -me dice, antes de siquiera dejarme terminar- Te traeré jugo. Pero oye, puedes subir a ver a Cristal y yo te lo llevo para allá.

Se aleja de mí, en dirección a la cocina. Me percato de que la casa está en total silencio. Drew es muy atento, tanto que me da una sensación extraña. El estómago se me encoge cuando estoy cerca, y el que actúe de ésta manera lo provoca aún más.

Decido hacerle caso, porque para eso he venido. Así que voy hacia las escaleras y las subo. Pero casi me da un infarto cuando, al llegar al último peldaño, algo o alguien me empuja contra la pared, poniendo los brazos a los costados de mi cabeza. Suelto un grito ahogado cuando me percato de que es Seth.

- ¿Conocías a Cristal cuando le pasó todo eso? -pregunta amenazante- Estoy seguro de que sabes de lo que hablo.
- Suéltame, me pones nerviosa -le pido, porque en serio, no es que Seth sea alguien muy difícil de ignorar, menos de ésta forma- No sé de lo que hablas.
- Ella me contó mucho anoche sin desearlo -me dice. Abro los ojos como plato. ¿Tan lejos llegó ella? ¡Dios mío, no creí que fuera para tanto!
- Júralo -ordeno, sin quitar mi expresión de asombro.
- Fabiola, ¿Qué...? -escucho la voz de Cristal. Miro en dirección de donde proviene, y la noto refregando sus ojos con sus manos, justo en la entrada a su habitación.

Cuando me nota a mí, completamente atrapada por el cuerpo de Seth, pone una expresión de horror, y parece que se va a desmayar. Pero me quedo desconcertada cuando vuelve a entrar en su habitación, y más aún cuando vuelve a salir y trae con ella un bate de béisbol.

- ¡Violador! -grita- ¡Sabía que eras un violador! -corre hacia nosotros, empuja a Seth con toda su fuerza a pesar de que no logra que se mueva nada, e intenta golpearlo.
- ¿Qué? -Seth me suelta e intenta frenar sus golpes con sus brazos- ¡No intentaba eso!
- ¡Maldito, aprovechador! -logra darle en una pierna- ¡Fabiola, corre a mi habitación y protégete! -sigue golpeándolo- ¡Este tipo está desquiciado!
- ¡Cristal, lo vas a matar! -le grito, queriendo que se detenga- ¡No me hacía nada malo!
- ¿Cómo que no? -se detiene, pero apunta a Seth con el bate, que se encuentra algo enojado, apuntándolo como si fuese un arma- ¡Si lo que yo he visto pareció otra cosa! -se gira a Seth- Quédate quieto o llamaré a la policía.

Seth no hace caso, se acerca a nosotras y arranca el bate de las manos de Cristal sin el más mínimo esfuerzo. Ella lanza un grito desesperado, y me cubre con su cuerpo, queriendo que yo esté a salvo. Así que para aligerar el ambiente, la tomo por los hombros, girándola hacia mí, y la miro fijamente.

- Escucha, amiga. Nada malo sucedió -le digo- Solamente Seth me estaba preguntando una cosa.
- Pero no entiendo, ¿Quién pregunta de esa manera? -luce confundida- No me fío de él.
- Anoche no parecía eso -escupe Seth, evidentemente más enojado que antes.
- Cállate, no estoy hablando contigo -le responde Cristal.
- No discutan, no entiendo nada del asunto. ¿Qué sucedió entre ustedes? -pregunto, casi al borde de la locura. Detesto estar en medio de algo que no sé.
- Te sorprenderías -suelta Seth- Pero alguien aquí no quiere reconocer nada.
- ¿Cuál es el problema contigo? -Cristal se gira en su dirección- Que yo sepa, no pasó nada que sea digno de contar. Dices cosas que no son.
- ¿Estás segura? -Seth alza un ceja, y se le acerca- ¿Estás jodiéndome?
- ¡Aléjate! -ella se echa para atrás, en lugar de él.
- Fabiola, aquí está tu jugo... -Drew aparece en la escena por las escaleras, y cuando nos ve a los tres con el ceño fruncido, suelta un suspiro- Vamos a mi habitación.
- ¿Qué? -pregunto.
- Que vamos a mi habitación, gatita -me toma por la cintura y me arrastra con él.

Sin darme cuenta, ya estoy en su habitación y él asegura la puerta con pestillo. Un poco de miedo se adentra en mí, no es que sea para menos, considerando todo lo que pasó allá afuera y de la nada llega él, prácticamente me trae sin mi consentimiento, me llama gatita y para suavizar la situación tiene un vaso de jugo entre sus manos. Me lo tiende, y lo acepto algo dudosa.

- Esos dos tienen un problema de hormonas que deben solucionar -me cuenta- Pero que bueno que vinieras, me habría molestado estar solo mientras ellos dos se dicen cosas.
- Sigo sin entender -sincero, pegada contra el escritorio de Drew, mientras él se sienta relajadamente en su cama.
- Anoche Cristal bebió una cosa que no debió, obvio contenía mucho alcohol. Se puso ebria, y tiró muchas secretos personales de ella sobre Seth. Él la ayudó hasta que se durmió, y bueno, yo, como todo hermano cotilla que soy, escuché todo.
- ¿Qué exactamente le dijo? -pregunto.
- Todo sobre el maricón ese que estuvo con ella, incluso estuvieron encerrados en su habitación, pero eso ya es un tema aparte, porque me encerré aquí y pasé de ellos totalmente -se pone a reír. ¿Dónde está la gracia? Todo es mi culpa, yo fui la que abrió la boca y provocó que pensara en él más de la cuenta, pero que va, ¡Amigas por siempre! ¿Cierto? Sí, no creo que me odie por ello.
- Ah, bueno, eso ya está mejor, comienzo a entender. Cuando me llamaste sólo me dijiste que estuvo ebria -le digo, soltando una sonrisa.
- Supongo -se encoge de hombros, y lentamente se va poniendo de pie- Pero ahora hablemos de nosotros, que esos dos se vayan a la mierda.

Mi corazón se comienza a acelerar nada más al escuchar esas palabras. Drew se viene acercando a mí con decisión, como si yo fuera un indefenso gato y él un perro feroz, listo para atacar. El corazón se atasca en mi garganta y me limito a hacerme más para atrás, pero el escritorio me lo impide.

- ¿Pasa algo? -pregunta, alzando una ceja. Se detiene frente a mí, y acerca su mano a mi cintura. El aire se me va- Estás tensa.
- ¿Nosotros? -es lo único que me atrevo a decir.
- Sí, nosotros, nada más que nosotros -aprieta su agarre contra mi cintura, y de pronto me siento demasiado encerrada, con mucho calor.
- No hay un nosotros -le recuerdo. La voz casi ni se me escucha, ¿Qué me pasa?
- Que lo haya, entonces -dice con seguridad- Apostaría para que tuviéramos algo, tanto, que dejaría que apostaras por un No habrá, y yo esforzarme hasta ganar con mi Sí habrá.
- Drew...
- ¿Drew? -sonríe un poco, pero una vez más, yo no veo la gracia.
- Tú no eres así, estás comportándote extraño -le digo.
- Oh, estaba esperando el momento indicado, pequeña Fabiola -esboza una sonrisa aún más grande- Lo astuto que soy te podría dejar impresionada. Planeé hasta lo del jugo.
- ¿Qué? -abro los ojos- ¿Cómo podrías planear eso? -ahora estaba un poco molesta.
- ¡Todo fue parte de mi plan! -dice orgulloso- Si te dejaba pensar que era un tonto muy atento que no se daba cuenta de nada, aceptarías estar más cerca de mí, y funcionó. Por poco fracaso, pero míranos ahora. Indefensa en mi habitación.
- ¿Quieres decir que fingiste todo? -intento ocultar mi voz molesta.
- No -niega con la cabeza- Claro que no. A lo que me refiero es que quise que tuvieras un poco más de confianza en mí, y sólo iba a lograrlo si iba a paso lento. Lo de tus padres, y mi atención hacia ti eran completamente verdad, pero a poca velocidad. Si me tiraba como un tigre sobre ti, te iba a espantar.
- Me estás espantando ahora -confieso, temblorosa.
- ¿Y por qué no estás corriendo? -pregunta, y ahora rodea mi cintura con ambos de sus brazos y se adhiere a mí. Mi respiración se detiene- ¿Va a ser necesario que nos emborrachemos como esos dos? -suelta risas- Espero que no.
- Yo no bebo -mi poca capacidad de habla en este momento es lo que me molesta más ahora- Sólo un poco de vino, en ocasiones.
- Me alegro de eso -acerca su rostro a mí, y siento que voy a morir. Ni siquiera puedo moverme, estoy totalmente tiesa- No temas de mí. Tú y Cristal son tal para cual, ambas parecen haber sufrido y creen que todos vamos a hacer lo mismo con ustedes.

Drew hace un movimiento tan rápido con sus brazos que no alcanzo a reaccionar. Solamente me percato de que una de sus manos sujeta mi cuello con decisión, y abalanza su boca contra la mía, dejándome completamente capturada por él.

Nada más al primer contacto, siento que un montón se sensaciones estallan dentro de mí y se esparcen por cada cavidad de mi cuerpo. La sangre me hierve, mis manos sudan y de pronto es como si estuviera pasmada, como si no supiera qué hacer. A pesar de eso, cuando logro entrar en razón, comienzo a corresponder su beso como si mi vida dependiera de ello.

Mi cintura permanece rodeada por uno de sus brazos, mientras que su otra mano la mantiene en mi cuello, pero termina deslizándola por entre mi cabello, queriendo sentir su textura y suavidad, atrayéndome aún más a él.

Me estremezco cuando muerde mi labio inferior y suelta un gruñido. Sé que se da cuenta, porque aprieta su agarre y hace que nuestro beso se vuelta totalmente apasionado. Llevo mis brazos a su cuello y ahora soy yo la que lo trae a mí. Jamás había tenido un beso tan increíble como éste. Llego a desconocer lo sexy que me parece, lo atractivo y caliente que es, sobretodo cuando Drew me alza en el aire y me sienta sobre su escritorio, para luego adentrarse entre mis piernas y hacer que estemos completamente adheridos el uno al otro. Puedo sentir su cuerpo y de pronto siento una calor insoportable.

Por poco me alejo cuando siento que Drew desliza una de sus manos por debajo de mi camiseta holgada. De no ser porque me lo impide, seguro lo habría hecho. Su dedo recorre con delicadeza la zona de mi columna vertebral, desde arriba hacia abajo, lentamente, y vuelve a intensificar nuestro beso. Pero justo entonces, se detiene en la parte baja de mi espalda, y hace presión con la yema de sus dedos, como queriendo que se queden pegados a mi piel. Es cuando nuestros labios comienzan a separarse, y una sensación de malestar crece en mí. Yo no quiero que se acabe.

Había besado a otros chicos antes, pero jamás había sido de ésta manera, menos cuando apenas es el primero. Mi respiración está un poco entrecortada, mi estómago parece un remolino y cuando alzo mis ojos para verlo, me pregunto qué es lo que siento por él.

Narra Cristal

Cuando mi mejor amiga y Drew se encierran en su habitación, Seth y yo nos quedamos en completo silencio. Pero cuando él se da la vuelta y baja hacia el primer piso, todo está más silencioso aún. De pronto me siento un poco sola. Algo triste, también.

Estoy realmente aburrida de ser como soy. Siento que no encajo ni con mi hermano. No soy idiota, sé que él tiene sentimientos por Fabiola, y aunque ella no lo reconozca o quizás ni siquiera se ha dado cuenta, puedo sentir que hay algo dentro de ella que brilla a causa de él.

Con esto puedo llegar a la conclusión de que me quedaré totalmente desamparada o algo así. No es que me moleste, me haría muy feliz que ella pueda volver a querer o incluso amar a alguien. ¿Pero y yo? ¿Qué pasará conmigo? Vamos a alejarnos. Nadie me soporta.

Unas enormes ganas de llorar se apoderan de mí. Doy todo mi esfuerzo por mantener mi rostro sin ninguna expresión, y porque mis ojos dejen de humedecerse, pero se me hace tan difícil que fracaso; La primera lágrima cae por mi mejilla.

Seco mi rostro con mi brazo, y suelto un suspiro frustrado. ¿De dónde viene esa tristeza? Porque no es sólo por esto que pienso. Creo que hay algo más, pero no sé lo que es. Así que me decido a ir abajo. Es mejor que quedarme desconectada del mundo, tan solitaria y penosa.

Encuentro a Seth sentado en el sofá, mirando fijamente el florero de la mesita de centro, tan concentrado que me pregunto en qué pensará. Y eso hace que recuerde todo lo que le conté anoche, por lo que la idea se me hace insoportable y estoy desesperada por decir algo al respecto.

- Seth -le hablo, con voz calmada. De inmediato se sorprende, y sus ojos se dirigen hacia mí.
- Dime.
- Recuerdo muy bien lo de anoche -sincero, y eso parece llamar su atención, porque endereza su postura y sigue atento a lo que digo- Pero nada fue cierto, ni lo del maldito abusivo imaginario. Nada más te dije puras porquerías, me pareció divertido jugar con algo así -miento de tal manera que me duele- ¿Está claro?

Lucho por lucir decidida y segura de mis palabras. La mirada fija de Seth hace que las cosas se me hagan un poco difíciles, pero gracias al cielo logro mi objetivo. Cuando lo veo asentir con la cabeza, mi cuerpo se relaja un poco.

- Lo sé -se limita a responder.
- ¿Lo sabes? -suelto, y me maldigo a mí misma por no mantener mi boca cerrada- Digo, ¿Cómo supiste?
- Estabas ebria, tu mente procesó cosas sin sentido -se encoge de hombros- No es nada.
- Y lamento haber intento besarte o algo -trago saliva- No tengo intenciones ni nada de eso.
- Bien.

Dicho eso, me dirijo hacia un sofá individual y me siento allí. Llevo mis rodillas al mentón, y abrazo mis piernas con mis brazos. Sé que Seth me mira, pero escondo mi cabeza entre mi cabello, queriendo demostrar que he dado el tema por acabado. Porque así son las cosas: No hay nada más que decir.

♥♥♥

¡Hola! Aquí un capítulo, sé que seguro pensaban que no iba a publicar, pero ya ven que he cumplido. ¡Ha sido el primer beso de Fabiola y Drew! Estoy muriendo, literalmente. Espero que les haya gustado tanto como a mí. No olviden comentar, y estaré de vuelta por aquí pronto. Las quiero un montón, besos para ustedes, muaaah. 


11 de abril de 2015

Capítulo veintiséis - Fresa con Chocolate.

Capítulo dedicado a Ari: ¡Feliz cumpleaños adelantado!




Me quedo ahí parada, sin sentirme con las fuerzas necesarias como para quitar mis ojos de él. Por alguna razón, intento encontrarlo guapo. Me esfuerzo con unas ganas enormes, pero no sé por qué no puedo. No logro sentir nada. 

Estoy nerviosa, y no sé por qué. Tal vez por su atención, o por su ayuda, o tal vez porque he despotricado un sin fin de cosas que jamás debí decir, que juré sólo guardarme para mí, el resto de mi vida. Los odio a todos.

- ¿Aún lo amas? -Seth interrumpe mis pensamientos.

Creo que está bromeando, así que me pongo a reír a un volumen moderado, pero cuando me doy cuenta de que él está completamente serio, sin una pizca de gracia, me entero de que está preguntando porque en serio quiere saber. No estaba bromeando.

- ¡Por supuesto que no! Ya no soy estúpida -sigo riendo- ¿Estás bien? Ha sido la pregunta más patética que he podido oír. Ya que hablamos de esto, ¿Viajaste fuera del país alguna vez? Un día me caí y me enterré un ladrillo en la frente, de ahí mi cicatriz -apunto la zona.
- ¿Qué tiene que ver? -frunce el ceño, pero luego se relaja y asiente con la cabeza- Olvidé que estás ebria.
- No estoy ebria -llevo una mano a mi pecho, ofendida- Estoy sobria.
- Más sobria está mi abuela muerta en estos momentos.

Seth desvía su mirada hacia mi vaso con jugo. Pienso que tiene sed, así que me acerco a él y se lo ofrezco. Lo toma, pero no bebe de inmediato. Justo entonces, siento la necesidad de ponerme el pijama. El sueño comienza a hacerse presente en mí, por lo que voy hacia mi pequeña cómoda y revuelvo la ropa que está dentro, buscando uno.

- Seguro han estado husmeando en mis cosas, ¡No se puede tener algo propio en esta casa! -me quejo- A cada rato se me pierde todo, le he dicho a mamá que nunca guarde cosas por mí en lugares que yo no...
- ¿No es éste? -Seth hace que deje de alegar. Me giro muy despacio en su dirección, y en efecto, lo tiene en una de sus manos.
- ¿Dónde estaba?

No me dice nada, sólo se encoge de hombros con desinterés, como si hablar conmigo justo ahora fuese un caso perdido. Lo irónico es, que si piensa eso, tiene toda la razón del mundo.

Me encamino hacia él. Me siento a su lado, y comienzo a quitarme el chándal. Lo deslizo por mis rodillas y luego saco un pie, con el otro. No observo a Seth, pero puedo notar que está mirándome disimuladamente. Eso hace que me entren unas enormes ganas de reír otra vez, así que obviamente mi risa se escucha por toda la habitación.

- Un gusto, gracias por ser tan atenta y pedir que me retire -expresa con seriedad.
- Ni que nunca hubieses visto a una chica desnuda -sigo burlándome de él- Son sólo piernas, por Dios, no es gran cosa.
- No es el punto. Es sólo que estás ebria y no me gusta ésto de que te estés exhibiendo frente a mí. Por el bien de ambos, sobretodo el mío.

Ruedo los ojos, y comienzo a quitarme la playera. Seth, como todo un correcto, mira hacia otro lado. Vuelvo a reír. Tomo ambas partes del pijama, que constan de un short corto y una sudadera ancha, para luego ponérmelas. 

Me quedo en silencio cuando estoy lista, y Seth, al darse cuenta de que no hago ningún movimiento, se vuelve hacia mí, para quedarse observándome. Segundos después, bajo mi mirada a sus labios, que me habían parecido bonitos hace unos minutos atrás. Lucen tan cálidos, con uno que otro pedazo de piel sobresaliente. Se le parten con facilidad, igual que a mí. Yo podría estar días intentando que no me suceda, pero siempre termino rompiéndolos yo misma.

Una pregunta se formula en mi mente: ¿Cómo besará? Pero me doy cuenta de que ha sido un error pensarlo siquiera. Una de las cosas que me dijo la persona que rompió mi corazón, fue que mis besos no eran los mismos, que besaba diferente, y sé que era una indirecta de que no le gustaba. Jamás supe a qué se refería. Tal vez era porque el dolor me hacia ponerme tensa, o abstenerme. Nunca fui buena fingiendo, y creo que se lo transmitía a él.

- ¿No te gusté? -pregunto, en un susurro.
- ¿Qué? -de pronto parece confundido.
- Que si no te gusté cuando me cambiaba el pijama -aclaro.

No me interesa si no debí meter el tema, juro que no. Quiero saberlo. No sé de donde me ha salido este interés en saber lo que él piensa, pero después de tanto tiempo realmente quiero enterarme de lo que los hombres piensan de mí, aparte de lo de histérica y eso.

- Cristal, escucha -suelta un suspiro- No estás en condiciones adecuadas, estás diciendo y haciendo cosas que nunca llevarías a cabo conmigo en tu estado normal.
- Quiero saberlo -insisto- ¿Tú llevarías a cabo cosas conmigo si estuviera apta? -Seth arrastra su mano por el cabello, frustrado, seguramente pensando qué hacer o decir, pero yo sigo esperando.
- Ven aquí -rodea mi cintura y pasa sus brazos por debajo de mis piernas. Me levanta, y con delicadeza me sienta sobre su regazo- Necesitas dormir. No hay problema en que lo hagas en esta posición, yo puedo acostarte después.
- Pero, Seth, no me respondiste -digo de mala gana.
- Voy a responderte en otro momento, pero no ahora. No es bueno para ti.

Me quedo observándolo, casi suplicándole con los ojos que sea sincero y me lo diga, aunque en el fondo, sé que no voy a lograrlo. Y entonces comienzo a sentir que mi corazón se acelera. Me vuelvo incapaz de desviar la mirada. Es increíble lo alto que es Seth. Aún sentada sobre él, tengo que alzar la cabeza un poco.

Una de mis manos se va a su mejilla, y la acaricio levemente. Él no me impide nada, es más, sigue sosteniendo mi mirada. Así que deslizo la mano de su mejilla, a su cuello, dando ligeros toques. Hace mucho no tocaba a un hombre. Puede parecer estúpido, pero por alguna extraña razón, no me siento mal si a quien toco, es a él. Al menos esta noche.

No sé muy bien lo que intenta transmitir con su mirada. Siento que está tenso, indeciso, confundido, y no está para nada relajado. Pero mi inocente juego de curiosidad por volver a experimentar algo tan insignificante como un roce, se va evaporando cuando su mirada se dirige a mis labios.

Mi mente me dice que me aleje, que ya lo hice, que es un gran paso. Pero mi cuerpo no obedece, así que continúo dándole leves caricias. De su cuello, ahora llevo mi mano hacia su cabello. Deslizo el dedo por su frente, avanzando hacia su oreja, y me sorprendo de mí misma cuando la apoyo en la parte trasera de su cuello, y para variar escondo mis dedos bajo su sudadera, sintiendo la cálida piel de la parte superior de su espalda. O mis dedos están muy helados que siento cualquier cosa con una temperatura alta, o es él quien hierve.

Mi corazón intenta salir por mi garganta cuando se acerca a mí. Solamente tiene la mirada en mis labios, como si fuese lo único que está a su alcance, lo único que es capaz de mirar; lo único que es lo suficientemente capaz de capturar su completa atención. Eso es suficiente para que unas enormes ganas de llorar se apoderen de mí.

Nunca, ningún hombre, había mirado mis labios de una forma tan atenta, llena de admiración. Ni siquiera la persona a quien amé hace mucho, con quien estuve años de mi vida, la suficientemente ciega como para creer que estaríamos el resto de nuestro días juntos.

Mi cuerpo reacciona, y ahora soy yo quien se acerca un poco más a él. Este acto no hace que deje de mirar esa zona, sino todo lo contrario. Lo único que hace es fruncir un poco el ceño, y entreabrir los labios, como si se estuviese cuestionando algo.

Puedo sentir su aliento en mi rostro, puedo oír como respira, y puedo sentir su calor corporal. ¿Por qué él ya no me transmite miedo, pánico, ni unas tremendas ganas de empujarlo? ¿Es bueno, es malo, debería preocuparme?

Justo en este momento, cuando nuestros labios están a punto de tocarse, un sentido de alerta se instala en mí. Sin embargo, no me hago para atrás.

- Apesto a vómito -le recuerdo, en un casi inaudible susurro.
- No me importa -se limita a responder.

Separo mis piernas sobre él, y rodeo su cintura con ellas. Sigue atento en mis labios, pero mi acto sólo ayudó a que ahora rodea mi cintura con sus brazos y me atrae a él. Mi cuerpo se estremece cuando siento lo fuerte que es su anatomía. Lo supe la noche en que fue a buscarme a la pijamada, estuvimos en su auto y prácticamente me obligó a que accediera a  su cercanía, pero ahora ya no siento terror, sino todo lo contrario. No puedo describir la sensación que me recorre.

- Vas a odiarme mañana... -lamenta, como si sintiese dolor.
- ¿Por qué lo haría? -pregunto, porque en serio, no lo sé.
- Porque prácticamente estoy aprovechándome de ti.

Dicho eso, me toma por las piernas, se pone de pie y en el más mínimo segundo me encuentro recostada en la cama, con la cabeza en la almohada. Una oleada de decepción y tristeza se apodera de mí. Es cuando me doy cuenta de que realmente quería que me besara. Mejor dicho, realmente quiero que me bese.

Pero ahora, gracias a lo que hizo, siento que me ha dado un rechazo. Odio los rechazos, ¡No los tolero! ¿Tiene idea de cuán hermoso habría sido que me besara, aún cuando yo estuviera así? ¡Habría sido romántico por el simple hecho de que sé que él no me hará daño! Creo. Así como en los libros, puede pasar de mil y un maneras pero aún así te gusta. ¡Idiota!

- Largo de mi habitación -ordeno, mirándolo con odio.
- ¿Qué? -frunce más el ceño.
- ¡Que te vayas! -repito- Eres un naco. Que soso eres. Guárdate lo del provecho para alguien que no sea yo. Arruinaste el momento. Te odio como nunca.
- ¿Te das cuenta de lo que dices? -suelta un suspiro- Tus hormonas están alteradas por lo que bebiste. Entiende ésto, Cristal, si algún día te beso vas a estar completamente consciente para que lo sientas bien y lo aproveches, para también yo aprovechar el tuyo. No es lo mismo si estás inconsciente, por así decirlo.
- Ah, sí, ajá -ruedo los ojos- Te he dicho que te largues.Y tráeme un tarro del baño por si vomito, por favor. Me da mucha pereza pararme de nuevo.

Me volteo a un lado de mi cama, deseando no verle nunca más la cara. Espero unos segundos para que me haga caso a lo que le dije, pero en lugar de eso, siento que el colchón se hunde a mi costado. Eso hace que un calor dentro de mí se encienda, y de un momento a otro ya no odio a Seth, es como si todo rastro de ese reciente sentimiento se haya esfumado y no tengo ni la más mínima idea de por qué. No voy a decirle eso, por supuesto.

Mi cuerpo se estremece, una vez más, cuando siento la cálida respiración de Seth en mi oído. No tengo ni que esforzarme por no ponerme nerviosa. Ésta noche es como si estuviera en plena confianza, cosa que no esperé antes. Así que cierro los ojos, queriendo quedarme así como estoy: Tranquila, sabiendo que todo está bien. Porque sí, en éste momento, todo lo está.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? -lo escucho decir, con mucha delicadeza. Casi entrando en un sueño profundo, asiento con la cabeza, lentamente- ¿Hace cuánto no besas a alguien, Cristal?

Mis ganas de dormir disminuyen un poco, de un momento a otro. La pregunta debería incomodarme, pero no lo hace. Es más, me volteo en su dirección, aún recostada, y me quedo mirándolo. Pero no me doy cuenta de que sin querer he quedado encima de su brazo, y de no ser por unos centímetros más, estaría ahora mismo descansando en su pecho.

- No he besado a nadie desde él -sincero, desde lo más profundo de mi corazón. Aunque me llama la atención que Seth tenga una expresión un poco sorprendida. No sé, con mi carácter no sería algo difícil de creer. Nadie me tolera.
- ¿Por qué? -pregunta con curiosidad.

Dudo en si decirle la verdad o no. Pero algo tiene él en este momento que me hace querer decirle. Creo que, si me pidiera que le dijera hasta el secreto más grande del mundo, cedería a hacerlo solamente porque siento que confío en él.

- No puedo -bajo mi voz lo más que puedo- No quiero que nadie se me acerque. Solamente deseo que se alejen, que no me pongan un dedo encima. No puedo permitirme tropezar de nuevo.

Mantengo mi mirada en sus ojos luego de mis palabras, y de pronto, Seth se acerca a mi rostro y deposita un beso en mi frente. De un momento a otro mis pensamientos se van a otro lado, suelto un suspiro, y una sonrisa se me escapa.

- ¿Eres un violador? -pregunto. Al notar que Seth frunce el ceño, comienzo a reír- No te lo tomes tan a pecho, acosador. Envejecerás de golpe.

♥♥♥
¡Hola, tanto tiempo! Las he abandonado, si no me equivoco, durante once días, ¡Once días! Me siento la peor, pero no lo soy, vale, no lo soy. La cosa es, que ya no tengo notebook, así que no tenía dónde escribir, ya que por el celular se me hace un lío. Pero justo ayer, decidí usar el PC de mis padres que es una cosa ultra mega hiper lenta, pero me ha servido, y quise publicar, porque estaba desesperada por escribir algo. La cosa es, que como empecé a usar esto, subiré más seguido, creo que incluso retomaré lo de subir los martes y viernes, ¡Sí! ¡Al fin! Mis ánimos aún andan malos, pero ésto, mi blog, es como una terapia. Estaré mejor de tiempo, y qué mejor que aprovecharlo en escribir, que es lo me encanta, y en ustedes. ¡Un beso! Subiré otra vez, de hecho escribiré el siguiente capítulo ahora mismo. ¡Recuerden comentar! Muuuuaah. Posdata: Si alguna quiere una dedicación de Capítulo, pedírmelo y lo haré por orden. ¡Oh, y otra cosa! ¿Les ha gustado el capítulo, qué opinan de lo que sucedió entre ellos, aunque haya sido algo minúsculo? ¡Adiós!

1 de abril de 2015

Capítulo veinticinco - Fresa con Chocolate.




Abro los ojos y de inmediato siento un dolor en la cabeza, además de mi estómago revuelto. Vuelvo a cerrar los ojos con fuerza, tratando de controlarlo, pero mi intento es en vano. Comienzo a contar ovejas en un intento por volver a dormir, pero nada funciona.

Me percato de que estoy sedienta, así que con cierta dificultad me siento en la cama y luego me pongo de pie. Camino hacia la puerta de mi habitación, salgo, la cierro y luego voy hacia las escaleras. Entonces, llego abajo, y noto que Seth está sentado en la mesa, solo.

- ¡Hola, Seth! -lo saludo animada, tan feliz como nunca antes lo estuve- ¡Me alegra mucho verte! ¿Por qué no viniste éstos días? -camino hacia donde está sentado, y me acomodo a su lado, pero en la otra silla. Miro sus manos, y entre ellas hay un vaso con un líquido color naranja- ¿Eso es jugo? -lo miro a los ojos, y asiente con la cabeza, algo aturdido- ¿Me das un poco?

No dejo que responda y se lo arranco de las manos. Comienzo a beber como una loca desquiciada, creo que jamás en mi vida había sentido tanta sed. Para variar, está acompañado con cubos de hielo, y yo adoro la sensación fría que deja en la garganta. Podría ser el día más congelado del año, y yo seguiría disfrutándolo. 

- ¿Cómo te sientes? -me pregunta, interrumpiendo mi agradable sensación. Dejo de beber y alzo la mirada. Me encojo de hombros, y vuelvo a llevar el vaso a mi boca- ¿No te duele algo? -asiento con la cabeza, pero no me detengo- ¿Qué cosa?
- La cabeza un poco, y mi estómago está muy extraño -digo cuando decido dejar de beber.
- En ese caso, será mejor que comas algo.
- No tengo hambre -sincero, sin muchas ganas de hacer lo que me pide- Estoy bien así. ¡Hay cosas mejores en la vida que comer! 

De pronto, siento unas increíbles ganas de reír, así que comienzo a hacerlo como nunca. La risa me sale tan real, que es como si en serio hubiese pasado algo digno para ello. Golpeo la mesa ligeramente con mis puños, intentando controlarme. Pero me detengo cuando me percato de que Seth no está riendo conmigo.

- Oye, ¿Por qué no ríes? -le pregunto sin entender- Las cosas son mejores cuando lo haces.
- Cristal, creo que deberías ir a dormir -propone, soltando un suspiro- Ya estás actuando de manera no usual.
- ¿Yo? -alzo las cejas, sin poder creer lo que me dice- No. Nunca. Siempre estoy igual.
- Hazme caso, no estoy mintiendo. Tus padres pueden llegar y notar que algo anda mal.
- ¿Qué hora es? -comienzo a mirar hacia las paredes, buscando algo- ¿Y los relojes? ¡Cada casa debería tener un reloj en la sala! -exclamo, y luego hago chocar mi espalda contra el respaldo de la silla, y me cruzo de brazos.
- Son las once y media -responde a mi pregunta. Alzo la mirada, algo divertida.
- ¿Once y media? -comienzo a reír- ¿Por qué le dicen once y media? Suena tan mal. Es como once patitos y uno muerto partido a la mitad -de repente, la idea me parece tan interesante que abro los ojos como plato- ¿Cómo será estar muerto? ¿Jamás te lo preguntaste?
- Todos nos hemos preguntado eso alguna vez -dice Seth, haciendo una mueca.
- ¿Y deseaste estarlo en ciertas ocasiones? -mi pregunta parece sorprenderlo, porque de pronto me mira de manera extraña. Pero yo no puedo ni tomar tanta atención a eso. La idea me ha parecido tan fascinante que asusta.
- No he querido estar muerto. Quiero vivir -sonríe un poco, y eso me da un poco de tranquilidad.
- Me alegro mucho por ti, Seth. Que bueno que jamás hayas pasado por algo tan malo como para que lo desees -llevo mi mano a su hombro, y le doy una caricia- Ojalá todos tuviéramos la misma suerte.
- ¿Tuviéramos? -cuestiona, frunciendo un poco el ceño. Yo asiento- Tú... ¿Deseaste estarlo?

Estallo en carcajadas incluso antes de que termine de hablar. Río tanto, que me llega a dar un dolor en el estómago. Niego con la cabeza, intentando parar. Hago un ademán con la mano, pidiendo que se detenga de hacer preguntas tan obvias.

- ¡Por supuesto que lo he deseado! -toco su brazo, dando un pequeño empujón- Que inocente eres. No conocía este lado de ti.

Suelto un suspiro cuando logro calmarme completamente. El vaso, que aún tiene jugo me llama, y vuelvo a tomarlo entre mis manos, para comenzar a beber. Cuando se acaba, le echo un poco más, y sigo bebiendo.

Siento la mirada de Seth sobre mí, pero lo ignoro. ¿Qué estará pensando? Sea lo que sea, quiero saberlo, pero aún así a una parte de mí no le interesa. ¡Ésta noche me siento muy animada! Podría caerse el cielo, y a mí me daría prácticamente lo mismo.

- Insisto, ve a dormir -Seth rompe el silencio- Estás tentándome -lo miro fijamente y sonrío de lado por su repentina confesión- Haces que quiera preguntarte cosas que no me dirías en tu estado normal.
- ¿Estado normal? -pregunto- ¡Pero si yo estoy normal! ¡Estoy mejor que nunca! -alzo los brazos de manera un poco histérica, y los sacudo.
- No. Estás ebria, Cristal.
- No estoy ebria -vuelvo a reír- Yo no bebo. Imposible. ¿Te gustan las vacas?
- No mucho.
- Yo amo las vacas. Son mi animal favorito. ¿Por qué no te gustan?
- Porque sólo son vacas. Nadie las toma mucho en cuenta.
- Pues yo sí. Entonces, ¿Cuál es tu animal favorito? Tiene que ser alguno.
- No lo sé -concluye. Pero cuando nota que yo sigo mirándolo, esperando una respuesta, se aclara la garganta, y añade:- ¿El gorila, quizá?
- ¡Oh! ¿Así como King Kong? -pregunto, y aplaudo- ¡Amo cuando le parte la mandíbula en dos al dinosaurio durante la película! Es increíble. La mejor parte, y la única parte que vi, porque no la he visto completa. Dicen que el final es muy triste, porque el gorila muere. Menudo spoiler que me dio Fabiola, ¿No? -espero a que diga algo sobre lo que le digo, pero no lo hace- ¿Tu almuerzo favorito? -hago otra pregunta, pero tampoco habla- Está bien, si no quieres responder a eso, puedo preguntar otra cosa: ¿A dónde te gustaría viajar, y por qué? ¿Tu color favorito? ¿Cómo se llaman tus padres? ¿Y por qué escogiste estudiar Artes? ¿Tu banda favorita? Yo no tengo ninguna, porque me gustan canciones variadas. He intentado tener una en especial, pero jamás he podido. Igual que con las series de la televisión, jamás he podido terminarlas porque me aburre esperar, y ni siquiera me digno a verlas por internet. Es decir, a lo que voy es que son una porquería.
- Preguntas mucho esta noche -comenta, siendo que no tiene nada que ver con lo que yo le he estado diciendo- Estás rara, y sé muy bien por qué.

Golpeo la mesa con fuerza, tanto, que Seth se sobresalta por mi reacción. Me pongo de pie, cabreada, y entonces lo miro desafiante.

- ¡Yo no soy rara, no me digas así! -exclamo. Me doy cuenta de que he actuado mal cuando noto que Seth está mirándome impresionado. Una pizca de culpabilidad se adentra en mí, así que vuelvo a sentarme en mi silla- Lo siento. No sé qué me pasó. Tienes razón, soy rara, no debí preguntar -me acurruco en el asiento, queriendo desaparecer- Es sólo que siempre me ha gustado hacer preguntas. Olvidé que a los hombres no les gusta eso.
- ¿Quién te dijo eso? -pregunta confundido.
- Me lo dijo Él -aclaré, haciendo énfasis en la última palabra- Él siempre tenía razón.
- ¿Él? -ahora luce mucho más confundido- ¿Quién es Él?
- ¿Quieres jugo? -pregunto, cuando el líquido ése, de color naranja, vuelve a capturar mi atención.

Lo tomo en mis manos y bebo un poco. No sé cuanto tiempo estoy así, pero me detengo cuando siento un poco de pena por Seth. Yo aquí, disfrutando la sensación en mi garganta, mientras que él no hace nada. ¿Tendrá sed y por eso me observa así? ¿Dónde han quedado mis modales?

De pronto, me siento algo tímida. Pero con toda mi fuerza de voluntad, logro dejarlo de lado. Cuando lo hago, acerco lentamente el vaso hacia él, y con delicadeza, acomodo el borde del vaso entre sus labios. Él me mira impactado, y entonces creo que me he adelantado mucho, que quizás no debí hacer ese gesto por él. Pero ése pensamiento se va cuando comienza a beber.

Suelto una gran sonrisa, orgullosa de mí misma por mi logro. No me ha rechazado como creí que haría. No sé si me habría tomado ese acto como algo sin importancia. ¿Pero importa, acaso? Si ya eso no sucedió.

- Ya está -retiro el vaso, y acaricio la mejilla de Seth, como si estuviese tocando la cosa más delicada que pueda existir- Así te mantienes hidratado. Aunque no lo necesitas. Desde el primer día que te vi, me di cuenta de que tienes una piel muy sana.

No sé de dónde ha salido eso, ni siquiera recuerdo haberlo pensado antes. Algo avergonzada miro mis pies, y cuando ya sé que si lo miro voy a poder mantenerme normal, decido volver a alzar mi cabeza. Lo malo es, que me arrepiento al instante luego de hacerlo, porque la forma en que ahora me mira, es como con desprecio. Con asco. Y la idea me resulta tan insoportable, que me dan unas enormes ganas de llorar.

- ¿Por qué no te agrado? -logro preguntar, con algo de dificultad- ¿Tan mala soy? ¿Tan fea y desagradable?

Al oírme, su expresión se vuelve aún peor, y eso es suficiente para que me sienta aún más mal. Intento guardar mis lágrimas con todas mis fuerzas.

- ¿Por qué no me respondes? -no aguanto más. La primera gotita cae por mi rostro, y me siento tan tonta que me tapo con las manos- No te preocupes, ya entiendo. Ni siquiera sé por qué me molesto en preguntarlo. Merezco morir. Por eso Él me dejó.
- ¿Qué?
- ¡Que por eso Él me dejó! -grito a todo pulmón. Apoyo mi cabeza contra la mesa, y mis brazos impiden que Seth pueda verme- Soy una estúpida, Él tenía razón. Siempre la tuvo.
- Cristal, no entiendo nada -siento que apoya un brazo sobre mi espalda, y se acerca a mí- ¿De qué estás hablándome?
- Soy fea, inútil, débil y todo lo que me dijo -me sorbo la nariz, sintiéndome aún peor- Yo lo amaba. ¡Lo amaba, de verdad lo hacía! ¡Nunca fue suficiente para él!
- Cristal...
- Para mí todo fue muy bonito -confieso, mientras recuerdo lo que pasó- Él me enamoró porque se esforzó por estar conmigo. Jamás ningún chico había esperado así por mí. Siempre me decían que no era tan agraciado, pero su interior me enamoró más que cualquier cosa. Para mí era perfecto en todos los aspectos -sigo llorando, pero me niego a dejar de hablar. Mi corazón golpea fuerte en mi pecho, y siento una presión en la cabeza horrible- El primer año fue increíble, pero luego todo comenzó a empeorar. Miraba a otras chicas, se enojaba por todo lo que yo decía. No podía hablar con un chico, porque él se enojaba. Y yo nunca quise que él se sintiera mal, así que dejé a todos de lado, incluso a mi mejor amigo, por él -recuerdo el preciso momento en que eso ocurrió, y comienzo a sollozar- Si lo amaba, iba a ser lo que sea para que estuviese feliz. Eso es lo que haces cuando amas a alguien.

Aprieto mis manos una con la otra, y mis limadas uñas se me entierran en mi piel. A pesar de eso, no siento ni el más mínimo rasguño. El dolor físico no es nada comparado con el dolor de mi interior. Podría compararlo a una tortura, y no sé qué sería peor.

- Cristal, no tienes que decir ésto precisamente ahora... -escucho a Seth balbucear, pero sólo quiero que se calle, que cierre su boca.
-Le hacía regalos con mis propias manos, porque no tenía dinero para comprarlos... -hago una pausa, pero Seth permanece en silencio. Tomo aire, y continúo- Con el tiempo se fue poniendo muy distante, frío, ya no me demostraba cariño. Soporté eso porque creí que eran malas rachas. Intenté hablar con él, decirle lo mucho que me afectaba, pero no le importaba. Comenzó a juntarse con chicas, a hacerse el lindo con ellas, y fue cuando mi autoestima comenzó a irse por el caño. Las miraba de una forma que a mí no. Le expliqué que me dolía, me dijo que era una paranoica, que pensaba cosas que nada que ver. Le creí, quizá sí estaba exagerando, ¡No podía prohibirle que tuviera vida social! ¡Pero aún así nunca quiso dejar de hacerlo, aún cuando yo dejé a mis amigos por él! -mi cuerpo comienza a temblar, y siento que la mano de Seth se posa en mi cabello, para acariciarlo, y de inmediato siento que es un masaje ideal para mi dolor de cabeza, pero aún así no es suficiente- Entonces comencé a tener problemas con mis padres... Todo se volvió horrible, papá y yo discutíamos por todo. Me quedaba llorando hasta la madrugada, cada día, sola. Mis amigas me dejaron, me quedé tan sola que no sabía qué hacer. Creí que él iba a ayudarme a superarlo, pero cuando le fui contando cada vez que me sentía mal, se comenzó a hartar, y casi ni me tomaba en cuenta. Si no era eso, me decía que me quejaba por todo, que era una débil y una niñata que no sabía enfrentar los problemas. ¿Por qué se comportaba así? Yo sólo quería apoyo, ¡Su apoyo, de nadie más! Después de todo, era la única persona que me quedaba. Era mi novio... -digo la palabra con amargura, como si fuese la última vez que la deseo pronunciar, y quizás, como si deseara nunca haberlo llamado de esa forma- Mi mala vida ocasionó que empezara a perder peso. Adelgacé mucho, incluso tuve que ir al hospital a chequearme, porque no podía seguir así. Me decían que me veía mal. Mi ropa me quedaba tan suelta que me daba pena salir a la calle. Hasta que un día, sólo con mi esfuerzo, logré salir del pozo. Pude salir adelante sola, porque él siempre pasó de mí. Si no lo hacía por mis propios medios, ¿Quién iba a hacerlo?

Creo oír a Seth suspirar, o quejarse, no sé, porque con mis sollozos no se me hace posible escuchar más nada con claridad. ¿Por qué es como si mi boca estuviese floja, descontrolada? ¿Y por qué quiero seguir contándole mis desgracias?

- Pude subir de peso. Me recompuse -continué, a duras penas- La relación dio frutos, todo se puso muy lindo otra vez, pero luego él volvió a ponerse histérico, y comencé a sentir que cada palabra que yo decía era utilizada en mi contra. Tenía miedo de decir algo, de arruinarlo todo. Cada día de la semana discutíamos. Yo lloraba en la escuela, mi dignidad desapareció. Comenzó a tratarme mal -sollozo otra vez, por lo que me cuesta respirar, pero me esfuerzo por seguir-, decía que era una inútil, una tonta, débil, incluso un día creí que iba a golpearme, porque ocurrió un accidente grave. Me llamó puta en varias ocasiones. Pero jamás sentí tanto miedo como la vez en que me llevó a un cerro, uno muy lindo, parecía un bosque. Me tomó por el cuello y me dijo que me había llevado hasta ahí para matarme.

Recuerdo el preciso momento, lo lindo que me había tratado antes de hacer esa broma de mal gusto. Todo fue muy improvisado, pero yo estaba feliz, porque un tiempo después de conocernos, yo lo había acompañado allí cuando él se sentía demasiado triste. Había peleado con su madre de una manera horrible, pero yo me quedé, aún cuando quería estar solo. Le prometí que nunca me iría. Sin embargo, él fue quien terminó yéndose.

- Sus ojos eran escalofriantes -decido dejar de pensar en eso, y continuar utilizando la lengua- Yo siempre lo había defendido, creyendo que él no era igual a su familia, porque no eran personas muy bien habladas, habían pasado por tragedias horribles y hecho cosas que no quiero nombrar. Pero ese día creí que hablaba en serio, pero todo fue una broma, creo, y se puso a reír de mí. Incluso lloré del miedo. Por otro lado, cuando él me pedía que lo acompañara a lugares que le gustaban, siempre aceptaba gustosa, aún cuando no me gustaran. Pero si yo le pedía que me acompañara a mí, o le hablaba de algún libro que me gustó, me decía que no le interesaba, que era una sosa, aburrida, buena para nada. Le entregué todo de mí, todo, cuando digo todo es todo. Así que mi autoestima volvió a morir cuando todas le parecían preciosas, excepto yo. Bajé de peso otra vez, queriendo volverme perfecta, para nadie más, sólo para él. Que viera lo buena novia que yo podía llegar a ser, que supiera que no necesitaba a otra chica. Siempre fui muy tierna, dulce, le decía lo mucho que me encantaban su cuerpo y sus rasgos, él jamás me hacía caso, no sé por qué no le bastaba lo que yo le daba. Un día fui a su casa, me abrazó por la cintura, me atrajo hacia sí, queriendo besarme otra vez. Yo iba a corresponderle, pero de pronto me apartó y me gritó que estaba demasiado delgada. Me miró con asco, como si fuese lo más horrible del planeta. Me confesó que ya no le gustaba mi cuerpo, que le dejó de parecer bonito. ¿No se supone que eso no es lo importante? Él un tiempo fue delgado, luego subió de peso, lo llamaban gordo pero a mí me daba igual, seguía siendo hermoso, ni siquiera le tocaba el tema. Era mi novio, yo lo amaba, ¿Qué importancia tenía el físico cuando hay amor? Le defendía cuando lo llamaban por algún sobrenombre. Cuando papá hablaba cosas feas de él, yo saltaba en su defensa a toda costa. Mi amor por él no cambiaba. Hasta que me dejó, porque ya estaba muy fea, flaca, anorexica, llorona, quejona... Porque ya no me amaba. Y me lo dijo -vuelvo a callarme, y cuando recuerdo una cosa, digo:- ¿Y sabes qué es lo peor? Que me dijo que todo era mi culpa. Que yo había ocasionado que él no me quisiera. Por cambiar, por bajar de peso, por ser otra persona. Lo irónico es que él nunca entendió que él ocasionó que yo me pusiera así. ¡Sólo mírame! -recupero mi postura rápidamente, y me apunto a mí misma- Sé que él ya desapareció de mi vida, estoy bien con eso. ¿Pero y ahora qué? Soy una bruta a la que todos odian. ¿Quién va a quererme si ni siquiera yo me quiero? Estoy cansada de ser como soy, no encajo con nadie, a veces no me soporto ni yo...
- Basta -me interrumpe Seth por primera vez.
- ¿Que baste con qué?

Me quedo en silencio cuando ya no soy capaz de formular más palabras seguidas. Sigo sollozando, sintiéndome una ignorante por haber soltado todo eso. ¿Cómo puedo ser tan bruta? He quedado como la estúpida del año. La penosa.

Me estremezco cuando siento el roce de la mano de Seth bajo mi mentón. Sin embargo, no intento alejarme. Levanta mi cabeza, y hace que lo mire. Mis párpados pesan, y podría quedarme dormida en cualquier momento.

- Tú no eres nada de lo que él te dijo, Cristal. Tú eres hermosa. No eres puta, ni sosa, ni aburrida, ni débil. Eres todo lo contrario.
- No es cierto -susurro, cerrando los ojos con fuerza.
- Sí lo es.
- No -niego con la cabeza, cerrando los ojos, que comenzaban a arder- A él le molestaba mi sinceridad. Cuando quería dar mi opinión contraria sobre algo, me decía que era una pesada de mierda, antipática, que por eso no tenía amigos -más lagrimas caen- Y es cierto, yo no los tenía. También que era una hueca, creída y...
- Ése bastardo es un monstruo inhumano -interrumpe mis palabras, y su cuerpo de pronto se vuelve tenso- No te merecía. Tú intentaste amarlo como era. ¿Sabes lo valiente que fuiste? ¿Sabes la poca cantidad de mujeres que ama con esa intensidad? Él te maltrató. Jugó contigo. Jamás te amó.
- No, Seth. Yo fui una ciega. Tapé el sol con un dedo. Creí que cambiaría, que tenía razones para tratarme como lo hacía. Todos me juzgan -aclaro con pesar- Estoy acostumbrada. ¿Pero cómo no iba a amarme? ¡Él me lo decía, y un tiempo me lo demostró!
- Quien te ama jamás va a trapear el piso contigo, ni con tus sentimientos. Jamás va a hacerte tanto daño. Nunca.

Hundo mi rostro en mis manos otra vez, y de pronto, siento que por el lugar de mi estómago me da una sensación horrible, y en cualquier momento devolveré hasta lo que comí ayer.

Tan veloz como puedo, me paro de la silla y corro escaleras arriba, para luego entrar al baño. Mi estómago vuelve a revolverse con tal intensidad, que abro la tapa del inodoro y en un segundo me encuentro expulsando todo como una alcohólica o fiestera un sábado por la noche, en una discoteca, llena de porquerías.

Aún vomitando, continúo sintiendo el estómago tan revuelto, que sigo expulsando todo. Unas malditas náuseas. ¡Odio ésto! ¿Qué hice yo? Ah, sí, beber esa cosa que toma Drew, que no sé ni qué era. Lo odio, lo odio.

Por el rabillo del ojo, noto que Seth entra en el baño, y me siento tan humillada que no sé cómo controlarlo. Estoy vomitando hasta los porotos de la semana pasada, y él mirándome. Pero me sorprendo cuando siento que sujeta mi cabello delicadamente, con sus manos. Quiero empujarlo lejos de mí, porque ese acto refleja lo débil que piensa que me veo en éste estado, pero tengo tan poca energía que no soy capaz de lograrlo.

Cuando dejo de vomitar, me alejo del inodoro. Intento tapar mi rostro con mis manos, pero Seth me lo impide. Me toma por la cintura, y me lleva a mi habitación. Me doy cuenta de eso cuando ya me encuentro en ella. No me había sentido tan débil físicamente desde hace mucho tiempo, cuando bajé de peso considerablemente, me enfermé, y por poco caigo inconsciente al piso.

Me recuesta en la cama, pero me incorporo de inmediato, quedándome sentada. Miro a mi alrededor, y Seth ya se ha ido. Espero unos segundos, intentando controlar mis sentidos. Cuando pasa el tiempo suficiente, me preparo para seguir llorando y botar todo lo que llevo acumulado dentro, pero soy interrumpida cuando vuelve a entrar, se sienta a mi lado y me entrega un vaso de jugo.

Acepto el vaso, lo tomo, y me pongo de pie lentamente. Camino hacia la ventana, y miro a través de ella. Hay muchas estrellas, y no hace frío, lo que me parece extraño. ¿Cuánto falta para la navidad? Pediré un libro. ¿Y por qué los libros se llaman libros?

Me doy la vuelta, un poco aturdida. Y cuando miro a Seth, una extraña sensación recorre mi cuerpo. Si antes sentía que no hacía frío, ahora siento un poco de calor molesto. Sobretodo cuando noto que sus labios son bonitos.

♥♥♥

Lamento mucho mi ausencia, de verdad lo lamento, pero es que todo en mi vida está patas arriba. No quiero entrar en detalles, solamente el tiempo y los ánimos no están, pero no voy a cancelar la novela. Daré todo de mí para poder seguir. Ésta semana ha sido de exámenes, y la próxima tengo tres más y además una exposición, pero intentaré subir éste fin de semana, ¿Si? Como regalo de semana santa. Muuuchas gracias a todas las que se han preocupado, pero sepan que no las dejo porque quiero. Ustedes son geniales, las mejores lectoras del mundo. Leí por ahí que yo nunca cumplo con lo que digo, pero chicas, sí cumplí todo el mes de enero y todo febrero, las cosas en mi carrera son algo completamente nuevo para mí, aún no me adapto, paciencia, ¿Si? En cuanto tenga el tiempo suficiente les traeré un regalo por aquí. ¡Ojalá les haya gustado el capítulo! Un beso hermosas, les dese felicidad y buena suerte para el siguiente día, ¡Oh, por cierto! Respondan en los comentarios: ¿Qué les pareció la historia de Cristal? ¡Adiós!




24 de marzo de 2015

Capítulo veinticuatro - Fresa con Chocolate.



Entro a casa con agilidad. Lanzo mi mochila al sofá y me tiro encima como un saco de patatas. Suelto un suspiro enorme, cierro los ojos, e intento descansar. Ha sido un día escolar loco, de cosas nuevas, y aún no me lo creo.

- ¿Hace cuanto llegaste? -siento la voz de mamá, mientras baja las escaleras y llega a la sala de estar, con evidente buen estado de ánimo.
- Ahora, como hace dos minutos -le cuento sin moverme.
- Bien, ¿Quieres almorzar ya?
- Ajá.

Se va a la cocina y yo me incorporo con dificultad. Estoy realmente cansada, tengo sueño, y como si fuera poco ahora tengo un cargo escolar. No me molesta, de hecho creí que era una oportunidad para adaptarme mejor a las personas de mi alrededor. Creí que no iba a tener ni una mísera oportunidad de ganar, pero me sorprendí cuando más de la mitad de la clase dio su voto a mi favor.

Me pongo de pie y sigo a mamá a la cocina. Se encuentra calentando lo que comeré, que por lo que veo, es arroz. ¡Rico! ¡Ya se puso todo bueno! Así que me siento en la silla de la mesa y espero a que todo esté listo.

- Hoy me eligieron tesorera de curso -le cuento animada.
- ¿Qué? -abre los ojos como plato- ¿Tú, tesorera?
- Sí, yo tampoco me lo creí -suelto unas risas- Pero me eligieron. Un chico de mi clase con quien nunca hablé, propuso que yo lo fuera. Hubo una votación entre mí y otra chica, y terminé ganando.
- ¡Eso es genial! -mamá brinca de la emoción- Jamás creí que llegaría el día en que cooperaras con tu clase. ¡Me ofreceré para tesorera de los apoderados!

Mamá ama involucrarse en cargos especiales, sobretodo en los de la escuela. Siempre la eligen, tiene la manía de agradar a gente con facilidad. Yo soy todo lo contrario, por eso ambas nos sorprendimos de tal manera.

- ¿Fabiola no se anotó en nada? -pregunta mientras sirve la comida.
- Sí, ella es la secretaria -sonrío.
- ¡Increíble! Las felicito, ya era hora de que ambas hicieran algo nuevo. Sus dos últimos años de instituto deben aprovecharlos. Cuando ya no vayan, lo extrañarán.
- Lo dudo -comento.
- No sé por qué no les gusta -comienza a decir mamá- En mis tiempos amaba ir, jamás faltaba, me encantaba levantarme temprano, todos los días a las seis a ducharme -mira al techo, sonríe y suspira- Los mejores años de mi vida. Luego conocí a tu padre, un poco antes de terminar mi último año.

Mamá siempre me cuenta la forma en que conoció a papá. Siempre finjo que me sorprende, porque cada vez cuenta algo nuevo que no había escuchado antes de su boca. La realidad es que no hay nada de lo que no me haya enterado, leí su diario hace unos años. Así que me sé todos los detalles de su historia amorosa, incluyendo los sucios y triple equis. Nadie lo sabe más que yo.

Drew entra en la cocina. Cuando lo veo, siento tal impacto que no puedo evitar hacer una mueca de horror. No lo había visto hace como una semana y media. Llegaba tarde a casa, y se iba temprano a la universidad, por lo que no nos topábamos ni en la cena ni en el desayuno, ni nunca.

- Te ves horrible -expreso.
- No empieces -bufa, y toma una manzana de la canasta en el centro de la mesa. Toma una silla, la hace para atrás y se sienta un poco lejos de mí.
- ¿Qué le pasa? -le pregunto a mamá.
- Está cansado. La universidad lo ha mantenido muy ocupado.
- ¿Segura que no está drogado? -comento con diversión.
- Vas a entenderlo cuando estudies algo realmente, no en un instituto -escupe con maldad, viendo en menos lo que yo hago.
- El que estudies en algo superior no quiere decir que lo mío sea fácil -le digo, fulminándolo con la mirada- Mi carrera no es fácil, además, tú eres el mayor y te quejas más.
- Tú igual deberías estar en la universidad ahora, estúpida, pero repetiste dos años. El que yo haya decidido entrar tarde es otra cosa.
- Eso no es... -me quedo en silencio, cuando me doy cuenta de que es verdad- Te odio.
- No es tan linda la verdad, eh -se burla de mí- ¿Cómo está Fabiola?

Nos quedamos en silencio cuando escuchamos su pregunta. Miro a mamá disimuladamente, y ella me mira alzando las cejas e intentando guardar una risa. Drew, por su lado, está demasiado concentrado comiendo su manzana como para darse cuenta.

- Bien, hoy la han elegido secretaria de la clase -le cuento, fingiendo desinterés.
- Eso es bueno, ella es responsable -la halaga.
- Sí, y yo soy tesorera.
- No te pregunté -da una mascada.
- Bastardo -susurro.
- ¿Cuando va a venir? Aún no me acompaña a nadar -sigue hablando, pasando de mí- No he tenido tiempo de hacer nada, sólo espero que no se haya arrepentido.
- No lo sé -me encojo de hombros- También tiene cosas que hacer, no eres el único ajetreado. Tiene una vida, tonto.
- Vaya, todo lo contrario a ti -se pone a reír, con burla- ¿Qué se siente?
- Tengo una vida -me pongo una mano al pecho, algo ofendida- Solamente soy más casera.
- No, lo que pasa es que eres aburrida y por eso no sales con hombres.
- Desesperada por hacerlo no estoy. Me da igual, todos son idiotas. Disculpa por no tener necesidades sexuales en demasía como tú -suelto.
- Basta -ordena mamá- Detesto que hablen de éstas cosas. ¡Ya saben que no deben pelear!

Drew se pone de pie y sale de la cocina. Choco la espalda contra el respaldo de la silla y justo en ese momento mamá pone mi plato frente a mí. Se sienta en frente, mirándome fijamente, con un toque de comprensión.

Cuando termino de comer, me voy a mi habitación y me cambio el uniforme. Me visto con un pantalón ancho color gris de chándal, además de una camiseta de tirantes color blanco. Justo en ese momento, cuando estoy acomodándome, tocan la puerta de la habitación y mamá asoma su cabeza.

- La señora Solange me ha llamado y tengo que ir a buscar más género. Puede que tarde un poco. Alejandro está en su habitación, ya sabes lo de ver cómo está cada cierto tiempo, y si necesitas algo Drew está en casa.
- Oh, claro, Drew es el héroe, puede salvarme de cualquier peligro -comento con sarcasmo y me pongo a reír como una loca por mi propia broma.
- Solamente tienen que portarse bien. No se maten -dicho eso, cierra la puerta y añade a través de ella:- ¡Llevaré mi celular, llámame por cualquier cosa!

Mamá, como es modista, trabaja para una señora que tiene una tienda de ropa. No le pagan tanto, pero precisamente ella estudió Vestuario y Modismo, así que le gusta. Es feliz haciéndolo. Lo que gana hace que papá no tenga que trabajar tan seguido, y tenemos mejor situación económica. Aún recuerdo cuando papá tenía que hacer milagros para que el dinero nos alcanzara, pero eso ya es otra historia. Ahora podemos darnos nuestros repentinos lujos, y es como si nunca hubiésemos pasado por lo malo.

Me dispongo a encender la laptop y buscar una información mediante el internet para una exposición que tengo que hacer de mi carrera. Detesto las exposiciones. No se me dan tan mal, pero aún así. Prefiero hacer informes o investigaciones escritas de cien páginas, antes de exponer.

Como una hora después cierro el aparato, porque me ha empezado a doler un poco la cabeza. Es algo que suele suceder. Me concentro mucho en la pantalla y es como si me apretaran la cien. Antes de que se vuelva peor, tomo mi celular, me salgo de la habitación y bajo las escaleras, para buscar algo de beber.

Cuando llego abajo, escucho unas voces provenientes del patio. Varias voces, en realidad. A paso lento me pongo a mirar por el ventanal al lado de la puerta, y casi me desmayo cuando veo a idiotas con botellas de alcohol y fumando lo que parecen porros. ¡Porros!

Antes de poder controlarme, abro la puerta enojada y el olor a cannabis se impregna en mi nariz junto con mis pulmones. ¡Dios mío, qué asco!

- ¡Drew! -le grito- ¿Qué estás haciendo?

Las cabezas de todos se giran en mi dirección, y me da una punzada al corazón cuando mis ojos se encuentran con los de personas que no quería ver. Algunos eran nuevos rostros, pero si me hubiera percatado de los demás, seguro habría preferido no aparecerme.

- Hermanita, no pasa nada. Los chicos han venido a pasar el rato -dice como si nada- Está todo muy tranquilo aquí.
- Maldito idiota, ¡Están drogándose! -exclamo- ¿Cómo puedes decir que no es nada?
- Cristal, tanto sin vernos -habla uno de los imbéciles que solía molestarme. Sus ojos están rojos- Estás linda, no me había percatado antes. ¿Quieres venir con papá? -da unas palmadas a sus piernas, mientras ríe como un desquiciado.
- Drew, diles que se vayan -le ordeno furiosa, pero parece no oírme- ¡Que los saques de aquí!
- ¡Déjame en paz! -me grita.
- Si no me haces caso, vas a meterte en problemas -lo amenazo. Nadie se mueve, solo ríen.
- No seas pendeja, deja de ser tan molesta -me dice Drew- Yo no me estoy drogando.
- ¡Bueno, tú no, tal vez! ¡Pero éstos buenos para nada sí lo están haciendo! Además el olor ya es suficiente, Drew. No es sano para ti.
- Cristal, sólo es por hoy. Quería cambiar la rutina -rueda los ojos- Enciérrate y quédate tranquila.
- ¿Sabes qué? ¡Voy a llamar a papá! -le muestro el celular, deslizo el dedo y busco su número.
- ¡No! Joder, estoy harto, ¡Deja esa cosa! No lo llames -me suplica Drew, enojado.
- ¡Si los sacas y dejas de hacer éstas cosas, lo voy a hacer!
- Aw, se preocupa por su hermanito mayor -habla otro de ellos, y luego me apunta con el dedo- Ésta no cambia nada, siempre es gruñona.
- Cállate, hijo de puta -escupo con odio. Al tipo parece tomarlo por sorpresa, porque su burla se va y ahora frunce el ceño.
- Zorra mal parida, te voy a enseñar lo hijo de puta que puedo llegar a ser -se para de la silla y comienza a acercarse a mí, mientras intenta desabrochar su pantalón- Pero te aseguro que te va a gustar.

Todo pasa tan rápido, que es como que lo veo borroso. Drew lo toma por el cuello y le da un puñetazo tan fuerte que lo lanza al suelo, lo que me deja estupefacta. Me apego contra la pared mientras sigue golpeándolo, y el otro tipo está tan drogado que no puede hacer nada para defenderse.

Los otros imbéciles se levantan e intentar lograr que Drew suelte al que me insultó, pero les cuesta trabajo.

- ¡Tío, te pasas! -le grita uno a Drew- ¡Sólo fue una broma de su parte!
- Maricones de mierda, váyanse de mi casa, no los quiero ver más -ordena Drew, tan enojado que hasta está rojo- ¡Que se vayan! Pobre del que se acerque así a mi hermana porque les parto la cara a golpes, ¿Se entiende? Cristal, llama a la policía.

Sé que es mentira, pero finjo teclear el número. Los tipos toman en brazos al que está en el piso, y se van, no sin antes exclamar mil y un groserías a mi hermano. Después, Drew me obliga a entrar en la casa.

- Detesto que te metas en mis cosas -escupe- Si no hubieses salido, ésto no habría pasado.
- Si tú no te drogaras, tampoco -le devuelvo.
- No estaba drogándome.
- ¡Pero ellos sí! ¡Y encima en nuestra casa! ¿Cómo permites algo así?
- ¡No lo sé! Llegaron y creí que podía ser buena idea.
- ¿Buena idea? -alzo las cejas- ¿Eso creíste? ¡Drew, ellos fueron quienes te llevaron por mal camino hace tiempo! ¿Qué es lo que quieres? ¿Volver a eso? ¡Estás estudiando!
- No, ¡No quiero eso! Sólo no pensé que pasaría algo malo. Yo no me drogué, ni tomé. Sólo charlé como una persona cualquiera.
- ¡Pues para la otra piensa más, subnormal!
- ¡Bien, ya! -alza las manos, rindiéndose- Fui un estúpido, me mandé la cagada. Ganaste.
- ¡Sí! -celebro dando un salto- Me debes un helado, mediocre.
- Ya, ya -hace un ademán con la mano, restando importancia.
- ¿Helado en copa, extra grande? -pregunto, sólo para molestarlo.
- ¿Qué? ¿Estás jodiendo? Uno en palito no más. Lo que quiere la barsa.
- Ni quería, te odio -exagero, y dicho eso subo las escaleras.

Cuando llego a mi habitación, me pongo a ver la televisión. Las horas pasan, se hacen las diez de la noche, y decido llamar a Fabiola por teléfono, contándole todo lo que sucedió allá afuera con los antiguos amigos de Drew. No pude aguantar, así que le conté hasta cuando me defendió. Digo, cuando lo hizo la otra vez, allá en su falsa galería de Artes, me sorprendí mucho. Pero ahora, de ésta forma, realmente me ha dejado sin palabras.

- Cristal, tengo que decirte algo -susurra Fabiola, de manera casi inaudible. De inmediato me preocupo, y mi sentido de alerta se activa.
- ¿Te ha pasado algo? -pregunto, curiosa.
- No, no a mí. Más bien, quiero decirte una cosa que pasó, porque no quiero que luego te llegue algún rumor, o que quedes mal.
- ¿De qué estás hablando? -me siento en la cama, completamente derecha.
- Vas a enojarte -avisa.
- Fabiola... -me quedo callada por un momento, tratando de analizar la situación- Sólo dime. Prometo no enojarme contigo.
- Es que, hoy iba por la calle, porque fui de compras con mamá. Entonces, cuando iba pasando cerca de Sissy's, me encontré con un amigo que solía tener en el otro instituto. Pero no me percaté de que tras de mi amigo, se encontraba... él.
- ¿Él? -pregunto desconcertada.
- Sí, Cristal. Él. Ese él.
- Oh -murmuro, recién comprendiendo- ¿Y qué pasó? -finjo que no me interesa.
- Me saludó, y preguntó por ti. Lucía muy feliz -continúa hablando. Siento que mi respiración se atasca, y una furia enorme se apodera de mí.
- ¿Es broma? Te saluda así como así, ¿Y encima es tan caradura como para preguntar cómo me encuentro?
- Dijiste que no ibas a enojarte.
- No, Fabiola, no estoy enojada contigo, sólo no entiendo. La cosa es con él. ¿Cómo es tan bastardo como para preguntar eso? ¡Es un idiota!
- No lo sé, yo también me extrañé mucho. Es obvio que él piensa que no le contaste nada malo a nadie sobre él.
- ¿Qué le respondiste?
- Que estabas increíblemente bien, que tu vida iba de lo mejor, y que encima estabas estudiando una carrera que te encantaba -responde. Una cierta sensación de bienestar se apodera de mí, y suelto un suspiro.
- Gracias -le digo, desde el corazón- De verdad.
- No tienes por qué agradecerme. Habían otros anteriores conocidos de nosotras por los alrededores. Nos miraban raro, y no quiero que pienses cosas que no son si alguien te cuenta.
- Tranquila, no pensaría nada malo de ti ni en un millón de años -intento reconfortarla, porque es cierto, siempre le creería a ella.
- Pero hay otra cosa...
- ¿Qué?
- Tiene otra novia ahora.

Mi voz se va, y siento que el trocito de corazón que me dejó cuando todo entre ambos se acabó, se cae, rompiéndose por fin. Mis ojos se llenan de lágrimas, y por un momento olvido que tengo a Fabiola al otro lado del teléfono. ¿Tan rápido se olvidó de mi? Digo, ha pasado más de un año. No es tanto, ¿O sí? ¿O es que yo no lo he asimilado bien?

- Lo lamento, Cristal -oigo decir a Fabiola, con dolor en su voz- Todo ésto iba a pasar en algún momento, ¿No? Lo sabías.
- Claro que lo sabía, es sólo que me siento un poco mal -confieso, en voz baja- Son cosas momentáneas, no es nada serio.
- ¿Quieres tener tiempo para pensar? Puedo irme, y hablamos mañana.
- Está bien -acepto su oferta- Gracias por no ocultarme nada.
- No me agradezcas. Llámame en cuanto te sientas mejor, y si necesitas algo, puedes hacerlo también a cualquier hora, incluso en la madrugada.
- Lo sé. Te quiero.
- Y yo. Ambas -me dice, como si quisiera transmitirme un poco de buena vibra- ¿Y Cristal? No olvides que te mereciste a alguien mejor siempre -dicho eso, corta.

Me alejo el celular de mi oreja, y lo dejo en la cama. Recuerdos absurdos que no sirven para nada, comienzan a atacarme. Le he dicho a Fabiola que quería pensar, pero la verdad es que no quiero hacerlo. Me niego. ¿De qué serviría? ¡Sólo me haría llorar! Yo. Ya. No. Lloro. Por. Él.

Mi garganta se seca y de pronto siento una sed que jamás había sentido. Salgo de mi habitación corriendo, y cuando llego a la mesa de la sala de estar, tomo la primera botella de gaseosa que vi, y la pongo en mi boca, tragando todo el líquido del interior, como si fuese la última que quedara en un amplio e infinito desierto caluroso.

Me acabo hasta la última gota, y no me percato de un sabor amargo hasta cuando dejo la botella vacía en la mesa. Qué asco, ¿Por qué sabe así? ¿Habrá estado caducada? Porque al parecer no tenía gas...

Levanto la mirada, y me doy cuenta de que Drew con Seth están sentados en la mesa, mirándome. Ambos tienen una expresión de horror, y el sabor en mi boca se vuelve tan malo que siento la necesidad de lavarme los dientes con furor.

- No vas a creer lo que te acabas de tomar -comenta Drew, asustado.
- ¿Le pusiste algo? -pregunto.
- No voy a decirte lo que era -se aclara la garganta- Pero, hermana, estarás ebria en muy poco tiempo, sobretodo porque nunca antes has tomado.
- ¿¡Estás bromeando!? -grito, tan fuerte como puedo. Lanzo la botella que debió contener Sprite, contra la pared- ¿Así es como tomas para que mamá y papá no se den cuenta!? ¡Te odio, maldito, no sabes cuánto!
- Cálmate, alguna vez iba a pasar, ¿No? -intenta relajarme- Tienes que preguntar antes de tomar las cosas, Cristal. No puedes ir así como así por la casa.
- ¡Yo vivo aquí, idiota! ¡No puede estar pasándome ésto! -la frustración que siento es tan grande, que quiero llorar, pero no en frente de ellos- ¡Me he tomado toda una botella de ésa cosa y tú estás como si nada! ¿Dónde están mamá y papá?
- Fueron a casa de la abuela.
- ¡Bien! Cuando lleguen, estarás frito, Drew -lo apunto con el dedo, y me voy caminando hacia las escaleras. Antes de subir, lo miro fijamente- Dí lo que quieras, tonto. Pero yo te acusaré, me saldré con la mía, y tú, morirás.

Comienzo a correr escaleras arriba, sintiéndome aún peor que antes de haber bajado. ¿Por qué yo? ¿Por qué? No es justo. Y lo peor, es que siempre me pasa a mí.

+++

¡Chicas! ¡Nos volvemos a encontrar! Lamento mucho no haber subido antes, pero es que he estado tan ocupada que no tengo tiempo de nada. Borré los capítulos que tenía guardados, porque realmente no me gustó como quedaron. De haberlos tenido, habría subido. Además, he tenido que prepararme para una exposición, lo que me deja menos tiempo. Según mis cálculos, desde mañana tendría libre la semana. Así que subiría el viernes, y para compensar el capítulo del viernes pasado que no subí, lo haría el domingo. Muchas gracias por la espera. No olviden comentar, y lamento la tardanza. Avisaré una cosa: ¡El próximo capítulo no se lo pueden perder, lo digo en serio! +5 comentarios para que suba, un beso enorme a todas. ¡Chao!



18 de marzo de 2015

Capítulo veintitrés - Fresa con Chocolate.



Narra Fabiola

Me levanto de mi cama a duras penas. Anoche, apenas llegué, me tiré a la cama y me quedé dormida de inmediato. No desperté en toda la noche, y para colmo, me dormí encima de las sábanas, por lo que ahora tengo el cuerpo más frío de lo normal. 

Me voy a la ducha, y cuando salgo recuerdo que tengo que tomar desayuno. No es que tenga tanta hambre, tampoco. Así que bajo las escaleras con mi cabello envuelto en una toalla, me acomodo bien la ropa y entro.

Apenas llego al lugar, todos están sentados en la mesa, recién preparándose para el desayuno. Mi taza con té está servida, hay pan con agregados para elegir. Papá lee el periódico sin prestarle mucha atención. Mamá solamente se dispone a comer.

De pronto, siento la mirada excesiva de mi padre sobre mí. De inmediato rezo al cielo para que no empiece sobre un tema que, en particular, no me gusta tocar. Se cruza de brazos en la mesa, suelta un suspiro, y confirmo lo que estaba pensando.

- Fabiola, estás muy delgada -expresa, con rostro cansado y desconforme. Eso basta para que comience a sentirme mal- Deberías subir de peso.
- Papá, ya hemos hablado de ésto -me quejo en voz baja, rogando al cielo que ésto no hubiera pasado, y que me hubiera despertado, al menos, un poco más tarde.
- Sí, lo hemos hablado, pero veo que sigues igual -me dice, sin cambiar su expresión- Me preocupas, hija. No es bueno lo que te pasa.

Lo más gracioso es que, a algunas chicas las reprenden porque deberían bajar de peso, pero conmigo es todo lo contrario. No me sentiría mal si me sintiera bien conmigo misma en ese sentido, pero la cosa es que eso no pasa. Ni siquiera a mí me gusta mi cuerpo. Quiero subir, pero no puedo, algo me lo impide, y eso es horrible.

El timbre suena, y siento que el mismísimo Dios ha bajado del cielo sólo para ayudarme. Salto de la silla con toda la velocidad excesiva del mundo. Rara vez me ofrezco a abrir la puerta, pero en éste momento es lo mejor que puedo hacer.

Giro la perilla, y no alcanzo ni a reaccionar, ni tampoco a levantar la mirada, cuando unos grandes brazos me rodean, además de un cuerpo pegado al mío. Me asusto tanto que parece que me congelo, pero en nada me sueltan, y cuando veo quién es, siento que he visto la cosa más aterradora del mundo.

- ¡Fabiola, qué gusto verte! -exclama con alegría, mientras sonríe de oreja a oreja. 
- ¿Drew? -es lo único que logro decir. Él asiente con la cabeza- ¿Qué haces aquí?

No es que Drew sea feo, de hecho lo encuentro bastante guapo, pero el que él esté aquí es casi una locura. Siento que estoy siendo muy dramática. ¿Se me estará pegando lo de Cristal? ¿Es contagioso?
- Te dije que iba a venir a hablar con tus padres -me recuerda. Por el amor de Dios, no pudo elegir peor día para hacer ésto.
- Sí, pero no creí que fuera hoy...

La voz de mamá desde la cocina interrumpe mis palabras. Entro en un ataque de nervios, mis manos comienzan a temblar. ¡Drew pudo haberme avisado!

- Hija, ¿Quién es? -mamá alza la cabeza por la entrada de la cocina. Cuando ve a Drew, hace una mueca de asombro- Oh, no sabía que tendríamos visitas. Hazlo pasar, Fabiola.

Antes de que pueda decir nada, Drew pasa por la puerta como tal dueño, y se acerca a donde está mi madre, mientras ella hace lo mismo.

- Señora, ¡Gusto en conocerla! -Drew, con toda confianza, la toma por los hombros y la abraza. Cuando se aleja, toma su mano y la acoge como todo un caballero- Fabiola me ha hablado mucho de usted.

Mamá luce tan incrédula que su rostro expresa nada, y Drew ha dicho la mentira más grande que pudo decir, porque, que yo sepa, en ningún momento hablé de mi madre, y menos tanto. Pero mi cuerpo se relaja cuando mamá sonríe, y comienza a acoger su mano también.

- Oh, muchas gracias, joven -le dice mamá- Pero, la verdad no tenía idea de nada.
- Sí, lo sé. Siento interrumpir a ésta hora, pero yo soy amigo de Fabiola -le cuenta Drew, sin quitar su sonrisa- Soy el hermano mayor de Cristal. 
- ¡Vaya, no sabía eso! -mamá de pronto parece interesada- Cristal no suele venir, así que el que estés aquí me parece realmente increíble.
- Lo sé. Mi nombre es Drew, por cierto.

En eso papá asoma su cabeza por la entrada de la cocina, tal y como mamá lo hizo. Frunce el ceño, y alza una ceja, cuestionándose la extraña visita. Luego, sale de ahí y se acerca a mamá.

- ¿Quién es, Yovana? -pregunta papá.
- Él te lo dirá, Oscar -le dice mamá, animada.
- ¡Señor, buenos días! -le saluda Drew, con un apretón de manos, aún sonriente- Mi nombre es Drew, soy hermano mayor de Cristal y amigo de su hija Fabiola. 
- No sabía que Cristal tuviera un hermano -sincera papá, sin remordimientos.
- Sí, bueno, es comprensible, dado que yo soy universitario, y pues, ya sabe, los típicos hermanos -suelta una carcajada relajada.

Me acerco a ellos un poco, pero lo suficientemente lejos como para no llamar mucho la atención. Los nervios me consumen, podría caer inconsciente ahora mismo y no despertar hasta el próximo sábado.

- Bueno, dado que estamos acompañados -comienza a hablar mamá-, podrías quedarte a desayunar, ¿Qué te parece? Así charlamos, y nos conocemos un poco.
- Si el señor de la casa está de acuerdo -dice Drew, mirando a papá. Siento que mi corazón va a parar en cualquier segundo, pero a papá parece gustarle que Drew lo mire con autoridad, así que asiente con la cabeza, y suelta una diminuta sonrisa.
- Me gustaría conocer a la amistad masculina de mi hija.

Se giran y comienzan a entrar a la cocina. Ni siquiera se percatan de que yo no los sigo. Tampoco me preguntaron qué opinaba yo con que Drew se quedara. Así que tapo mi cara con mis manos, ahora rogando al cielo no pasar un momento vergonzoso. No es que no quiera que Drew se quede, sólo no quiero que puedan asfixiarlo a preguntar y que de pronto papá suelte algo indebido que pueda hacer que él se sienta mal. Mi padre puede ser un gran hombre, pero cuando quiere puede tener un humor de miércoles.

Ahora que me percato, estoy rogando al cielo demasiadas veces. ¿Cuántas llevo hasta ahora en lo que va de la mañana? ¿Cuatro veces?

Termino yendo con ellos a la cocina. Cuando lo hago, todos están sentados, excepto mamá, que está poniendo una nueva taza para Drew. Cuando ella termina, se sienta a la mesa, y yo, para no hacer el ridículo de quedarme de pie sin hacer nada, me siento a su lado. Papá queda al lado de Drew. Yo quedo al lado de mamá. Estamos frente a frente, por lo que estoy con Drew directo a mí.

- Y bien, muchacho -habla papá- ¿Estás saliendo con mi hija? En una relación a escondidas o algo, no sé, porque me parece muy extraño ésto.

Mi cara se pone caliente, y bajo la mirada a mi taza de té. No puedo con la situación. Me sorprende tanto la relajación y determinación que Drew da a mostrar, que en mi interior, en alguna parte por el fondo, siento una extraña fascinación.

- Con todo respeto, Señor Oscar -comienza a decir- Pero Fabiola me parece una chica increíble, y si en algún momento decidiera salir con ella, tendría el coraje para venir aquí y pedir su aprobación.

Estoy tan sorprendida, que levanto la cabeza a la velocidad de la luz, con los ojos bien abiertos. ¿De verdad es él? ¿Drew puede ser tan educado? ¡Estoy sorprendida! Y más aún ahora, que miro a mamá, y tiene una expresión de tanta emoción que podría caer su saliva dentro de la taza de té. Por otro lado, papá está impresionado, ya que sus cejas se mantienen alzadas por la respuesta que acaba de recibir.

- Me estás agradando, muchacho -expresa papá, más relajado- Increíble. ¿Cuántos años tienes?
- Veinte años. Estudiante de la universidad, carrera de Licenciatura en Artes, futuro maestro y artista libre, ambas cosas -le cuenta Drew, con verdadero orgullo por sus logros- Y si se me da la oportunidad, luego carrera de Música.
- Vaya, todo un talentoso -comenta papá, interesado- No es muy visto ver que un amigo de mi hija tiene las cosas tan claras, y encima es responsable. Porque eres responsable, ¿Cierto?
- Por supuesto -asegura Drew- Mis calificaciones no hacen más que mejorar. Y para qué hablar de su hija, siempre pendiente de ella y de su seguridad -ahora me mira a mí, y me da un vuelco por dentro- ¿No es así, Fabiola? -todos me miran con atención, e intento mostrarme lo más segura posible.
- Sí -digo. Increíblemente, mi respuesta sale totalmente creíble- Drew siempre está manteniendo contacto conmigo, y me compra helados.
- ¿En serio? -pregunta papá, impresionado. Drew asiente- Me alegro de eso, me refiero a que le hagas alimentarse. No sé si te das cuenta en lo que llevas conociéndola, pero mi hija es un poco...
- ¡Drew! -chillo, demasiado alto para mi gusto, interrumpiendo. Todos me miran como si estuviera loca- Deberías comer -sugiero- Las tostadas se enfrían. No querrás que se arruinen. Sé que te gusta comer.

Corro la bandeja hacia él, y ofrezco alguno de los agregados. Drew alza una ceja disimuladamente, y sé que está pensando en el por qué de mi reacción, pero sobre todo en por qué corté las palabras de mi padre. Pero se queda callado, y mis sensaciones interiores van calmándose.

- Es muy amable de tu parte, Fabiola -dice Drew, de repente- Tienes razón, mejor comeré algo. Todo se ve delicioso.
- Ay, virgen santísima, éste chico es un cielo -comenta mamá, casi sin aire- Hija, ¿Por qué no lo invitaste antes? ¡Es muy educado! Tus otros amigos siempre se quedaban mudos cuando yo o tu padre nos acercábamos, pero ahora todo es distinto.

Yo jamás hablo mucho con mamá, menos de temas personales, pero Drew acaba de llegar y es como si hubiese revolucionado a toda la casa. Tiene a papá con buen ánimo, a mamá encantada, pero lo único que falta es que haga algo para que yo ya no me sienta tan nerviosa. Si lo lograra, incluso me atrevería a hacer un altar.

- Estoy de acuerdo contigo, Yovana -se le une papá- No sé si será por la diferencia de edad, pero los otros amigos de Fabiola siempre son tímidos y se cohíben hasta por decirles hola. Menos mal, por fin, carne fresca.

El comentario de mi papá suena terrorífico, pero Drew ríe tan fuerte que me pilla desprevenida y doy un salto en la silla. Siento la mirada de mamá sobre mí, como diciendo: ¿Qué te sucede? Pero nadie más parece darse cuenta.

- Bueno, señor, resulta que yo soy bastante maduro para mi edad -dice Drew- Sé que tengo veinte, pero no todos son así en estos tiempos.

Sorprendente, es una suerte que papá jamás haya presenciado las peleas de Drew con Cristal o con Alejandro, porque seguro ahí nadie creería sus palabras. Tengo ganas de reír, en primer lugar porque Drew siempre me ha parecido divertido, e incluso cuando intenta aparentar gran madurez, lo es.

Cuando terminamos de desayunar, papá y Drew se van cómodamente a la sala de estar. Se sientan en el sofá, encienden la televisión y comienzan a hablar de fútbol, si no me equivoco. Mamá y yo nos quedamos en la cocina preparando el almuerzo.

- Me agrada Drew -comenta mamá, rompiendo el silencio que se había formado entre nosotras.
- A mí también -es lo que digo. Finjo distraerme haciendo la ensalada de lechuga, para que no siga tocando el tema.
- Deberías salir con él , ¿No te gusta? ¿Te hace feliz? -suelta, y por poco no me corto el dedo con el cuchillo. ¿Mamá teniendo una conversación seria conmigo? Nosotras nunca lo hacemos, y cuando digo nunca es un rotundo nunca.
- Mamá, nuestra relación -hago énfasis en la palabra-, no es de romance o algo así.
- ¡Qué lástima! -exclama- Porque es muy guapo, y todo un caballero.

Flashback
Cristal arranca ambos cigarrillos con rapidez, sin perder tiempo me los entrega a mí, y mientras tengo los ojos clavados en Drew, los parto en dos y los tiro al suelo, para luego disfrutar cuando mi zapato los hace cenizas.

- ¿Qué coño les pasa? - pregunta Drew, sacando su cabeza por la ventana y mirando lo que quedó de sus cigarrillos- ¡Ambas están locas! Maldita sea, joder -pasa su mano por su cabello, tan desesperado que da un poco de miedo- Era el último puto cigarro que quedaba, ¡El último!
- Te dije que dejaras de fumar y no hiciste caso -le dice Cristal, cruzándose de brazos.
- ¡Son unas completas zorras! -nos insulta- ¡Me las van a pagar! ¡Están en mi lista negra! No saben en la mierda que se han metido.
Fin flashback

Vaya, sí, todo un caballero...

- Tienes razón, es cierto -miento, mientras que me aguanto una risa.
- Tu padre también era así conmigo cada vez que venía a casa de mis padres -mamá suspira- De alguna forma, me recuerda mucho a cuando yo era una adolescente.

¿Papá llamaba zorra a mamá y la amenazaba con ponerla en su lista negra, diciéndole que se la va a pagar? Eso es tan tierno, que podría llorar.

Los minutos van pasando, con mamá dejamos la comida a medias y luego me pide que la ayude a ordenar las habitaciones. No me gusta pero accedo sólo para mantenerme ocupada, no iba a quedarme sola como una tonta.

Al pasar por la sala de estar, papá y Drew siguen conversando alegremente. Es más, ni siquiera se percatan de que paso por su lado. Subo las escaleras rodando los ojos, un poco fastidiada. Es lindo que se lleven bien, ¿Pero y yo? Si se supone que venía a pedir permiso a papá para salir conmigo, no a conversar de cosas de hombres que la verdad ni entiendo.  Supongo que debo darle algo de crédito al chico, quizás está haciendo las pases. Eso sería sorprendente.

Acabamos de ordenar en aproximadamente media hora, y cuando vuelvo abajo Drew está, al parecer, despidiéndose de mi padre. Mamá baja tras de mi, me hace a un lado y da un salto de alegría.

- Drew, cariño, ¿Te quedas para almorzar? -pregunta mamá, ansiosa.
- Muchas gracias, señora Yovana, pero le he dicho a mi madre que volvería a almorzar con ella. Aunque me encantaría en otra ocasión -Drew le da un abrazo para reconfortarla.
- ¡Sí! Me mandas a decir con Fabiola el día en que quieras venir -le dice cuando se separan.
- Por supuesto.
- Drew y Fabiola van a ir a nadar en unos días -habla papá. Cuando lo miro, sonríe tanto que me da algo de susto. ¿Qué le hizo? ¿Lo hipnotizó?
- ¿En serio? ¡Eso es genial! -mamá ahora parece que reboza de emoción- Estoy sorprendida. A Fabiola no le gusta mucho usar traje de baño.
- Me he dado cuenta cuando se metió en la piscina de mi casa -sincera Drew- Pero lo que sea para que ella se sienta cómoda.
- Eso me gusta, que tomes como prioridad y cumplas los deseos de mi hija -abro los ojos. Papá, al parecer, sigue creyendo que salimos o algo- Ella debe de ser tratada como una reina.
- Estoy de acuerdo con eso, no duden que va a estar a salvo conmigo.

Cuando los tres se despiden y Drew se acerca a mí, me preparo para besarlo en la mejilla, pero me interrumpe cuando me toma por el brazo y me arrastra disimuladamente a la salida de la casa. No acaba ahí, si no que luego me lleva hacia la calle.

- Pudimos despedirnos adentro -le digo, haciendo una mueca- ¿Qué le hiciste a papá?
- ¿Cómo que qué le hice?
- No sé, por eso te pregunto. Él no es tan agradable con mis amistades.
- Sólo fui yo mismo.
- Pero en tu casa siempre te portas mal -hago recordar.
- En mi casa, con Cristal. Ella es mi hermana, tengo que entretenerme y desgastar mi ira interna con algo. Además a ella también le beneficia -se encoge de hombros- Tu familia es muy agradable.
- Sí, pueden tener sus malos momentos, pero son buena gente -reconozco orgullosa, sin poder reprimir una sonrisa.
- Tienes muchas facciones de ellos también -agrega, y me estremezco cuando lleva a mi rostro una de sus manos, para acariciarla con su dedo pulgar- Sólo quiero que sepas que soy realmente educado. No he fingido allí adentro.
- Sí, pero pudiste tomarme en cuenta también, me sentí un poco dejada de lado -confieso en voz baja mirando a la acera, y cuando me doy cuenta de que él me ha escuchado, siento que me ruborizo.

Yo nunca soy tan abierta con la gente, me cuesta un poco decir lo que siento, sobretodo si es algo profundo. Pero con no se me hace tan complicado, es más, lo hago inconscientemente, porque realmente no sabía que quería decir lo que dije.

Cuando levanto mi mirada, luce un poco sorprendido, pero no es para tanto tampoco, de más puede burlarse de mí en un rato.

- Tengo todo el tiempo del mundo para ti cada vez que quieras -se relame los labios y luego sonríe- Pero no quería presionarte, siento que no es lo tuyo -me mira fijamente de pies a cabeza, como analizándome, y me hace sentir un poco nerviosa. Entonces detiene su mirada en mi pecho- ¿Quién te dio eso?

Me miro a mí misma. El amuleto en forma de botella, relleno con pequeñas piedras brillantes de color azul con plateado y un rollo de papel con algo escrito, está decorando mi persona. Cristal me lo regaló un día en que me dijo que marcaría nuestra amistad. Ella lo había visto en una tienda que era poco frecuentada, y cuando la vio pensó de inmediato en mí.

Siempre me ha parecido bonito. Es como de esas botellas de deseos que la gente tira al mar, para que flote hacia lo desconocido. Jamás lo conté, pero ella y yo nos conocimos por internet un tiempo cuando ambas leíamos online. Fue una verdadera casualidad de la vida que nos encontráramos. Compró el amuleto incluso antes de verme saber que vivíamos en la misma ciudad. Nuestra relación no se basaba tanto en conversaciones como "¿Cómo estás? Yo estoy bien, ¿Y tú?", "¿Cuántos años tienes, y tu cumpleaños cuando es?", "¿Tienes hermanos, eres hija única?". Podría decir que esas preguntas nos las hicimos más tarde de lo debido. Siempre nos adentramos en cosas más profundas, y de alguna manera más importantes.

- Es un regalo de tu hermana -confieso sonriendo como nunca, feliz porque me lo haya preguntado.
- ¿En serio? ¡Pero si ella nunca tiene ni un peso! -exclama con aire divertido- Pero bueno, tengo que irme. Ha sido un placer.

Se acerca a mí, me abraza, y me besa la mejilla. Luego besa mi frente, cosa que enternece todo mi interior. Asiente con la cabeza, y luego comienza a alejarse.

Me quedo ahí quieta observándolo como una completa retraída, hasta que ya no lo veo. Un carraspeo de garganta me hace brincar, y cuando me doy cuenta, papá y mamá me miran con diversión.

- ¿Te gusta ese chico? ¡Te tiene completamente flechada! -comenta mamá, abrazando a papá con felicidad- No es para menos, es tan educado, tan ejemplar.
- Déjala, Yovana. El chico no me gusta, pero hija, si no es correspondido no vayas a ponerte mal -aconseja papá. Dios, ¿Qué haré con ellos?
- No me gusta Drew -me limito a decir, y luego me acerco a ellos, hasta que los tres nos metimos a la casa.

♥♥♥

¡Hola! Quiero disculparme por subir un día más tarde de lo previsto, pero lo que pasó es que ayer el cargador del notebook se torció, así que no podía enchufarlo. Intenté enderezarlo de una forma bastante mediocre, y terminé partiendo una parte por la mitad. Me enojé como el demonio, la cosa es que no podía cargarlo, así que pues sin carga no hay notebook y sin notebook no hay capítulo. Y por el celular me iba a costar un mundo poner el texto éste, así que preferí que no. 

La cosa es, que cada vez que no suba será por problemas que tengan que ver con cosas materiales como ésta o el internet, por nada más. ¿Bueno? Así que tengan buen día mañana, las quiero mucho, no olviden dejar +5 comentarios para que suba el viernes. ¡Adiós! Posdata: No he editado el capítulo, estoy con mucho sueño como para hacerlo, así que si hay algún error es por eso.